• 19/octubre/2009 •

Estándares de progreso social y afectivo en la educación inicial

<b>Verónica Romo</b><br>Directora de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Central. Educadora de Párvulos y Profesora de Música. Vicepresidenta en Chile de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). Integrante de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

Verónica Romo
Directora de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Central. Educadora de Párvulos y Profesora de Música. Vicepresidenta en Chile de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). Integrante de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

Con el establecimiento oficial por parte del Mineduc, de los Mapas de Progreso referidos al desarrollo social y afectivo para niños de 0 a 6 años, se generan algunos riesgos que pueden ser altamente dañinos para los párvulos y sus familias.

Los Mapas de Progreso, así como las mediciones que de ellos podrían generarse, parecen insertarse en la búsqueda de una prueba de tipo psicométrica sustentada en normalidades, que conducen al grave riesgo del “etiquetamiento” fácil y sin el necesario rigor científico que respeta la variedad y la diversidad.

Este “etiquetamiento” podría, como ocurre con el SIMCE, aplicarse a los centros educativos infantiles, a sus educadoras e incluso a los niños, conduciéndonos por el ya iniciado y oscuro camino de la discriminación de los párvulos diferentes (con ritmos más lentos o estilos diversos).

El establecer un cierto logro a una cierta edad, por muy flexible que éste sea, genera riesgos, tanto de falta de desafíos para algunos niños, como de exigencias que para un determinado párvulo pueden ser excesivas, no por falta de capacidades sino de intereses, de tipo de inteligencia o de contexto cultural.

El establecimiento de lineamientos únicos para el camino que ha de seguir el desarrollo de los niños chilenos, es un desconocimiento de la rica, valiosa y válida diversidad de nuestro país pluricultural.

Si se desean establecer lineamientos para el país, estos deben ser muy generales y con alcances frecuentes a otros caminos posibles, que los párvulos podrían seguir de acuerdo a sus características personales y a las culturas en las que están insertos. Todos los caminos dirigidos a potenciar el desarrollo de los niños, son valiosos y válidos, en tanto no causen daño al párvulo, en términos de su autonomía, integración sana y felicidad, ni a otros, ni a la naturaleza.

La edumetría cuantitativa y cualitativa combinadas, parece ser la forma más apropiada de recoger con exactitud y respeto lo que ocurre con cada niño y niña: sus intereses, estilos, tipo de inteligencia, formas de aprender, contextos culturales y sus necesidades, entre tantas otras consideraciones que se deben tener en cuenta en un fenómeno de tan alta complejidad, como es el de conducir a nuestros párvulos, mediante experiencias ricas de aprendizaje, hacia un desarrollo pleno.

En la edumetría es posible considerar lo que el educador estima adecuado, dado el contexto cultural y los aprendizajes previos de los estudiantes, entendiendo que hay logros más universales y otros más particulares.

Mi postura no es la de negar la posibilidad de contar con algunos lineamientos generales que permitan identificar posibles riesgos en el aprendizaje y desarrollo de nuestros párvulos, sino hacer patente la necesidad de definir claramente que el marco en que estos lineamientos deben funcionar debe basarse en la flexibilidad, y diversidad que corresponde a procesos de esta índole, lo que no queda claro en lo expresado por el Ministerio de Educación respecto a estos Mapas de Progreso para la educación inicial.

Verónica Romo.

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