• 08/septiembre/2009 •

En el Día Internacional de la Mujer: Una aproximación a la Familia Mapuche desde la Intervención de los Agentes Sociales

<b>Alejandra Santana López</b><br>Docente Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

Alejandra Santana López
Docente Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

El domingo 5 de Septiembre se conmemoró el Día Internación de la Mujer Indígena, fecha acordada en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América Latina en Tihuanacu, Bolivia el año 1983. Esta fecha recuerda la muerte de Bartolina Sisa, mujer quechua que es dramáticamente descuartizada por las fuerzas realistas durante la rebelión anticolonial en el Alto Perú, fue reconocida ampliamente por su valentía, distinguiéndose entre las mujeres indígenas de su época.

Esta fecha me recordó un trabajo realizado con Lilian Sanhueza, Trabajadora Social experta en temas interculturales en la Universidad Católica de Temuco, donde reflexionábamos sobre las “Familias Mapuches”, el rol de la mujer en ella, sus dinámicas, la relación con el entorno y con el mundo no – mapuche desde su propia cosmovisión. Si bien, este trabajo generó significativos frutos, hoy me centraré a una idea muy sencilla: el reconocimiento de lo cultural como una fuerza (un recurso) de las mujeres mapuches, puesto al servicio de sus familias, sus comunidades y su tradición y cómo éste es incorporado por los Agentes Sociales que trabajan desde los aparatajes institucionales en Chile.

Los Agentes Sociales (profesores, médicos, trabajadores sociales, enfermeras, entre otros) que trabajan en servicios ligados al resguardo de derechos básicos y/o prestaciones de servicios sociales en su amplio espectro, al abordar a las mujeres mapuches y/o a sus familias, lo hacen desde sus propios referentes culturales. Si bien, hay algunas experiencias nacionales que han logrado incorporar un enfoque intercultural, la mayoría sigue actuando desde el polo hegemónico de su cultura.

El aproximarse a la perspectiva intercultural ofrece a quienes se desempeñan en lo social, un abanico de posibilidades e instancias de encuentro para una integración más honesta, en y con la diferencia. La dimensión intercultural, debiera entenderse como el diálogo entre dos culturas, que se encuentran en una relación simétrica.

Cuando nos referimos a la relación entre el Estado chileno y las familias mapuches, por ejemplo, es insoslayable reconocer que históricamente ha presentado fuertes elementos de asimetría, basados en la dominación y/o la integración forzada, desconociendo los elementos distintivos propios de la identidad cultural de las familias mapuches.

Así, como una forma de rescatar la cultura en el contexto de la integración a la sociedad global, surge la noción de identidad cultural. Cada familia tiene un repertorio de narraciones que hablan de la historia familiar, la identidad, los mitos, los ritos y, en definitiva, aquellos dispositivos que le permiten diferenciarse de su entorno. Éstos corresponden a la estructura de la familia como sistema complejo, y son los que le facilitan construir un relato de sí misma, a partir del cual relacionarse con su entorno.

Desde las intervenciones sociales es posible “invisibilizar” los elementos identitarios, por ejemplo, en familias que habitan en sectores rurales o que han migrado a la ciudad sólo en la última generación, manteniendo fuertes vínculos con la vida rural, es posible constatar que muchos de los actuales padres, presentan historias de vida muy distintas a las que actualmente la CIDN pretende instaurar para los niños y niñas. Muchos de ellos enyugaban bueyes a los 7 u 8 años y las madres ya sabían hacer pan a esa edad, lo cual les abastecía de un fuerte sentimiento de reconocimiento y estima en la familia extensa y la comunidad, este elemento debe considerarse al pensar enfrentar el trabajo infantil rural o el fortalecimiento de habilidades parentales en la ruralidad.

De esta forma, vemos que la apuesta para los profesionales es ambiciosa, considerar activamente la dimensión cultural, y particularmente lo intercultural en el trabajo con familias, donde puede significar abordarlo desde su valía como “fuerza”, desde el reconocimiento de una serie de competencias familiares asociadas a ello, hasta la identificación de factores protectores desplegados para las familias y sus entornos, entre otras posibilidades.

Nos desafía a la revisión de nuestras capacidades de incorporar la mirada intercultural de manera integradora; a desarrollar habilidades y competencias profesionales y de equipo que soporten esta tarea; en definitiva, a ser interlocutores válidos en la relación intercultural, facilitadores a la hora de descubrir los recursos familiares, activando y articulando adecuadamente la red de apoyo social de sus entornos.

Alejandra Santana López.

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