• 28/diciembre/2010 •

Humanas Aguas Pigmentadas

<b>Carolina Abell Soffia</b><br>Directora de Extensión Cultural Universidad San Sebastián.

Carolina Abell Soffia
Directora de Extensión Cultural Universidad San Sebastián.

Pocos concursos de arte tienen larga vida en Chile.

Hace años existen, en Talcahuano, las “Pinceladas Contra Viento y Marea”, adelantando quizá el terremoteado destino de la ciudad, pero no del concurso. Antes, mucho antes, el mundo artístico local se movía por el afamado Concurso “El Color del Sur” y otras iniciativas que generaron una positiva agitación cultural.

Hoy quedan pocos.

Hay pocos certámenes nacionales. El rancagüino encuentro “Samuel Román” desapareció como muchos otros. En el olvido han quedado algunas iniciativas que constituían una buena forma de unir a los artistas contemporáneos y de generar colecciones patrimoniales descentralizadas.

Pero, todo no está perdido. Artistas jóvenes y mayores, sin olvidar a los consagrados, todavía se siguen reuniendo en el loable concurso “Valdivia y su Río”. Esta ciudad de fuertes de piedras añosas, también concentra otro prolongado y valioso esfuerzo. El Centro Cultural “El Austral” al cumplir 11 años de existencia en noviembre pasado, exhibe el mérito de poseer el más importante y, probablemente único, concurso nacional de acuarela: esa difícil técnica de pintar con colores acuosos, es decir, con pigmentos que se diluyen generando transparencias y, también, opacidades lujuriosas. Esas obras que gozan de total y certera libertad sobre el soporte de papel, las pueden lograr pocos.

Agónica, hace 9 años, estaba la compleja técnica creadora. Después de la muerte de Ricardo Andwanter y Hardy Wistuba, entre algunos importantes acuarelistas chilenos, parecía que nadie iba a continuar manchando certeramente el papel, porque el arte contemporáneo, ya imponía nuevos métodos de creación y, en ese contexto, ella seguía perdiendo terreno. Entonces, se auguraba su desaparición. Sin embargo, la persistencia de un proyecto cultural y la fuerte convicción de sus organizadores, ha llegado a la IX versión de un certamen nacional. Esta vez, como en otros encuentros de arte, integré la mesa del jurado.

En terreno, sin intermediarios, pudimos constatar una tímida intención renovadora. Claro, el tiempo pasa y, si “diez años son nada” -como señala una canción popular-, menos son los que ha existido el encuentro que lleva el nombre del gran acuarelista valdiviano. Ricardo Andwanter, en su novena versión, ha sido un estímulo suficiente para animar la experiencia creadora con una técnica casi extinta. En esta última versión, ya expuesta en el Centro Cultural El Austral de Valdivia, se muestra el interés incipiente por investigar y experimentar con el fin de renovar un lenguaje que no se agota, pero que requiere seguidores. La hermosa técnica que permite crear atmósferas y trazos de frescura y decisión maestra, casi no se enseña. Es extremadamente difícil, porque implica un quehacer artístico arriesgado y que juega con lo instantáneo, tal como sucede hoy en el mundo globalizado de las comunicaciones.

El ser humano y su entorno han sido interpretados en esta última versión a través de expresiones muy diferentes. Resultados: Mejores y peores, como siempre. Sin embargo, el punto más relevante es el compromiso creativo para replantear, con personalidad y distintas intensidades expresivas, los desafíos del acuarelista contemporáneo. Ello, sin duda, sorprendió al jurado 2010 (integrado , además, por los artistas Inés Harnecker y Luis Rojas Quijada; el empresario Luis Ibarboure, el comisario Erwin Vidal, Director de la CCV y, de la restauradora valdiviana, Susana Muñoz).

Si pudiéramos mantener, en todos los lugares apartados del país, esa “la persistencia de la memoria” para dar continuidad y pertenencia a los proyectos que agregan valor a nuestra cultura, sin duda, podríamos dar grandes pasos también en la creación y conservación de expresiones creadoras propias.

Carolina Abell Soffia.

Publicado: 28/12/2010

Relacionados: