• 27/agosto/2010 •

Estudiantes y celulares

<b>Ricardo Sobarzo Zambrano</b><br>Director de Proyectos y Responsabilidad Social Universidad San Sebastián.

Ricardo Sobarzo Zambrano
Director de Proyectos y Responsabilidad Social Universidad San Sebastián.

Según el último estudio (2004-2008) del Índice de Generación Digital de nuestro país, el 75,7% de nuestros jóvenes entre quinto básico y cuarto medio de las principales centros urbanos de nuestro país y de todos los grupos socioeconómicos, considera como importante y absolutamente esencial contar con un teléfono celular, lo que nos habla de un “gadget” que puede ser considerado hoy en día como el “primer computador”, dadas sus múltiples funciones y posibilidades de comunicación.

En cuanto a la edad promedio a la que los niños acceden al primer celular, el estudio revela que en torno a los 11 años, es decir, alumnos entre 5°y 6° básico, ya cuentan con el suyo.

Sin duda que el celular está en medio de las salas de clases y para muchos profesores se ha transformado en un problema que, al menos, ha generado discusión con sus estudiantes y que casi siempre ha terminado en su retiro o retención.

Esto es querer tapar el sol con un dedo. Restringir el uso de las tecnologías a jóvenes que nacieron en medio de ellas es negar una posibilidad de desarrollo y alfabetización digital de personas que hoy están siendo educadas.

Los elementos tecnológicos son parte de la vida de los niños y jóvenes de hoy, son transparentes para ellos y no son “nuevas” tecnologías. Estos estudiantes superan ampliamente en conocimientos tecnológicos a la gran mayoría de sus profesores, sobre todo en lo que a celulares se refiere. Por tanto, sería un gran error si aquellos que educamos nos transformamos en “tecnofóbicos” o “tecnofílicos”.

Lo que debemos hacer es considerar estos equipos como una caja de recursos o herramientas educativas disponibles para el profesor en las aulas, casi tan poderosos como otros más “tradicionales”.

El mundo avanza día a día en producciones realizadas con estos recursos (audios, diapositivas, presentaciones y videos cortos, por mencionar algunas). De este modo, en vez del «no» rotundo al uso del celular, más encima sin investigar sus aplicaciones y adaptarlas a contenidos curriculares, debemos capacitarnos en estas tecnologías y en cómo incorporarlas a nuestras prácticas educativas. Así, se podría enseñar a grabar, editar, navegación web, GPS y muchas otras aplicaciones, sin que los colegios deban contar necesariamente con un computador para cada alumno.

Es lamentable que el desconocimiento en Tecnologías de Información y Comunicación esté justificando la prohibición de estos recursos, que utilizados apropiadamente tienen un significativo grado de creatividad, innovación, además de contextualizarse con los parámetros actuales y futuros del siglo XXI.

Ricardo Sobarzo Zambrano.

Publicado: 27/08/2010

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