• 03/agosto/2009 •

Energía y Medio Ambiente: una ecuación difícil para el mundo

<b>Fernando Estenssoro</b><br>Dr. en Estudios Americanos Instituto de Estudios Avanzados-USACH.

Fernando Estenssoro
Dr. en Estudios Americanos Instituto de Estudios Avanzados-USACH.

Un tema de gran proyección en el debate político global y en las relaciones de poder que se están conjugando y que se conjugarán en el presente siglo es, la interacción entre la problemática energética y la problemática ambiental. Ambos están íntimamente imbricados y no se pueden entender uno sin el otro. Por ejemplo, si buscamos una relación entre la creciente polémica mundial en torno al cambio climático que se viene dando desde mediados de los años noventa en adelante y los dos conflictos del Golfo Pérsico (1991 y 2003), veremos que ambos son parte de una compleja ecuación entre Energía y Medio Ambiente, cuya evolución será determinante para el devenir del orden internacional en el presente siglo. Al respecto un par de clivajes en torno a los cuales se estructura esta complejidad:

1. La Crisis Ambiental y la variable del cambio climático.

Si hay un tema que ha capturado con fuerza el imaginario colectivo de la sociedad es el referido al del Medio Ambiente, tanto a escala local como planetaria. Este tema esta íntimamente ligado a la conformación y aceptación del concepto de crisis ambiental, y que expresa el paradójico fenómeno donde el propio crecimiento económico, junto al elevado nivel de desarrollo y estándar de vida alcanzado por la Civilización Industrial, donde los países del Primer Mundo son sus ejemplos arquetípicos, ha creado problemas de carácter ecológico y ambientales de tan enorme magnitud (la contaminación, la pérdida de la biodiversidad, el calentamiento global o cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la destrucción de la capa de ozono, y la llamada explosión demográfica), que por primera vez en la historia, la continuidad de la vida del ser humano en el planeta, así como el proceso de la vida del planeta mismo están en riesgo.

Desde mediados de la última década del siglo XX, viene cobrando gran relevancia el tema del cambio climático, o aumento acelerado de la temperatura promedio del planeta que ocurre por consecuencias antropogénicas, particularmente por la actividad industrial. Este fenómeno de aumento no natural del la temperatura promedio del planeta, es producido por la acelerada concentración de los llamados gases invernadero (dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno, entre otros). Este aumento de la concentración, sobre todo del CO2, en la atmósfera tendría su génesis en los inicios de la Revolución Industrial, pero el problema se viene acelerando desde fines del siglo XIX y durante todo el siglo XX, particularmente, tras el término de la Segunda Guerra Mundial. Al respecto, dos consideraciones:

a) Por una parte, el creciente aumento del estándar de vida de las primeras sociedades industriales, así como del poder político que alcanzaron en el concierto internacional proyectó a la industrialización como el modelo predominante. Por ejemplo, la URRS, inició un proceso de industrialización acelerada con Stalin, y en la segunda mitad del siglo XX, la industrialización acelerada del llamado Tercer Mundo se transformó en una aspiración principal (un buen ejemplo, entre otros, fue la teoría del take off).

b) Por otra parte, los avances científico-técnicos que se comienzan a producir a partir de 1870 en adelante (industria química, energía eléctrica, acero, motor a combustión, otros), y que generó el fenómeno conocido como la “segunda Revolución Industrial” (1870-1914), se caracterizó por la diversificación creciente de las fuentes energéticas, donde si bien el carbón será dominante, a partir de 1890 comenzará el acelerado proceso de incorporación de los hidrocarburos, especialmente el petróleo. Así, tras el término de la Segunda Guerra Mundial, el petróleo sustentó el espectacular crecimiento económico-industrial del Primer Mundo. En síntesis, la industrialización del mundo se ha efectuado de la mano de los combustibles fósiles, grandes emisores de CO2 a la atmósfera al momento de quemarse.

