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Periodista. Columnista Diario El Sur de Concepción y El Clarín Chile.
Someterse al ruido en el periodismo es estrictamente necesario. Lo que no repara en que, como cualquier ser humano que viste y calza, tanta bulla termine generándote crecientes malestares auditivos. Y así no más me pasa con el vendaval de reacciones tropicalistas que acompañaron al notable e insolente triunfo de Nicolás Massú sobre los austriacos en la medialuna de Rancagua. De verdad que da mucha bronca.
Yo puedo entender y asumo que la prensa deportiva nacional actúe en estricta concordancia con la chaqueta reversible. Pero hay “colados” que se pasan de la raya. Recuerdo a una editora de noticias, con columna radial permanente emancipando un discurso casi heroico y doloso rematado con un “Massú me tapó la boca”. ¿A ella? ¡No te creo! Si hasta la farándula en horario prime agarró palillos para tejer al ritmo del pelambre…
Allí está el problema, en permitir vaivenes esquizofrénicos de los verdaderos culpables de esas tribunas vacías, aquellos que generan voz y voto cuando lo más seguro es que confundan un “slice” con un “smash”. Los que definitivamente no entienden la diferencia entre jugar Copa Davis o en el circuito, de pararse en arcilla o cemento, de tener buen ranking individual y verdaderas opciones de ganar en equipo. Los mismos que sepultaron al medallista de Atenas y a Capdeville antes de siquiera permitirles jugar sus chances…
¿Sabía usted que tan célebres personajes aseguran que el triunfo real son los seis meses de plazo ganados para convencer a Fernando González que defienda a Chile? Tan horrendo como insistir en la proclama de rogarle ciegamente al “Bombardero” como si este pesara más que arreglar los desencuentros históricos en la mentada familia del tenis. A muchos les da lo mismo pasar por alto los verdaderos imponderables de semejante gallito impuro que transforma nuestro camarín en una bolsa de gatos. El exitismo resultadista –herencia reciente de Marcelo Bielsa y su trabajo de hormiga- es lo único que importa, parece. Si hay que cortar cabezas, vamos todos que machetes sobran…
¿Cuándo vamos a aprender? ¿No es acaso perentorio reconocer que aún perdiendo el domingo, Nicolás Massú era por sí solo un valor excepcional que prefiere jugarse el pellejo y la honra por nuestra camiseta cuando otros anteponen peticiones quedándose en su casa? Porque si perdía su duelo, concordaremos en que lo terminaban de crucificar vivo, como lo vienen haciendo hace más de un año.
El choque contra Israel en marzo próximo no depende de la vuelta de González ni nada que se le parezca. Entiéndanlo ya. Acá se debe privilegiar el proyecto por sobre las personas, las intenciones por sobre los egos. Los que quieran estar, están. Los que no, que lo vean por la tele y les respetaremos ese derecho inalienable, sin líderes de opinión implorando su regreso en cadenas populistas vía medios de comunicación. Extirpando las triquiñuelas burdas que apunten a sacar este, poner a este otro para que converse con el que estaba enojado y viceversa… La tricota se viste y no se ruega, como en otros países donde el conato es por un lugar entre los elegidos que defienden su bandera.
Es absolutamente insólito que se considere siquiera preguntarle a José Hinzpeter si va a dar un paso al costado para que vuelva “Feña”. Igual de burdo sería planificar una salida por la ventana de Hans Gildemeister cuando este siempre dio la cara y asumió presión en los momentos más álgidos. No puede haber doble interpretación, si ni a Marcelo Ríos –que era diez veces mejor que todos los de hoy juntos- le suplicaron tanto.
Sólo cito un ejemplo, uno decidor, irrefutable, a la mano y tan símil como el que aflige a nuestros raqueteros top. La selección chilena de fútbol está a las puertas de clasificar a Sudáfrica 2010, con el beneplácito de todos, con la aprobación y el aplauso de expertos, aficionados e indolentes por igual. Nos enorgullece tanto como la valoración de “
¿Alguien lo echa de menos? No. El tipo se borró con fundamentos, deseó lo mejor y ahora mira el éxito a la distancia. Nadie lo acusa de antipatriota ni clama por su retorno. Sabemos que aún siendo su única oportunidad, no va a jugar un mundial por Chile. Asumió los costos y todos felices. Tal cual, sin llanto, sin víctimas.
Se llama seriedad. Ya es hora de empezar a expandir las buenas costumbres…
Ricardo Pinto Neira.