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Es frecuente en las últimas décadas, asociar a la política argentina con “ingobernabilidad” y “crisis institucional”. Después de una luna de miel durante la administración de Néstor Kirchner, facilitada en cierta medida, por el auge internacional de los commodities, el gobierno de la señora K, vuelve a vivir turbulencias se
En el sistema argentino se observa, por estos días, un enrarecido clima que se caracteriza por la polarización, la intransigencia, la persistencia crónica de la exclusión y el subdesarrollo, así como una profunda desconfianza que atraviesa la convivencia pública.
La situación pareciera ser grave y con pocas señales de mejorar en el corto plazo debido a que el gobierno de la señora K combina, a su pesar, dos ingredientes altamente explosivos: por una parte, se ha constituido una “oposición bilateral” con clara capacidad de veto y presión sobre
Superar el entrampamiento generado por este complejo escenario debiera concentrar a
En primer término, la necesidad de consolidar un modelo sindical para
Por otra parte, existe un gran debate abierto en la sociedad argentina acerca del rol de los medios y el papel del gobierno frente a ellos. Este debate se ha intensificado desde la promulgación reciente de la nueva ley de medios de comunicación que, entre otras disposiciones, busca quebrar el control oligopólico de ciertos grupos económicos en esta rama de actividad. El conflicto entre el gobierno y el grupo Clarín ha llegado a extremos per
Finalmente, un desafío fundamental para la institucionalización de la política argentina es el control de la llamada “zona gris”. Este concepto creado en otro contexto por Primo Levi, y popularizado por Javier Auyero y Guillermo O`Donnell (éste último habla de zona marrón) denota un espacio “colusivo” en contextos de crisis entre lo institucional y la vida cotidiana. Aplicado a la política argentina sirve para representar una amplia red de relaciones anómalas entre sujetos provenientes de la política formal (por ej. Policías y operadores políticos conocidos como “punteros”) y sujetos que viven en espacios informales de resistencia. En los últimos días, a propósito de la repetición de piquetes en
Subyace a estos dilemas una aguda problemática social que se expresa hoy en una intensa pugna distributiva en el gran Buenos Aires y las grandes ciudades, donde los niveles de pobreza y exclusión se transforman en obstáculos para institucionalizar la democracia. Esta dimensión estructural de la ingobernabilidad argentina ha quedado en evidencia desde el gobierno del presidente Alfonsín y todavía más, desde la crisis del 2001. Por lo tanto, el Gobierno Federal, para avanzar en el fortalecimiento de la democracia, deberá cumplir con dos exigencias generales: acertar en definiciones políticas claves que le aportarán mayor legitimidad y, al mismo tiempo, responder eficazmente frente a las cuestiones que tocan la calidad de vida y la integración social. No se trata, como algunos creen, de una condición argentina “ciclotímica” que genera deterioro político. Se trata más bien, de la incapacidad de una elite política que continúa agotando la confianza pública por el abuso de prácticas informales para la mantención del control social, en un contexto de problemas estructurales que esperan urgentes respuestas desde lo institucional.
Marcelo Mella Polanco.
Publicado: 24/11/2009