|
|
Sec. de Estudios Ped. en Educ. Diferencial Universidad San Sebastián Sede Osorno.
Hoy estamos asistiendo a un escenario global en donde la constante medición y/o certificación de lo que se entrega o se recibe se asume como un principio orientador normal. Ante esto, evidenciamos un consenso generalizado que esta certificación es sinónimo de calidad y de eficiencia. En los sistemas educativos como el nuestro, certificamos esta calidad principalmente mediante resultados de evaluaciones estandarizadas, tanto externas como internas, en las cuales nuestro país tiene bastante experiencia, (PER 1982; SIMCE desde 1988, TIMSS 2003, PISA 2001, 2006, 2009, PERCE Y SERCE 1997 y 2006, además de la reciente Inicia, entre otras). Así vemos como nuestro sistema educativo se cuestiona por lo que ocurre con sus aprendizajes no sólo a nivel país, sino que también desde una perspectiva globalizada.
Sin embargo, en lo referido a los últimos resultados de nuestras evaluaciones internas al parecer, estamos lejos de alcanzar nuestros objetivos, y si aplicamos la concepción de calidad y eficiencia que hoy existe, deberíamos asumir que no estamos siendo eficientes como sistema educativo, aún cuando la evidencia internacional nos plantea otros aspectos tan o más relevantes que los propios resultados para determinar estos dos conceptos.
Por ello, es relevante traer a colación el último estudio “Indicadores de
A partir de este informe, vemos como los resultados educativos son un mecanismo más dentro de un conjunto que pueden llegar a explicar que hace a un sistema más eficiente que a otro. Aspectos tales como acceso a la educación, participación y progreso, organización de la enseñanza (tamaños de cursos, horas de clase, carga horaria de los docentes, etc.), así como el nivel de gasto que los países destinan a la educación, son sólo algunos de los factores que pueden hacer la diferencia.
Nuestro país está un tanto lejos de los niveles óptimos que presentan algunos países de
Norma Cárdenas S.
Publicado: 09/07/2010