• 18/octubre/2009 •

Frei y la extensión del postnatal femenino: ¿Cuáles serían los posibles efectos de esta propuesta?

<b>Mahia Saracostti</b><br>
Directora Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

Mahia Saracostti
Directora Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

Eduardo Frei ha sido el primero de los candidatos presidenciales que ha insertado el postnatal femenino en el debate político, recogiendo el antiguo anhelo de la llamada bancada de médicos de la Concertación que desde hace varios años vienen planteando la necesidad de extender a seis meses el permiso postnatal para las trabajadoras con el fin de fortalecer el apego madre-hijo.

Actualmente, la madre trabajadora tiene derecho a un permiso prenatal de 42 días, un postnatal de 84 días -ambos financiados por el Estado- y licencia por enfermedad grave del hijo menor de un año. Además, tiene derecho a sala cuna con cargo al empleador siempre que la empresa tenga al menos 20 mujeres y en ese caso puede hacer uso de media hora dos veces al día para amamantar a su hijo.

Si bien no cabe duda que los primeros meses de vida de un niño son fundamentales para su desarrollo posterior, una medida como la extensión del posnatal femenino puede tener importantes efectos en un alto costo para el fisco- las estimaciones rondan entre los 70 y los 100 millones dólares de acuerdo a asesores económicos de Frei, en un mayor costo de reemplazo para los empleadores y en mayores dificultades para que las mujeres encuentren un empleo o se muevan entre uno y otro.

A su vez, pueden anticiparse algunos efectos negativos en la ya bajísima participación laboral femenina y en la tasa de empleo femenino, además de que la propuesta de ampliación del posnatal femenino se sustentaría en el supuesto “naturalizado” de que la tarea del cuidado de los bebés recién nacidos y del apego temprano es exclusiva de las madres, excluyendo la posibilidad de extender el posnatal masculino que actualmente se limita a tan sólo 5 días.

1. Efectos del Posnatal Femenino en la Participación Laboral femenina

Existe consenso en lo preocupante de la baja tasa de participación laboral de las mujeres chilenas, que se constituye en la tasa más baja de Latinoamérica. Sesenta por ciento de las chilenas no trabaja remuneradamente. Chile exhibe una de las tasas de participación laboral más bajas del continente. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha recomendado atender la baja participación laboral de las mujeres en Chile.

La forma de exclusión social del trabajo más radical es la que se manifiesta en la no participación involuntaria del mercado del trabajo, reflejando el no formar parte de la fuerza de trabajo o el estar en posición de inactividad laboral. De acuerdo, al estudio » Los (as) jóvenes jefes de hogar: principales características de sus trayectorias laborales, formas de exclusión y estrategias de solución» la inactividad en el mercado del trabajo se relacionaría con una serie de factores, entre los cuales se incluyen los siguientes:

· Puede estar provocada por el desaliento, ante la dificultad de encontrar un empleo, en el caso de aquellas personas que han estado previamente integrados al mercado laboral. Este sería el caso de mujeres embarazadas o en edad fértil que se cansan de buscar un empleo y no encontrarlo y, que si bien desean trabajar, optan por no continuar la búsqueda.

Se relaciona con el género, ya que las mujeres tienen mayores dificultades sociales y culturales para acceder al trabajo remunerado. De acuerdo a la versión de las mujeres jóvenes jefas de hogar entrevistadas en el referido estudio, las mujeres presentan períodos y etapas de su ciclo vital en el cual deciden no participar en el mercado de trabajo. Nos referimos al período fértil o cuando tienen hijos pequeños. Han sido tan excluidas del mercado de trabajo que deciden autoexcluirse.

2. Efectos de la extensión del posnatal femenino en el empleo femenino

La exclusión del empleo se constituye como segunda gran categoría de exclusión, que se manifiesta a través de la tasa de desocupación. Vale decir, refiere a aquellas personas que estando activas en el mercado de trabajo se encuentran sin empleo.

De acuerdo a la versión de los sujetos, existen dificultades para incorporarse al empleo o exclusión del empleo por razones eminentemente de género. En este sentido, se vislumbra fuertemente el que la principal dificultad de las mujeres jóvenes para acceder al empleo se relaciona con la apariencia física, el cuidado de los niños, la incompatibilidad de la jornada laboral con la vida familiar y el rechazo de los empleadores por contratar mujeres jóvenes con hijos o en edad fértil. La extensión del periodo posnatal femenino podría tener efectos negativos insospechados en el empleo femenino.

A lo anterior, se agrega que nadie va a contratar a una mujer como gerenta de finanzas o en un cargo de alta jerarquía, si después de tener su guagua no se va a aparecer por la oficina durante seis meses. Si queremos que las mujeres puedan llegar a cualquier puesto y con remuneraciones igualitarias respecto de los varones, entonces hay que estudiar una fórmula, porque hay muchas en que un postnatal de seis meses puede ser estupendo para ellas, pero para otras sería el fin de su carrera.

La idea por tanto no es poner en duda la importancia del apego temprano sino que estudiar fórmulas de flexibilidad en el reintegro al empleo después del periodo posnatal, acompañada con regulaciones pertinentes, que permita acomodar el permiso maternal a las realidades particulares de cada mujer y su trabajo. En este contexto, traspasar parte del periodo prenatal al posnatal o buscar fórmulas de reintegro paulatino a través de la modalidad part time pueden ser algunas alternativas. A su vez, propuestas que permitan aumentar el posnatal masculino y, por tanto, el apego hijo – padre debiesen ser consideradas seriamente.

La propuesta de extender el posnatal femenina a 6 meses “suena” muy correctamente política, pero cabe preguntarse que sucedería con todas aquellas mujeres en edad fértil que no se encuentren trabajando y que desean y necesiten hacerlo; o con todas aquellas mujeres que estando embarazadas o en su período posnatal, deseen cambiarse de empleo. ¿No estaremos rigidizando y limitando las oportunidades y movilidad laboral de las mujeres? ¿No estaríamos apoyando una medida que tendría como efecto el aumento potencial de la inactividad laboral y el desempleo femenino? ¿Por qué excluir a los varones de una extensión de posnatal masculina? ¿Estamos considerando a los varones menos “capaces” de cuidar a un niño pequeño? La respuesta a estas interrogantes requieren por lo menos de mayores análisis y estudios.

Mahia Saracostti S.

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