• 27/septiembre/2009 •

Evaluación Nacional de la Educación Parvularia

<b>Verónica Romo</b><br>Directora de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Central. Educadora de Párvulos y Profesora de Música. Vicepresidenta en Chile de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). Integrante de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

Verónica Romo
Directora de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Central. Educadora de Párvulos y Profesora de Música. Vicepresidenta en Chile de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). Integrante de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

La evaluación en Educación Parvularia ha sido tradicionalmente un proceso integral, absolutamente conectado con el proceso de aprendizaje y parte consustancial de éste.

En este sentido, evaluar a los párvulos no es tarea que pueda reducirse a una simple prueba nacional, sin cuestionarnos sobre el instrumento de evaluación: ¿Será una prueba escrita? ¿Se aplicará el mismo instrumento a todos los niños y niñas de Chile? ¿Se asignarán puntajes? ¿Se aplicará en el mismo momento a todos?

Cuando se menciona la efectividad de la educación parvularia, estamos suponiendo un desarrollo integral del párvulo, sustentado en aprendizajes significativos y conectados con las vidas concretas de cada niño. Y en esta idea de desarrollo, aprendizaje y evaluación, la valoración y respeto a la diversidad es parte fundamental.

Las mediciones cuantitativas y parciales, aisladas de los contextos socioculturales e históricos, llevan al uso de estándares nacionales homogeneizantes en que la verdadera evaluación integral, compleja y postmoderna, no tiene cabida. ¿Caeremos en la misma dinámica perversa del SIMCE? ¿Etiquetaremos y haremos rankings de jardines infantiles? ¿Dejaremos en el olvido los avances que hasta ahora hemos realizado en la Educación Inicial?

Existen referentes que se deben tener en cuenta, secuencias de desarrollo que es posible considerar, algunas edades límite, por ejemplo. Pero no pueden ser estos estándares considerados como mínimos ni máximos. Cada profesional, con su criterio y su ética, considerará estos referentes y tomará las mejores decisiones para su grupo y para cada niño o niña, en forma específica.

Pueden existir propuestas de evaluación de calidad a nivel nacional, pero es necesario recordar que la calidad de la Educación en general y de la Educación Parvularia, en particular, sólo es posible de evaluar (nunca de medir) mediante procesos que contemplen las múltiples variables que se involucran en el complejo proceso de educar.

Procesos como el de observaciones de las estrategias mediadoras y evaluativas de los docentes con sus párvulos, desarrollo de portafolios, muestra de evidencias de trabajos y evaluaciones de los párvulos, entre otros, pueden dar una visión más real de la calidad del trabajo desarrollado y de los aprendizajes y desarrollo integral de los párvulos. En resumen, autoevaluaciones que se contrastan con evaluaciones externas, en tanto contemplen la mayor cantidad de aspectos involucrados en el proceso, pueden ser muy razonables y no sólo racionales.

Y esta construcción debe ser a nivel nacional, con participación de la más variada gama de actores del mundo de la Educación Parvularia. Sólo así no perderemos la esencia de la Educación Inicial: la búsqueda de la potenciación del desarrollo integral de los párvulos sustentados en aprendizajes de carácter lúdico, significativos, mediados por adultos profesionalmente preparados para ello y por tanto para adecuar y evaluar integralmente los avances de cada niño o niña.

Verónica Romo.

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