• 20/julio/2009 •

Esposas en campaña: por su propio mérito

<b>María de los Angeles Fernández</b><br>Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

María de los Angeles Fernández
Directora Ejecutiva Fundación Chile 21

El avance de la presencia femenina en áreas insospechadas de la esfera pública es cada vez más creciente. No podía quedar al margen el mundo de las campañas políticas. Cada vez más, vemos cómo las mujeres emprenden la competencia por un cargo de representación popular, tratando de ganarse los votos a pulso. Bien sabemos que la actividad política no deja de ser cuesta arriba por las dificultades que entraña para las mujeres ya que sus códigos culturales y sus exigencias en tiempo, contactos y dinero han sido moldeadas en función de la experiencia masculina.

Estamos más acostumbrados a ver a los hombres compitiendo, muchas veces del brazo de su compañera. En ciertos contextos, no deja de ser un plus mostrar una feliz foto de familia, por los votos que reporta. Sin embargo, no estábamos acostumbrados al hiperactivismo de la actual campaña presidencial que ha venido poniendo sobre el tapete las declaraciones y las acciones de las esposas, bien de un expresidente de Chile, bien de un timonel de un partido y, por cierto, de los candidatos presidenciales con más posibilidades. Sin embargo, la pregunta es otra: ¿podría haber sido distinto luego de tener una mujer Presidenta y un gabinete con alta visibilidad femenina que, con sus altos y bajos, está terminando con paridad de género, mal que les pese a algunos?

En distintos planos, sus dichos y las réplicas recibidas, han merecido polémica. Nos referimos a Luisa Durán, Ximena Tricallota y Karen Dogenweiller. Ya antes, Marta Larraechea, esposa del senador Frei y que se caracteriza por su desenfado y espontaneidad, había dado qué hablar por sus comentarios acerca de un indulto concedido durante el gobierno de su marido. Cecilia Morel no se quedó atrás al revelar cómo están enfrentando en su hogar la crisis y las restricciones en el consumo familiar.

El episodio más reciente involucró a Dogenweiller ya que el comando de Frei la acusó de que su rol, como figura pública de TVN, le otorgaba ventaja en la carrera presidenciald e su esposo, Marco Enríquez-Ominami. Por otra parte, ¿cómo olvidar las preocupantes fotos de la esposa del presidente del PS actuando, cual líder de las barras bravas, en el hostigamiento al senador Ominami en los tensos momentos previos a la renuncia de éste al PS? Resulta, además, sintomático que todas estas incursiones, y el debate público que se ha generado en Chile por su papel en la contienda electoral, coincida con la publicación, en el diario El País, de un sugerente reportaje titulado “La influencia prohibida de las primeras damas”. En él, se hace una revisión del desempeño de esposas de primeros mandatarios contemporáneos pero también de los esposos de las todavía mujeres que han accedido a la presidencia, como son los casos de Cristina Fernández de Kirchner y de Angela Merkel. El artículo concluye constatando los esfuerzos que realizan las y los consortes para expresar sus individualidades, a pesar de los mandatos de la tradición y el protocolo.

Lo cierto es que el protagonismo que han venido cobrando las esposas de los políticos, más aún cuando son candidatos, es hoy día algo que no puede explicarse solamente por la personalidad especial de alguna de ellas, en clave de casuística, o por el oportunismo propio de una campaña electoral, en la que vale recurrir a todo para conseguir votos. También depende del contexto. En este marco, es importante observar la cultura política existente y la visión que, en una determinada sociedad, se tenga de las mujeres y de sus roles.

Un patrón general suele mostrar a esta mujeres trasladando el poder de género en términos de custodia del hogar, pero traducido en la defensa y guardia de su compañero ante los ataques, reales o potenciales. En este plano, Marta Larraechea viene resultando campeona. Como fuere, el protagonismo de estas mujeres es inédito y es síntoma del tránsito hacia otros modelos y, por cierto, a la cada vez mayor presencia de las mujeres en la arena política, aunque jugando papeles diversos.

Sus actuaciones también sirven para analizar la coexistencia de la femineidad y del poder político, aunque en ámbitos distintos al poder formal. Existe el riesgo de que, con sus acciones, tiendan a reforzar las ideas sociales más persistentes acerca del género. Sin embargo, si se hace justicia, debemos recordar que el rol de primera dama, durante el gobierno de Lagos y depositado en los hombros de Luisa Durán, experimentó un punto de inflexión al despersonalizar y avanzar en la profesionalización de las tareas adscritas al rol de Primera Dama, las que ahora descansan en una institucionalidad que funciona, independientemente de quien ejerza

la Presidencia, sea hombre o mujer.

Por otra parte, resulta curiosa tanta batahola con relación a la incursión de estas mujeres y que nadie pegue el grito en el cielo porque los candidatos presidenciales, hasta el momento, poco o nada han planteado con relación a la esperada agenda de género que debiera suceder a la que la Presidenta Bachelet ha desplegado. Las mujeres de todo el país están esperando, muchas ya con cierta impaciencia, un pronunciamiento macizo e integral al respecto que abarque todas las dimensiones de la vida femenina, más allá de anuncios aislados y puntuales respecto a la estructura del postnatal o el tema del aborto terapéutico. Siendo las mujeres un poco más de la mitad de la población, esta aspiración debiera ser considerada.

Puesto que esta campaña recién está en su “take off”, no faltarán episodios que contribuyan a desarrollar aún más este análisis.

María de los Angeles Fernández

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