2. Un mundo cuya generación de energía depende de los hidrocarburos.

En la actualidad, particularmente el petróleo y sus derivados, sostienen una economía mundial que aumenta ininterrumpidamente su demanda de energía, tras la búsqueda de un creciente estándar de vida de una población también en aumento, al punto que no pocos autores señalan que vivimos en una Civilización del Petróleo. Sin embargo, éste no se distribuye de de manera homogénea en el planeta.

Hoy en día, los diez mayores consumidores de petróleo concentran sobre el 62% de las importaciones del crudo mundial (EE.UU., Japón, Corea del Sur, China, India, Alemania, Francia, Italia, España Holanda), y poseen menos del 5% de las reservas del mismo. Por otra parte, los diez mayores exportadores mundiales de hidrocarburos, realizan el 70% de las ventas, y ocho de ellos se localizan en las cuatro grandes zonas productoras del globo: Medio Oriente, África (Nigeria, Argelia), ex URSS y América Latina (Venezuela); mientras que los otros dos, Noruega y México, pertenecen también a las zonas consumidoras. Con respecto del gas natural, los diez mayores exportadores realizan el 75% de las ventas mundiales, y cinco de ellos se ubican en Rusia, Argelia, Turkmenistán, Qatar y Kazajstán, mientras que los otros cinco pertenecen a zonas que son grandes consumidoras: Canadá, Noruega, Holanda, Indonesia y Malasia (respecto del gas natural, ocurre un fenómeno relativamente similar).

A esta situación, se suma la discusión respecto de sí esta fuente se está agotando o no. Por otra parte, estas grandes economías consumidoras de hidrocarburos consideran que las principales regiones productoras son “políticamente inestables”, por lo tanto su abastecimiento se puede “interrumpir” en cualquier momento. Discusión que se traduce en que estos grandes consumidores, comiencen a reconsiderar el tema de su “seguridad energética” dada su extrema dependencia de los hidrocarburos. Y si bien el carbón existe en abundancia y es relativamente barato, dado que es el más contaminante de todos combustibles fósiles respecto de la emisión de CO2, su uso es visto como inaceptable frente al fenómeno del cambio climático.

De esta forma, escasez de hidrocarburos, inseguridad en su abastecimiento, alza de precios, aumento sostenido de la demanda energética mundial, y aceleramiento del cambio climático, son las variables que hace en extremo compleja la ecuación Energía y Medio Ambiente.

La solución de esta ecuación, vital para la vida humana, explica la cada vez más frenética búsqueda de fuentes energéticas alternativas a las fuentes fósiles. Sin embargo, su reemplazo no es fácil. La energía hidráulica, no se reparte de manera uniforme por el territorio, las nuevas energías renovables no convencionales tienen desarrollos incipientes y poco competitivos comercialmente, además algunas de ellas, como los biocombustibles, enfrentan voces señalando que generarían un problema peor del que buscan solucionar (deforestación para cultivos afines, menos tierras disponible para producción de alimentos, mayor consumo de agua, etc.). Por su parte la energía nuclear, que algunos consideran como la única alternativa realista para reemplazar a los combustibles fósiles (entre ellos el biólogo James Lovelock, baluarte del ecologismo primer mundista y padre de la teoría de Gaia), también enfrenta serias criticas tanto por las consecuencias de un posible accidente, como el ocurrido en Chernobil (1986), así como por sus residuos radioactivos.

La ecuación Energía – Medio Ambiente, es crecientemente compleja y a su vez determinante. Cómo enfrentará este tema América Latina y Chile. Cómo se conjugan estas distintas variables de la ecuación y qué escenarios se proyectan en el futuro inmediato. Como bien se ha señalado en distintos foros especializados, sin energía no habrá sociedad del conocimiento y menos aún, desarrollo sustentable.

Fernando Estenssoro

[1] Basado en Palazuelos, Enrique (director); El petróleo y el gas en la geoestrategia mundial. Madrid, Akal, 2008.

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