• 03/noviembre/2009 •

Frei: error tras error

<b>Jacinto Gorosabel</b><br>Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Jacinto Gorosabel
Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Para mal del candidato Eduardo Frei, cuesta bastante poco encontrar ejemplos de gruesos errores cometidos por su campaña en los últimos meses. En esta columna nos referiremos sólo a tres de ellos, empezando por la absurda descalificación de la que fue víctima Gabriel Valdés, pasando por su aún sin explicar indulto a un narcotraficante para terminar en, tal vez, el peor de todos: la intervención electoral

Como una «insolencia y una idiotez» calificó el ex Presidente Aylwin los ataques dirigidos a Gabriel Valdés por parte de algunos parlamentarios de la Concertación. El diputado socialista, Sergio Aguiló llegó a decir que Valdés sufría de «demencia senil».

Pero ¿qué motivó esta virulenta reacción en contra de uno de los fundadores del PDC y de la Concertación?. Simplemente, una opinión política contingente contenida en una breve frase del ex Canciller en referencia a Sebastián Piñera: «no cabe duda de que sería un gran presidente». Esas pocas palabras bastaron para echar por la borda la trayectoria y el prestigio de quien fue, hasta hace unos días, uno de los líderes más importantes de la coalición de gobierno. Parece que nada valieron décadas de entrega y sacrificio al servicio de Chile y del bien común, cuando se comete el «pecado capital» de expresar una opinión contraria a la mayoría del grupo al que se pertenece.

La descalificación a Valdés recuerda la práctica de los regímenes totalitarios que calificaban como dementes a quienes osaban manifestar una opinión contraria a la doctrina oficial.

El execrable hábito de los intolerantes, tanto de derecha como de izquierda, que practican el «bullying político» en contra del que piensa diferente, sólo pone en evidencia la frágil debilidad de las convicciones en cuyo nombre se hostiga al disidente.

A pesar del tiempo que ha transcurrido de campaña, el candidato de la Concertación, aún no ha explicado por qué concedió un indulto a un narcotraficante durante su pasado mandato presidencial. Frei señaló que «pudo haber cometido un error» cuando, siendo Presidente, indultó a un narcotraficante que ingresó 500 kilos de cocaína a nuestro país. Aunque tardío y débil, este reconocimiento representa un avance pues al menos no le echó la culpa a su ministra de Justicia, tal como lo hizo su cónyuge, la ex primera dama, Marta Larraechea.

Sin embargo, resulta insólito que Frei se haya tardado 15 años en darse cuenta que indultar a un narcotraficante fue un error. Y, más aún, que exprese este atisbo de «mea culpa» en términos condicionales: «pude haber...». Lo que muchos chilenos deben preguntarse es ¿por qué lo hizo?, ¿por qué le perdonó 5 años de cárcel a un delincuente condenado por la justicia?. Y, si Frei volviera a ser elegido Presidente, ¿volvería a indultar a un delincuente peligroso?.

Cuando todos los días sabemos de nuevos hechos delictuales y de la creciente agresividad de sus autores y conociendo el precedente mencionado, es legítimo dudar o cuestinarse acerca de la capacidad y real voluntad de combartir la delincuencia de un candidato presidencial que, cuando fue gobernante, no respaldó el criterio de los tribunales de justicia al sancionar un grave delito como lo es el narcotráfico.

Pareciera que la renuncia forzada de dos Intendentes regionales han sido los hechos de intervencionismo electoral notorios de una práctica que comenzó oficialmente hace casi 5 meses, exactamente el 17 de junio, cuando la mitad del gabinete del gobierno asistió al lanzamiento de la candidatura presidencial de Eduardo Frei. La excusa utilizada fue que la asistencia de los ministros a este acto político se realizaba después de su jornada de trabajo. ¿Y si también hubiesen concurrido sacerdotes o militares fuera de su horario laboral, no habrían sido acusados de clericalismo o deliberación, respectivamente?. Los servidores públicos, al igual que los clérigos o los uniformados, lo son durante las 24 horas.

Este presunto desdoblamiento de roles que aducen los secretarios de Estado, en cuya virtud expresan públicamente sus preferencias y militancias puramente como ciudadanos sin afectar su investidura es simplemente imaginario.

Justamente el intervencionismo político tiene lugar cuando un funcionario público favorece una opción partidaria lesionando inevitablemente el fin natural del Estado: el bien común.

Jacinto Gorosabel.

Publicado: 02/11/2009

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