• 06/septiembre/2009 •

“Frei no es un Lagos ni tampoco Bachelet”

<b>Patricio Gajardo</b><br>Académico de la Universidad Central. Cientista Político, Historiador y Magíster en Estudios Internacionales.

Patricio Gajardo
Académico de la Universidad Central. Cientista Político, Historiador y Magíster en Estudios Internacionales.

Luego de las proclamaciones de la candidatura de Frei, por el Partido Socialista, la Democracia Cristiana y el Partido Radical Socialdemócrata teníamos la impresión de estar frente a la conclusión de una etapa cargada de tensiones entre los dirigentes, los partidos y el comando del candidato oficialista. La lógica indicaba que se iba a ir imponiendo el orden necesario para que las estrategias del comando comenzaran a funcionar. Pero en política, lo cierto es que la coherencia es un bien escaso y así se dejó ver incluso en el momento que éste fue proclamado.

Lo inédito es que al mismo tiempo que vitoreaban a Frei, en las distintas colectividades como el próximo Presidente de Chile y sus seguidores aplaudían sus discursos, las fisuras al interior de la Concertación se expresaban con particular fuerza, como si todo fuera una comedia en la que cada uno tuviera un lugar en la representación, un rol en la comedia, pero todos sabían que no era más que eso, un respaldo vacío; sin sentimiento ni convicción.

En el pequeño y desafiante Partido Radical se coreó con fuerza el nombre de su presidente José Antonio Gómez como alternativa para el 2014 y al mismo tiempo que la Juventud extendía un lienzo apoyando a Marco Enríquez, se formalizó el respaldo al senador democratacristiano.

Sería ingenuo considerar que luego de las intensas presiones recibidas por el líder de dicha colectividad en las dirigidas primarias de abril y la última rebelión del radicalismo de hace unas semanas, en la que se amenazó con levantar una candidatura presidencial propia, las tensiones se pudieron haber disipado rápidamente. El problema es que el propio líder radical que lo proclamó, reiteró con franqueza que el candidato tenía que asumir un programa progresista, si esperaba que los miembros de su partido tuvieran un compromiso real con su candidatura.

En la DC, la tensión se palpó en el frente interno, cuando el ex Mandatario señaló “que como se había hecho el acuerdo con el Juntos Podemos, él iba a estar dispuesto a dialogar y abrir las puerta de su casa”. La referencia era para Adolfo Zaldívar, quien fue expulsado por la DC, y a quien siguieron varios diputados.

La iniciativa del presidenciable encontró algunos respaldos en el ex presidente Patricio Aylwin y en Belisario Velasco, los que consideraron que no hay que esperar la segunda vuelta para incorporar a los “colorines”. Incluyendo en este entusiasmo a Ricardo Hormazábal, quien fue en su momento uno de los principales impulsores de la expulsión del senador Zaldívar. Sus expresiones resumen la sensación ambiente o la desesperación que cunde en la DC ya que se atrevió a decir: “que la mayoría de los DC somos católicos y rezamos el Padre Nuestro, por lo tanto creemos en el perdón”.

El problema se encuentra en definir quien sería el que tiene que pedir perdón, porque de prosperar esta iniciativa, está claro que el sector que ha respaldado tradicionalmente a Soledad Alvear, no sólo se opondría sino se exigiría un verdadero “mea culpa” a los disidentes y lo que es peor daría pie a un conflicto, difícil de dimensionar en sus efectos, más aún, si tenemos en cuenta que los lazos personales entre los dos sectores nunca se han recompuesto.

Jaime Mulet sintetizó de manera precisa este sentimiento. Ante la posibilidad de volver a la coalición oficialista señaló: “La Concertación tendría que reinventarse completa – “En ésta no tendrían que estar como protagonistas los Gutemberg Martínez, los Latorres y eso no lo veo posible”.

El sector liderado por Soledad Alvear y que sigue representando una tendencia mayoritaria dentro de la Falange se sintió sorprendido por la actitud de Frei. No olvidemos que el abandono de la campaña presidencial de la senadora y su respaldo al ex Mandatario fue un factor clave para avalar la candidatura del senador. Frente a sus dichos, ella no tardó en indicar que en lo personal creía que la plantilla parlamentaria estaba resuelta, de manera tal “que tenemos nuestros candidatos de la DC y la Concertación”. Sin ambages cerró las puertas abiertas de Frei.

Coronando las tensiones, Guido Girardi desnudó al emperador diciendo francamente lo que pensaba, que su candidato no era Frei, sino Lagos, y que el senador DC, por carácter, no tenía la capacidad de encarnar un proyecto que pudiera renovar al oficialismo. “ (Frei) no es capaz de construir ideas y propuestas de futuro que toquen el corazón que puedan construir épica; no es un Lagos o una Bachelet”. Lo que para algunos fue considerado una puñalada por la espalda, para otros fue una verdad en la que muchos concuerdan pero que no se atreven a expresar: el problema de la campaña es el candidato, no la estrategia electoral, el comando o los dirigentes de los partidos, tampoco el asesor comunicacional. El problema es simple: Frei tuvo su momento y éste, ya pasó.


Patricio Gajardo.

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