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Director Centro de Energía y Desarrollo Sustentable Facultad de Ingeniería Universidad Diego Portales.
En la comunidad científica internacional existe un amplio consenso respecto de los significativos impactos que el cambio climático ya está teniendo sobre el planeta. De hecho, en ausencia de iniciativas que reduzcan drásticamente las emisiones globales de gases efecto invernadero, se espera que para fines de este siglo la temperatura promedio global aumentará en 3°C y el nivel del mar subirá hasta 59 centímetros.
De ser sí, estas alteraciones afectarán significativamente diversas actividades productivas, tales como la generación de energía, la minería, la agricultura, la actividad forestal, la pesca y el turismo. Actividades como el desarrollo urbano, la gestión del borde costero, la gestión de desastres y el manejo de los recursos hídricos también se verán afectadas por estos cambios. Otras actividades que se verán perturbadas son la gestión municipal y la provisión de salud.
¿Qué podemos hacer al respecto? Básicamente existen dos tipos de respuesta. La primera, la mitigación, corresponde a reducir las emisiones de gases efecto invernadero de modo de desacelerar o parar el proceso del cambio climático. La segunda, la adaptación, corresponde a aprender a sobrellevar el aumento en las temperaturas, el nivel del mar y los demás impactos meteorológicos asociados al cambio climático. Así, ¿qué se puede esperar de la Cumbre de Cambio Climático que se inicia este lunes en Copenhague para abordar estos desafíos?
Con relación a la mitigación, para que el mundo limite a 2°C el aumento de la temperatura por sobre los niveles pre-industriales, los científicos estiman que para el 2020 el nivel de emisiones de gases efecto invernadero de los países desarrollados debe ser un 40% inferior con respecto a 1990. Similarmente, se requiere que países como China, Brasil e India reduzcan sus emisiones en un 25%. Sin embargo, mientras estimaciones optimistas indican que el primer grupo de países sólo podría reducir sus emisiones en un 18%, los países del segundo grupo expresan que no pueden comprometerse sin una obligación del 40% por parte de los países desarrollados.
A pesar de lo anterior, las perspectivas para Copenhague no son del todo pesimistas. Por ejemplo, a pesar de que la política de Estados Unidos para reducir sus emisiones está estancada en el Congreso, Obama está decido a impulsarla. A su vez, mientras Brasil y México han anunciado metas de reducción, China expresó que reducirá la intensidad carbonífera de su economía. Si bien estos antecedentes no parecen suficientes para que la Cumbre finalice con la firma de un acuerdo vinculante que regule las emisiones de estos países, se espera que determine una fecha límite para alcanzar el acuerdo esperado y la manera en que se llevarán las correspondientes negociaciones.
Con relación a la adaptación, hasta ahora relegada a un segundo plano en comparación con la mitigación, se espera que los países en desarrollo hagan sustanciales exigencias a los desarrollados. Lo anterior surge de lo siguiente: a pesar de que los países en desarrollo no tienen mayor responsabilidad en el cambio climático, son las principales víctimas de su impacto. Así, es probable que el logro de un acuerdo en materia de mitigación estará condicionado a la obtención de un acuerdo paralelo en donde los países desarrollados se comprometan a cooperar con la adaptación de los en desarrollo por medio de la entrega de importantes recursos económicos y tecnológicos.
Edmundo Claro.
Publicado: 21/12/2009