• 03/enero/2010 •

Escalona: el jifero de la izquierda

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Transformado en el factótum político de Michelle Bachelet -Andrés Velasco es el escudero en materia económica-, el hombre fuerte del sector denominado nueva izquierda y actual presidente del Partido Socialista se ha convertido en el rostro menos afable y el resumidero de todas las críticas que desembocan en el oficialismo por los vicios que se cometen en el pacto de gobierno.

Ha sido el encargado del trabajo sucio, de la pega dura, de la transaca, de la negociación entre cuatro paredes; es la encarnación del nepotismo, el cuoteo y la maquinaria: un verdadero macuco.

La mirada adusta, el trato parco y el hablar golpeado son características que han definido el perfil público de este añoso dirigente, en quien se han posado las miradas más acidas de quienes quieren pasar cuentas por el maltrecho estado en que se encuentra actualmente la Concertación, ad portas de perder el poder y con un cisma interno sin precedentes.

Primero fue conminado a dejar la presidencia del PS por Marco Enríquez tras conocerse los resultados del 13 de diciembre y hace unos días presionado por los ahora ex timoneles del PRSD y el PPD, que tras sus respectivas renuncias buscaban el descabezamiento en las otras dos colectividades del arcoíris. No obstante, no contaban con que Escalona, a estas alturas de su carrera, se convirtiera en un personaje incombustible en la escena política nacional, que ha sobrevivido a múltiples motines y ruidos de sables que se han perpetuado en su contra para sacarlo de la primera línea.

Esta vez, cuando la pista se estaba colocando realmente dura, logró que la propia presidenta Michel Bachelet saliera en su defensa argumentando que le debía una infinita gratitud, lo que en cierta medida logró frenar la movida para que capitulara como mandamás de la colectividad, al menos hasta después del balotaje, y la razón fue clara: la alta aprobación ciudadana con que actualmente cuenta la mandataria (cercana al 80%) se debe en grandes cuotas al rol que ha jugado el senador durante su gobierno, constituyéndose en un verdadero chaleco antibalas, que ha impedido -en desmedro de su propia popularidad- que las crisis desatadas en el primer bienio de la administración bacheletista afectaran la imagen de la doctora. Eso para ella ha sido impagable.

La negativa de Escalona a renunciar y declarar ”que apoyará al presidenciable hasta el final” es un verdadero proceso de inmolación por parte de éste, ya que una eventual derrota de Frei en segunda vuelta provocará que todas las responsabilidades recaigan en su persona. En esta pasada se juega gran parte de su capital, ya que de triunfar Piñera, dejará de funcionar todo el entramado de influencias que tiene inserto en el aparato del Estado y que le ha permitido controlar los hilos del poder, viéndose obligado a rearticularse al interior del partido, donde las nuevas generaciones ya prometen terminar con su reinado.

En términos populares, el brazo derecho de la presidenta ha decidido morir con las botas puestas, lo que en primera instancia aparece como un acto de arrojo y valentía, pero cuyo trasfondo busca dar una profunda señal interna de que no está dispuesto a perder el importante sitial que tanto esfuerzo le ha significado en los últimos lustros. Por el contrario, si es el candidato DC quien logra llegar por segunda vez a La Moneda, el gran triunfador de esa hazaña será Escalona, quien acrecentará el estatus con que goza actualmente.

Este viejo y astuto zorro vio en la jugada de Gómez y Auth una rearticulación del pacto PPD-PRSD que se dio en las municipales de 2008 y por eso logró advertir a Latorre que no siguiera el mismo camino, para así desarticular la operación política de ambos personeros, pero que paralelamente generará altos costos para la campaña del presidenciable oficialista, toda vez que el foco mediático en las semanas de campaña que quedan continuará en la pugna desatada al interior de las cúpulas concertacionistas, ante la inminente caída del pequeño imperio que han construido durante dos décadas.

Tras Escalona se proyecta una verdadera y añeja cultura de hacer política en Chile cuyo formato parece estar llegando a su fin, ya que la ciudadanía ha comenzado a repudiar con fuerza ese tipo de prácticas, lo que se ha esparcido como reguero de pólvora entre las nuevas generaciones, que ven en esta coyuntura, “la oportunidad” para asestarle el tiro de gracia a este verdadero ícono del socialismo postdictadura.

Al parecer el jifero será faenado en su propio matadero!!!

Carlos Cuadrado S.

Publicado: 04/01/2010

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