• 29/mayo/2015 •

Estudiantes agredidos, una lamentable casualidad o represión

<b>Sergio Baeza Cabello</b><br>Profesor de Historia y Geografía Licenciado en Historia Diplomado en Gobierno y Gestión Pública Egresado de Magíster en Historia y Ciencias Sociales Como educador, ciudadano, humanista y demócrata, estoy comprometido con la construcción de una sociedad democrática, inclusiva, justa y libertaria.

Sergio Baeza Cabello
Profesor de Historia y Geografía Licenciado en Historia Diplomado en Gobierno y Gestión Pública Egresado de Magíster en Historia y Ciencias Sociales Como educador, ciudadano, humanista y demócrata, estoy comprometido con la construcción de una sociedad democrática, inclusiva, justa y libertaria.

Una postal de la década de los años ochenta: los estudiantes marchando por las avenidas principales de las ciudades chilenas exigiendo el término de la dictadura cívico-militar, el epílogo de todas estas expresiones populares era la brutal represión de las fuerzas policiales.

Tres décadas más tarde, los estudiantes retoman, la sana y legítima tradición, de expresarse en las calles, manifestaciones que irrumpieron en el otoño del año 2006 y que han ido cobrando enorme relevancia desde el año 2011 hasta el presente, donde vuelven a las calles para exigir: educación de calidad, gratuita y para todos, y la exigencia de participación de los mismos estudiantes al realizar las reformas del caso.

Marchas que por estos últimos días se han vuelto a teñir de sangre y de una tendencia a la represión excesiva de parte de la fuerza policial, se supone que deben cumplir un rol disuasivo, pero lo que hemos visto en las últimas semanas ha sido una vuelta y retroceso a las políticas represivas violentas de las fuerzas policiales bajo la dictadura.

En efecto, el asesinato de los dos estudiantes en Valparaíso a manos de un joven violento, fue una expresión de intolerancia, de violencia irracional, y al mismo tiempo de menosprecio de la vida del otro. Es cierto que fue un hecho aislado y producto de un particular, pero queda impregnada la sensación de abuso y la fragilidad de la seguridad de los asistentes a una marcha. ¿O acaso la fuerza policial no debería proteger a los asistentes a una movilización callejera? Porque esa protección, que sí está presente en los eventos deportivos y recreativos, está ausente en las marchas estudiantiles, ya que las fuerzas policiales están más enfocadas en resguardar la propiedad privada.

Una semana más tarde, al término de la movilización estudiantil en Valparaíso el día 21 de mayo, las fuerzas policiales reprimieron con inusitada violencia a los estudiantes, el carro lanza aguas (eufemismo), gases lacrimógenos, detenciones de manifestantes y el uso de sus lumas y escudos para golpear y empujar a los estudiantes. El resultado, dos jóvenes con golpes en sus cabezas, una ya recuperada y el otro aún con riesgo vital.

¿Por qué la fuerza desmedida y la agresividad con los estudiantes?, acaso obedece a un efecto por el cambio político ministerial, o las fuerzas especiales uniformadas se salieron de contexto, o existe una premeditada intencionalidad de amedrentar a los estudiantes.

Como sea, el corolario en este mes no es nada bueno, dos jóvenes fallecidos, un joven grave y una joven golpeada ya recuperada, decenas de estudiantes detenidos. Por otro lado, el movimiento estudiantil reafirma sus demandas y a la vez radicalizará sus acciones ante la sensación de represión de la fuerza pública.

El gobierno debe cautelar que las movilizaciones estudiantiles no sean objeto de políticas de represión, pues el resultado será un escenario de mayor complejidad social y política. Ahora, si el gobierno llegara a pensar que reprimiendo puede aplacar las demandas sociales en el tema de la educación, claramente equivoca el camino, eso sería un verdadero boomerang para el gobierno y a la vez el hecho se convertiría en la lápida de un gobierno que está agónico.

 

Sergio Baeza Cabello

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