• 28/marzo/2011 •

Emergencias y desastres: aprendizaje y aceptación psicológica

<b>Claudio Barrales</b><br>Psicólogo, Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Chile.

Claudio Barrales
Psicólogo, Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Chile.

Los últimos acontecimientos mundiales relacionados con emergencias y desastres tales como el terremoto de Nueva Zelanda y el terremoto y posterior tsunami que afectó a Japón traen al presente a los chilenos las vivencias, experiencias, sentimientos, pérdidas y significados de lo vivido en el terremoto y tsunami de 27 de febrero de 2010 (27/F).

En los seres humanos, los recuerdos y emociones de hoy pueden ser vistos desde dos perspectivas, respaldadas por estudios científicos internacionales sobre respuestas psicológicas de las comunidades a situaciones de emergencias y desastres.

Por un lado, hay un conjunto mayoritario de personas que reaccionan y significan las emociones y experiencias psicológicas producto del 27/F como reacciones normales ante un evento anormal como lo fue este cataclismo de la naturaleza. Sus reacciones en esa oportunidad y sus emociones actuales son adaptativas, normales y esperables, son un mecanismo de defensa e integración que les permite aceptar e incorporar en sus vidas esta experiencia como constructiva -de aprendizaje-, con la consecuente capacidad de reaccionar tanto en forma individual como familiar y comunitaria de mejor manera ante un próximo evento de esta magnitud y también como una experiencia de vida que implica un grado de desarrollo y fortaleza personal.

Por lo tanto, los seres humanos somos más fuertes psicológicamente en situaciones de crisis. Finalmente esta reacción emocional positiva desarrolla en las personas una alta capacidad de resiliencia y de afrontamiento ante la adversidad que perdurará en el tiempo. Ejemplos de esta visión en Chile ha sido la autoevacuación que algunas comunidades afectadas del sur efectuaron ante sismos de moderada intensidad y en la respuesta a la oportuna alerta de tsunami que las autoridades informaron, con una respuesta individual, familiar y comunitaria ejemplar en forma calmada y ordenada.

Por otro lado y en menor medida, están las personas fuertemente afectadas psicológicamente por el evento del 27/F que vivían más cercanas al epicentro del sismo y que perdieron familiares o bienes materiales y sus fuentes de trabajo. Estas personas pueden estar presentando cuadros psiquiátricos graves como depresion y estrés postraumático y con alta necesidad de ayuda en salud mental de parte de las autoridades.

Todo esto nos indica que debemos necesariamente aprender de la experiencia, tanto de Chile como del extranjero, acostumbrándonos a la idea de que vivimos en un país sísmico y con constantes embates de las fuerzas naturales; y que debemos estar en constante preparación psicológica para reaccionar adecuadamente ante las emergencias y desastres venideros e inevitables.

Tenemos la gran oportunidad entre la ciudadanía y el Estado de comenzar a educar a la población, para que aprenda a reaccionar emocional y conductualmente en forma adecuada en una emergencia o desastre, a través de la instalación de una cultura de educación en gestión y prevención del riesgo de desastres que involucre a las juntas de vecinos, municipalidades, gobiernos locales, escuelas, universidades, hospitales, consultorios, fuerzas de orden y armadas etc., en acciones educativas como los simulacros, la incorporación de estas temáticas en los planes de estudio y en los lugares de trabajo y establecimiento de protocolos psicológicos desarrollados por las universidades y centros científicos y puestos al servicio del país a través del gobierno.

Claudio Barrales.

Publicado: 28/03/2011

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