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Abogado, Voluntario de Amnistía internacional y académico de la U. Central.
Por primera vez en más de 60 años, desde que recibí mi primer carnet de socio de la “U”, no me he impuesto del resultado del “Clásico”, no he gozado o sufrido como lo he hecho desde niño ni me interesa saber qué pasó en el estadio. Creo haber “construido” dos o tres estadios al club con el que vibro y no me arrepiento, porque de eso se trata: no de un amor ni de una pasión, sino de un sentimiento profundo que se lleva en el alma.
Durante los años de universitario íbamos en grupo a ver a la “U”. En 1958, la noche en que se recibió a los “mechones” en
Ir al fútbol era un paseo y vivir a la “U”, el mejor equipo del mundo y de sus alrededores para sus hinchas, un placer de vida. Los clásicos universitarios eran fastuosos, verdaderas creaciones artísticas que se admiraban sin que ocurrieran desmanes, con respeto absoluto por el prójimo, por la propiedad ajena y por el rival.
Gritar el “C H I”, que es nuestro en sus orígenes no obstante haber sido apropiado por los innombrables y luego cedido a
Por eso, cuando alguna vez pensaba en la muerte, inevitable pensamiento que todos tenemos en algún momento, lo que mas me dolía era saber que la “U” seguiría deleitando y yo no estaría para alegrarme o para sufrir, porque son las reglas del juego, se gana o se pierde, lo que se hacía con valores y con respeto.
Hoy no voy al estadio. Ya no está la “U”, mi “U” de toda la vida. Hoy vale más el interés económico y cuando estábamos en la punta, con posibilidades ciertas de ser campeones, se vende a los mejores a mitad del campeonato, se desarma el equipo y somos obligados a perder y a soportar. No es culpa del entrenador de turno. Se trata de simple negocio de los “dueños” de nuestro club a los que les importa más un puñado de dólares que lograr lo que la “U” se merece y a lo que debe siempre aspirar. Los hinchas no importan, menos sus sentimientos, sólo el dinero.
Ellos, que por hacer negocios se olvidaron que se nos insultó, se nos trató de delincuentes y se nos negó el préstamo o el arriendo de un estadio, obligando al equipo a recorrer todo Chile, privando a los hinchas de asistir al juego. Sin honorabilidad, dieron vuelta la hoja apoyando a quien nunca debieron apoyar.
Soy y seré azul. Moriré azul. Por eso me duele tanto este 2010, cuando ya no vale nada más que el dinero. ¿Veré algún día a la “U”, a sus dirigentes, volver a retomar la senda del honor y de los valores que antes representó haciendo honor a
Leonardo Aravena Arredondo.
Publicado: 10/11/2010
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