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Acuicultura un desafío para la educación superior
María Vicenta Valdivia

Directora Carrera de Ingeniería en Acuicultura, Universidad Andrés Bello. Ingeniero en Acuicultura, Universidad Católica del Norte. M.Sc.- Ph.D. Biological and Environmental Engineering, Cornell University.

Recientemente, el gobierno chileno ha identificado a la acuicultura como una de las áreas de desarrollo prioritarias, creando en Octubre de 2008 el Cluster Acuícola, destinando a impulsar esta mediante la entrega de financiamiento, focalizado a través de CORFO y CONICYT, para el desarrollo de proyectos de investigación e innovación, promoviendo así la alianza público-privada.

 

De acuerdo a la Food and Agriculture Organization (FAO) de las Naciones Unidas, la producción de acuicultura en el año 2006 fue equivalente al 47% del volumen total de la producción mundial total de pesca y acuicultura, tendencia que ha sido sostenida en los últimos años. Este crecimiento ha compensando con creces los efectos del estancamiento de la pesca extractiva y del aumento de la población.

 

El desarrollo de la acuicultura es, por lo tanto, prioritario en términos de producción y suministro de alimento a nivel mundial, justificación más que elocuente de los inminentes desafíos y oportunidades que deberá enfrentar la acuicultura chilena. La suerte ocurre cuando la oportunidad se encuentra con la preparación.

 

Sin embargo, la semana pasada fueron publicados dos artículos acerca de las escasas postulaciones a las carreras del área de acuicultura. En ellos, además, el término salmonicultura fue utilizado indiscriminadamente como un incompleto sinónimo de acuicultura. Asociación comprensible, dado el explosivo crecimiento de la salmonicultura nacional en las últimas décadas, el cual consolidó a esta industria como una de las más exitosas de nuestro país.

 

Éxito alcanzado, no obstante, gracias a la conjugación de una serie de particularidades, tales como el posicionamiento mundial del salmón como un commodity de demanda creciente y precios relativamente estables, la continua introducción a Chile de avanzadas tecnologías de producción y la incorporación de un gran porcentaje de inversiones extranjeras. Esto asociado a costos de producción comparativamente menores a los de países más industrializados, pero con un costo social y ecológico que está muy lejos de poder ser ignorado.

 

La fragilidad de la industria frente a los devastadores efectos del virus ISA que han conducido a la situación actual es, por lo tanto, la crónica de una muerte anunciada. Escenario afortunadamente no es irreversible: la incorporación de nuevas prácticas de producción basadas en sustentabilidad ambiental y en el uso de fuentes de energías renovables son prueba de ello.

 

Las crisis son parte del proceso de madurez de todas las industrias y no reconocer este hecho sería un seguro desacierto, así como permitir el escalamiento de la incertidumbre asociada al futuro laboral de las carreras técnicas y profesionales que históricamente han estado relacionadas a esta actividad productiva. Más aún, si es precisamente ésta la razón por la que persiste un desconocimiento general del real alcance de las capacidades y competencias de estos profesionales, a pesar de que el primer programa en Ingeniería en Acuicultura en Chile fue creado en 1986, seguido de muchos otros de similar orientación a lo largo del país en los años siguientes.

 

María Vicenta Valdivia.

 

Publicado: 14/01/2010

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