• 03/diciembre/2009 •

Estado chico, Chile grande

<b>Felipe De Larraechea M.</b><br>Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Felipe De Larraechea M.
Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Más Estado, más Estado, más Estado, pregona cada vez con menos convicción el candidato oficialista. Me pregunto, ¿querrá uno como el de Cuba, Corea del Norte, Libia o alguno de la línea de gobernantes narcisista-leninista que tan de moda se han puesto en nuestra región?

Al menos yo no conozco experiencia gubernamental alguna donde la intervención estatal haya sido la piedra angular del desarrollo económico y social de un pueblo. Es más, sobran ejemplos que evidencian todo lo contrario: pueblos sumidos en la peor de las miserias e inundados de corrupción.

Sigamos.

Que 20 años no es nada reza el famoso tango, pero que me perdonen, dos décadas es demasiado tiempo viviendo a costa de nuestra institucionalidad. No nos puede sorprender entonces que constantemente descendamos en los rankings de competitividad, que nuestra evaluación sea al menos deficiente entre los países que más burocracia o “tramitología” exigen a inversionistas locales y extranjeros, que el emprendimiento también disminuya o que veamos situaciones donde funcionarios públicos (Cancillería y residentes en Mendoza, por ejemplo) hacen uso del aparato estatal con objetivos de campaña.

No quiero restar méritos, sin embargo, a países donde la aplicación del llamado Estado de bienestar (Noruega, Finlandia, Suecia o Dinamarca, por citar algunos casos) ha sido una experiencia positiva en términos de administración de modelos orientados a mejorar los sistemas de salud, educación y seguridad, por ejemplo. Me refiero al suministro por mecanismos solidarios donde el Estado administra o vigila con autoridad.

Pero estos pueblos representan excepciones cuyo modelo no es menester de este espacio. Además, basta con repasar lo acontecido hace poco en Alemania cuando, en plena crisis económica y donde la opinión pública – léase la izquierda – pisoteaba con taco aguja a cuanto capitalista se asomase por ahí, el pueblo germano optó por una promesa de campaña que acababa con una invención propia: la reducción de su manoseado Estado de bienestar.

Pero nuestra realidad es otra.

Chile tiene una despreciable historia de corrupción, donde muchos han forjado un estilo de vida amparado por el paraguas estatal durante los últimos 20 años y, curiosamente, todo coincide precisamente en los años donde más gasto público ha habido.

¿Es lógico pensar en un Estado de mayor envergadura si ni siquiera son capaces de gobernar adecuadamente el que actualmente hay?

No obstante, y pese a considerar esencialmente que todo esto se trata de oscura politik, como electorado y sociedad debemos plantearnos cuánto es lo que debemos hacer o poner de nuestra parte, cuánto de nuestro esfuerzo y trabajo debemos colocar, y dejar de creer que un Estado proteccionista-paternalista es la solución a nuestras carencias. En el fondo, se trata de trabajar mucho y duro.

Y esto, es algo que a los pueblos de por estas latitudes nos cuesta mucho entender.

Felipe De Larraechea M.

Publicado: 03/12/2009

Relacionados: