• 14/julio/2013 •

Hermana muerte. Muerte de Ismael Sánchez en la cordillera. Una reflexión.

Hermana muerte. Muerte de Ismael Sánchez en la cordillera. Una reflexión.

Padre Hugo Tagle Moreno
@hugotagle
phugotagle.blogspot.com/
Capellán Universidad Católica de Chile. Profesor Letras y Teología. Columnista de varios medios de comunicación chilenos.

<b>Padre Hugo Tagle Moreno</b><br><b>@hugotagle</b><br><b>phugotagle.blogspot.com/</b><br>Capellán Universidad Católica de Chile. Profesor Letras y Teología. Columnista de varios medios de comunicación chilenos.

Padre Hugo Tagle Moreno
@hugotagle
phugotagle.blogspot.com/
Capellán Universidad Católica de Chile. Profesor Letras y Teología. Columnista de varios medios de comunicación chilenos.

Me tocó presidir la misa de funeral de Ismael Sánchez, el joven que se accidentó hace una par de semanas en la nieve. Fui testigo de las horas de incertidumbre y dolor de sus familiares, sobre todo de su esposa – próximos a casarse por la Iglesia – y de sus padres. Luego, el dolor indescriptible ante la confirmación de su muerte. La esperanza contiene ante los dolores desgarradores. Escribo esto no para abrir heridas sino para compartir la gran muestra de fortaleza y fe que irradiaron tanto la Jesús -Tutú, como le dicen con cariño a su joven señora-, como sus padres y hermanos. Habíamos preparado un par de días antes del accidente lo que sería la postura de argollas. Se lo habían tomado muy en serio. querían que fuese un momento de familia, de amistad pero, sobre todo, de Dios. Ambos querían vivir su noviazgo «de cara al Señor»; con Jesús al lado, sintiendo su presencia en todo ese bonito camino que habían iniciado ya hace dos años y que continuarían, como lo tenían pensado, toda la vida. Pero ese plan se truncó dolorosa y abruptamente. Con fe se aborda, soporta mejor el dolor. Ese día y los posteriores me confirmaron que la fe acompaña, consuela, regala sentido a la existencia y nos permite sortear con esperanza el más duro de los golpes: la muerte abrupta de un ser querido. Ante lo incomprensible, solo cabe callar y asentir humildemente. “¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” dice San Pablo.

La fe no es magia, ni sedante o aspirina. Jesús no vino a la tierra para hacer desaparecer esa faceta amarga de la vida sino para darle su sentido definitivo. Nuestros difuntos no desaparecen. Viven en nuestro recuerdo y oración. La Iglesia le dedica un buen espacio en la Misa para rezar por ellos. Lo que llamamos “El cuerpo místico” de Cristo no es una entelequia aburrida, sino pura realidad. Formamos una gran familia los de acá en la tierra con los del cielo. Por eso hacemos bien no solo en recordar anécdotas, vivencias, sino pedir la intercesión de nuestros difuntos.

Al final de la misa de funeral, repartieron un texto con una oración que se atribuye a San Agustín. Aquí, algunas frases: “La muerte no es nada. No he hecho más que pasar al otro lado. Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo. Dame el nombre que siempre me diste; háblame como siempre me hablaste. No emplees un tono distinto. No adoptes una expresión solemne ni triste. Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos. Reza conmigo. Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue, sin énfasis, sin alguna huella de sombra. La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado ¿Por qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos? ¿Sólo porque estoy fuera de tu vista? No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino. Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas”.

La Tutú, como le dicen cariñosamente a la Jesús, dio un testimonio maravilloso al final de la misa, en que compartía con todos los presentes su gran amor por Ismael. Un gran ejemplo de entereza y entrega en las manos de la providencia.
El texto anterior sirve de reflexión ahora en estas vísperas de la fiesta de la Virgen del Carmen. Y un buen agradecimiento a quienes soportan con ejemplar entereza la muerte de sus seres queridos.

Hugo Tagle Moreno

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