• 17/agosto/2009 •

Hace 90 años, la Bauhaus

<b>Alberto Sato</b><br>Decano Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño Universidad Andrés Bello

Alberto Sato
Decano Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño Universidad Andrés Bello

Fue en 1919 cuando la República de Weimar fundó la escuela Staatliches Bauhaus, conocida en todo el mundo como Bauhaus. Los artistas, artesanos y arquitectos que dieron forma a esa escuela fueron de lo más relevante de la vanguardia artística del siglo XX. Sus obras dan cuenta de la radical transformación de las formas y materiales de los objetos, así como de las edificaciones, que surgieron en el escenario cultural y productivo de la primera postguerra mundial. Dentro de las múltiples aristas que posee este diamante cultural, un aspecto singular es el de su pedagogía y nos interesa de modo particular, no sólo por su carácter fundacional, sino especialmente por su paradójica vigencia. Es paradójico que una vanguardia que proclamaba el cambio permanente y la continua originalidad, hoy cumpla 90 años y su pedagogía se mantenga intacta y quizás, en mejores condiciones que otras.

En 1873 ya se habían instalado en Viena los primeros talleres escolares de arte. Pestalozzi (1776-1827) y luego Friedrich Fröbel (1782-1852) introdujeron la práctica manual dentro de las pedagogías generales. La importancia de este último en el desarrollo de las artes fue fundamental. Introdujo el juego como forma de aprendizaje, trascendiendo la rígida disciplina de los “ejercicios” escolares de la enseñanza prusiana. Desde la infancia, el juego y los “regalos” aplicados en los nuevos ámbitos de formación llamados “kindergarten” es decir, jardín de infantes, -lugar de cuidado y crecimiento de niños como plantas, donde Pestalozzi tenía un jardín para el juego de los niños- introdujo regalos compuestos de sólidos platónicos de madera, bolas de lana y bloques para armar –como ladrillos- que indicaban la libertad de organizar un conjunto finito por medio del juego; luego el plano cuadriculado para el dibujo. Esta apertura de la enseñanza formal sin duda estaba estrechamente relacionada con el dibujo, la pintura y la arquitectura, y si bien estos jardines dejaron de funcionar luego de la revolución de 1848, dejó profundas huellas en la formación escolar y artística en Europa y los Estados Unidos.

La importancia de los sistemas educativos introducidos a lo largo del siglo XIX, tanto en la escuela elemental como en la enseñanza artística de jóvenes, consistió en haber creado condiciones para la creación artística en todos los sectores de la población, en la medida que formaba parte inseparable de los programas educativos. En efecto, hasta principios del siglo XIX, el arte era una actividad de pocos y destinado para pocos, y en el caso más amplio, era una ocupación para el ocio de la sociedad burguesa. Así, la educación artística quedó sembrada en la sociedad industrial, y también los principios de la ciencia de la naturaleza, así como la geometría eran parte del juego que llevaba a la curiosidad a indagar y constatar sus leyes. Como resultado de esta expansión del conocimiento y la práctica artística, aumentaron las escuelas y los estudiantes de arte, especialmente de aquellas artes vinculadas con el empleo en oficios que aseguraran la subsistencia.

En 1875 se funda la Escuela de artes y oficios en Dresde y en 1868 la de Munich. En 1887 el artista y pedagogo Franz Cizek, quien fuera uno de los mentores de la pedagogía de la Bauhaus expuso no sin escándalo, pintura espontánea infantil en la Escuela de Artes y Oficios de Viena. Mientras la Academia estaba destinada a asegurar la continuidad histórica de las grandes verdades, las Escuelas se proponían practicar para el mundo industrial emergente, jugando y experimentando. En este contexto, la enseñanza de artes y oficios como forma de involucrar al artista en el proceso económico y productivo de la revolución industrial tuvo inevitables debates sobre la independencia artística respecto de los oficios y el artesanado o sea, artes industriales, y también abría la pregunta si la creación artística podía ser enseñada formalmente en Academias. El artista y teórico del arte Adolf Hildebrand, declaraba: “Una academia no debe pretender formar a los artistas, sino solamente estar dispuesta a proporcionarles una preparación básica para el autodesarrollo, es decir, ser solamente una escuela de arte” Así, desde las primeras décadas del siglo XIX las escuelas estatales de artes y oficios ya eran realidad, y tanto en Inglaterra como en Alemania se extendieron a casi todos los modelos pedagógicos aplicados en la enseñanza del diseño y la arquitectura del siglo XX.

La convergencia de 1919 fue afortunada: vanguardias artísticas como Walter Gropius, Josef Albers, Laszló Moholy-Nagy, Mies van der Rohe, Johannes Itten, Marcel Breuer, buscando innovar en formas, materiales y procesos –como diseñar una silla sin las tradicionales cuatro patas además, hechas con tubos de acero para bicicletas- y una pedagogía renovadora, motivante y respaldada por la experiencia de artistas y educadores durante un siglo, dio lugar a la experiencia bauhausiana.

Así, la Bauhaus, aplicando pedagogías de “aprender haciendo”, “aprender jugando” desplegó una acción y una influencia que, mal le pese a muchos, después de 90 años mantiene su vigencia en las escuelas de arquitectura y de arte. Muchas escuelas hoy, retrocedieron a la enseñanza académica clásica como manifestación de rechazo ante tanta libertad y escandaloso juego infantil; otras continúan en la búsqueda inquietante de nuevas pedagogías pero sin duda, a partir de aquella experiencia pionera.

Alberto Sato

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