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El nuevo mapa político de Bolivia: una reafirmación de las elecciones de diciembre con algunos matices
Loreto Correa

IDEA USACH.

Austero, carismático, simbólico, telúrico, andino y esperanzador, el gobierno de Morales por momentos transita también entre lo autoritario, étnico progresista, legalista, reivindicativo de los sectores postergados y de los principios regresivos del socialismo. Por ello, para muchos bolivianos, la reelección de Evo Morales debía pasar la gran prueba de las elecciones de alcaldes y gobernadores de la jornada del 4 de abril para demostrar la resistencia del MAS y del nuevo modelo de Estado boliviano.

 

En la práctica, que 4 de los 9 departamentos del país hayan optado por la alternativa regional frente al MAS demuestra el compromiso del electorado boliviano con el nuevo diseño de país que ha introducido Morales en su gobierno. Se trata de un diseño discutido hasta la saciedad por los sectores regionalistas, pero a fuerza de un enorme compromiso de los movimientos sociales y dirigenciales. Es el que el MAS, con  todas y cada una de sus limitaciones es quien lleva  la meta de crear un nuevo país, una nueva Bolivia plurinacional.

 

¿Pero qué es lo que ha cambiado en Bolivia? La participación de los actores sociales y de los movimientos sociales en la institucionalidad pública. Sin embargo, aún se percibe un modelo monoexportador en base a los hidrocarburos, y la minería de plata y zinc. Tras las medidas de máximos de precios para el azúcar durante la reciente zafra, la agricultura está reducida fundamentalmente a la soya. El Oriente agrícola ha optado por mantener la producción agroindustrial privada y Tarija y Santa Cruz crecen, pero no al ritmo que podrían hacerlo en otras circunstancias. En lo político los díscolos departamentos han consagrado su discurso autonómico, sin por ello seducir o traspasarlo efectivamente al interés nacional. Los partidos políticos, fragmentados y dispersos en las distintas regiones, traducen moderadamente algunos liderazgos locales sin por ello levantar alguna sombra real sobre Morales, o su administración.

 

Un paseo por La Paz y Cochabamba muestran hoy un mayor dinamismo en las calles. Para Santa Cruz en cambio, si la realidad económica es siempre pujante, la realidad política es diametralmente diferente. Una Bolivia centralista, opresiva del sentir cruceño, manifiesta un fortalecimiento de la identidad regional a tal punto, que se habla de la “ciudadanía cruceña” en contraposición de la “ciudadanía boliviana”. Con todo, su principal problema su peso es prácticamente nulo en el legislativo y sobretodo, en la institucionalidad general.

 

Recientemente, la clase política del país, se ha visto expuesta al escrutinio de nuevas leyes que penalizan la corrupción, tema esencial en el escenario robespierano que se ha impuesto. Así la persecución judicial de los antiguos líderes del tradicional Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y de Acción Democrática Nacionalista (ADN), ejemplifican lo que en otros Estados representó la lucha contra la impunidad por los abusos contra los derechos humanos. El juicio político a los ex presidentes, o de sus principales colaboradores, como es el caso de Guillermo Fortún, o los ex ministros de Sánchez de Losada que se encuentran en Perú, son muestra de querer llegar al fondo del uso de los dineros del Estado en tiempos recientes, descalificando a clanes completos de la Oposición.

 

La elección de alcaldes y gobernadores, rescata el trabajo del MAS en 5 de los 9 departamentos. El resultado final de las alcaldías no debiera distar en demasía de los resultados prefecturales. Con todo, la popularidad del MAS no es endosable por si misma  frente a los liderazgos locales automáticamente. La ausencia de un proyecto nacional en la hoy oposición regional, demuestra el desgaste de la clase política. Ninguno de sus líderes ha podido remontar el modelo masista, y lo que es peor aún, aún falta -pese a la enorme lección del 2003- un nuevo discurso nacional que lleve a la élite y la escasa clase media al poder nuevamente.

 

Como recuerda Lawrence Whitehead en el último informe de IDH de Bolivia, que Morales asumió en el cénit de la “mejora del entorno internacional”, y se ha mantenido pese a la escasa inversión extranjera entre otras cosas gracias a la condonación parcial de la deuda externa y el apoyo de Venezuela y sus aliados. Empero, ni el nacionalismo trasnochado y reformulado de la revolución del 52, o la política del socialismo del siglo XXI, han sido suficientes para rescatar al país de la postergación económica: La nacionalización de los hidrocarburos y la lucha por las autonomías han sido inútiles para doblegar al Estado central. Así, sólo cabe esperar la lenta profundización del modelo nacional popular y la pauperización de la modernización del esquema tradicional del desarrollo, a menos que la voluntad de las autoridades gire hacia la modernización de la administración del Estado en beneficio de todos.

 

Loreto Correa.

 

Publicado: 14/04/2010

los mapas politicos es un medio donde puedo informarme de la uvicacion de algunas comunidades
Lo cierto es que da gusto leer una columna (realista) como esta. Nada que ver con el ex presidente boliviano, Carlos Mesa, un tribuna del rotativo español, El Pais. Dondo todo roza el resentimiento y la histeria hacia Evo Morales; una histeria muy generalizada en los principales medios occidenales. En fin, a Bolivia le queda mucho trecho por recorrer, y creo que ese es el fondo de esta columna, pero lo que se dice por las latitudes europeas y norteamericanas mediante poderosos medios e ilustres voceros es faltar a la verdad.
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