• 11/julio/2020 •

Exclusión social, más allá de la Desigualdad

<b>Marcelo Sánchez Ahumada</b><br>Gerente general de Fundación San Carlos de Maipo.

Marcelo Sánchez Ahumada
Gerente general de Fundación San Carlos de Maipo.

No es fácil ser Padre o Madre. Menos en medio de una crisis sanitaria y económica. Imagine por un momento estar en estos días con la angustia de perder el empleo, tener la necesidad de generar ingresos aún en la informalidad, ser responsable de adultos mayores que están aislados, saber que el pequeño negocio ya no va más, o que lo que tenía con tanto esfuerzo fue arrebatado por delincuentes una mañana después del toque de queda. Imagine un Padre o una Madre lidiando con enseñar materias a los niños que ni siquiera ellos llegaron a conocer, viviendo en un lugar en que no hay escuela remota o ni siquiera internet, teniendo que convivir con balazos y fuegos artificiales, cuidándose de no hablar fuerte, preocupado de que ninguno de sus hijos salga ni por un momento, no tanto por temor al coronavirus, como por caer víctima de una pelea entre narcos. 

Eso que muchos imaginamos, pero jamás sentimos, es lo que viven millones de compatriotas, día a día. La cuarentena es un límite forzoso que para ellos, que a veces rompen sin alternativa porque temen al hambre y al abandono, recibiendo nuestra condena tras una pantalla, desde donde tele trabajamos o contemplamos el matinal de turno, incapaz de transmitir la historia de exclusión detrás de los rostros que repletan los buses para llegar a trabajar o procurarse un ingreso de subsistencia.

La exclusión golpea con brutalidad y desde la vereda opuesta la mirada asistencialista muta hasta el repudio colectivo por la audacia de salir a la calle a buscar comida o vender en una cola, pareciendo ser esa nuestra la única respuesta. Pero no nos equivoquemos, la exclusión ha estado frente a nosotros desde décadas y sólo la hemos desplazado y concentrado, creando verdaderos guetos sin servicios, donde el Estado no llega, ni tampoco la fértil inversión que copa los centros de consumo, donde la salud es privativa para los que tienen paciencia de una eterna espera y la educación es pobre en recursos, donde las áreas verdes son de cemento pintado por los vecinos y los espacios para compartir se confunden como si fueran canchas de tiro.

Hemos puesto el foco en la desigualdad, pero incluso más allá que ella está la exclusión. En la primera sabemos lo que falta, tenemos una brecha, pero no de aquel que es invisible, al que está arrebatado en un territorio donde no llega el municipio ni nadie, aquel que no aparece ni en el registro social de hogares, el que está sumergido fuera de cualquier estadística y espacio protector. Ellos son los excluidos, los que caen uno a uno en esta pandemia, quizás siquiera sin visitar ni un consultorio, un 30% de las personas que están en la Cárcel jamás recibieron una atención en salud. También los que están en calle, como los más de mil niños que viven a su suerte, muchos de ellos abandonaron el Sename y nadie los buscó, o son los 100 mil niños que año tras año desertan de los colegios, o los 4 mil explotados sexualmente o los 220 mil niños que tienen que trabajar.  

Los excluidos de siempre, niños, padre, abuelos, que enferman y hoy son visibles en la muerte, cuando por primera vez son contados, cuando son parte de un reporte que podemos seguir escuchando tras la indiferencia de un recuento.

Marcelo Sánchez
Gerente general de Fundación San Carlos de Maipo.

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