|
|
Sociólogo y académico de la U. Central.
La publicación de los resultados de la prueba INICIA que rindieron un grupo de egresados de las carreras de Pedagogía, los que han sido profusamente discutidos en diversos foros de opinión pública, no hacen más que a reafirmar la condición de crisis sistémica en que se encuentra el sistema educacional chileno, situación constatada hace más de década y media. Títulos de libros de la literatura universal como “Crónicas de una muerte anunciada” (García Márquez) o “Sin novedad en el frente” (Remarque), sintetizan de manera didáctica la postura de normalidad con la que peligrosamente recibimos, de tiempo en tiempo, este tipo fatales de noticias.
Creo que para el caso chileno, habría que agregar este fenómeno como uno de los “vectores” que refuerzan la reproducción del círculo de la pobreza económica, desigualdad social y exclusión cultural. Es un círculo perfecto de reproducción de la pobreza, exclusión social y desigualdad cultural. Sin duda constituyen una verdadera tragedia griega, hecha a la medida de las negligencias políticas que exhibe el país. La estructura del guión del nuevo tipo de tragedia que escribimos como país, se puede observar a continuación.
1º. Los estudiantes de colegios municipales y subvencionados, se educan en esos establecimientos porque los ingresos de sus grupos familiares no les permiten acceder a otro tipo de oferta educativa (las familias educan a sus hijos en esos colegios porque “es lo que hay”, y no les alcanza para más). Es decir, desde el inicio las familias de bajos ingresos, por su condición económica, deben resignarse a una educación de mala calidad. Esta es la obertura del primer acto de nuestra tragedia.
2º. Por la mala calidad de la educación que reciben en los establecimientos donde estudian, los jóvenes de escasos recursos al momento de intentar ingresar al sistema de educación superior, obtienen los puntajes más bajos del sistema. Por esta razón quedan excluidos de carreras de alta rentabilidad futura impartidas por universidades de alta calidad y de elevada exigencia académica. O sea, para estos jóvenes la puerta hacia la movilidad social vía educación, les es totalmente cerrada en su cara. Este es el cierre del primer acto.
3º. Nuestros protagonistas, de persistir en su intención de ingresar a la universidad, sólo tienen opción de hacerlo a aquellas carreras donde los puntajes de corte son muy bajos, que es la situación en la que se encuentran las carreras de pedagogía. Es decir, de entrar al sistema, su acceso queda restringido al último escaño de la pirámide de prestigio académico y reconocimiento social (en cuyo pináculo están los médicos, abogados, ingenieros de las Ues. tradicionales). Este es el segundo acto de nuestra tragedia. Los hechos indicados constituyen una cuestión sociológica con efectos económicos, no un asunto pedagógico ni académico.
4º. Por otra parte, las universidades a las que ingresan a estudiar pedagogía estos estudiantes, imparten la carrera de muy mala forma y con una bajísima calidad (así lo expresan los resultados de la prueba INICIA). Esto ha implicado que después de haber pasado cinco años por la universidad, para estos titulados de pedagogía, este proceso les significó un aporte educativo igual a CERO. Cierre del segundo acto.
5º. Luego, estos nuevos profesores que egresan del sistema universitario con muchas carencias educativas y falencias profesionales, salen al mercado laboral. Lo más probable es que se empleen y se desempeñen como profesores en escuelas municipales y subvencionadas, que son el tipo de establecimiento al que asistieron cuando eran niños. Descarnado deja vú para nuestros jóvenes protagonistas: después de haber pasado por la universidad y egresar como profesionales, vuelven al punto de partida, al inicio de todo. ¿Dónde quedó la promesa de una vida mejor vinculada a la educación; Qué broma de mal gusto es esto; qué sentido ha tenido todo; quién escribió esta comedia tan absurda? deben pensar estos jóvenes profesionales. Inicio del tercer y último acto de nuestra tragedia nacional. Y los niños a los que les toca educar, asisten a esos colegios porque, al igual que ellos en el pasado, era la única opción educativa a la que podían acceder dado sus ingresos económicos. El eterno retorno.
Es aquí donde comienza la verdadera tragedia griega, el círculo de la reproducción social más perverso que mente humana hubiera podido imaginar. Sófocles debe estar revolcándose en su tumba, muerto de envidia. Debe pensar: “Cómo es que no se me ocurrió a mí tamaña tragedia, hecatombe humana en vida de miles de personas, familias y niños. Y yo escribiendo Edipo Rey”. Sófocles debe pensar que los chilenos hemos superado a los griegos como pueblo.
Los frutos de esta tragedia: la persistencia intergeneracional de la pobreza, incrustada profundamente en determinados grupos y sectores sociales; el aumento de la desigualdad social y la conformación de verdaderos ghettos culturales y sociales, reproducidos endogámicamente. Y por último, aquellos jóvenes profesores que comenzarán a guardar dentro de su corazón un profundo resentimiento, debido a la verdadera estafa a la que los hemos sometido como sociedad, por las faltas de respeto que diariamente les prodigamos, por la escaza valoración social y económica que hacemos de su trabajo. Fin del tercer acto.
Es impresionante como, en ocasiones, los hechos sociales son mucho más duros, persistentes e irreductibles que los hechos de la realidad física materia.
Luis Montero M.
Publicado: 26/04/2011