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Los dilemas “K”
Marcelo Mella
Cientista Político, académico del Departamento de Historia y Coordinador Licenciatura en Estudios Internacionales, Facultad de Humanidades, USACH.

Es frecuente en las últimas décadas, asociar a la política argentina con “ingobernabilidad” y “crisis institucional”. Después de una luna de miel durante la administración de Néstor Kirchner, facilitada en cierta medida, por el auge internacional de los commodities, el gobierno de la señora K, vuelve a vivir turbulencias severas que hacen incierta no solo, la capacidad del Kirchnerismo de consolidar una mayoría social de respaldo, sino para muchos argentinos, también la posibilidad de que la Presidenta termine normalmente su periodo.

 

En el sistema argentino se observa, por estos días, un enrarecido clima que se caracteriza por la polarización, la intransigencia, la persistencia crónica de la exclusión y el subdesarrollo, así como una profunda desconfianza que atraviesa la convivencia pública.

 

La situación pareciera ser grave y con pocas señales de mejorar en el corto plazo debido a que el gobierno de la señora K combina, a su pesar, dos ingredientes altamente explosivos: por una parte, se ha constituido una “oposición bilateral” con clara capacidad de veto y presión sobre la Presidenta y, por otro lado, existe un proceso de deterioro en los apoyos estratégicos del Gobierno que redunda en la pérdida de adhesión ciudadana. Esta incapacidad de consolidar una mayoría de respaldo clara se ha transformado en una constante por décadas en Argentina. El resultado es una política “Boca / River” donde el éxito de uno de los dos partidos mayoritarios se mide por el fracaso o el daño al otro. ¿Cómo generar actitudes de mayor cooperación en un contexto de precarización de los dos partidos principales del sistema político?

 

Superar el entrampamiento generado por este complejo escenario debiera concentrar a la Presidenta Cristina Fernández en la resolución de los siguientes dilemas:

 

En primer término, la necesidad de consolidar un modelo sindical para la Argentina que logre equilibrar aquello que Robert Dahl llamó “autonomía asociativa” con la capacidad de las organizaciones de trabajadores de generar presión en la defensa de sus intereses frente a las patronales. Se trata de combinar libertad sindical, fortalecimiento (capacidad de negociación y veto) y democracia interna en las organizaciones sindicales. De algún modo, los cabos sueltos respecto a estos temas permiten entender el paro del ferrocarril subterráneo en Buenos Aires durante la semana pasada y la discusión existente sobre los niveles de control del gobierno y las demandas de mayor autonomía en grupos de minoría en estas organizaciones.

 

Por otra parte, existe un gran debate abierto en la sociedad argentina acerca del rol de los medios y el papel del gobierno frente a ellos. Este debate se ha intensificado desde la promulgación reciente de la nueva ley de medios de comunicación que, entre otras disposiciones, busca quebrar el control oligopólico de ciertos grupos económicos en esta rama de actividad. El conflicto entre el gobierno y el grupo Clarín ha llegado a extremos perversos como es el caso del bloqueo para impedir la circulación de diarios “opositores” por parte de camioneros afines al Kirchnerismo.

 

Finalmente, un desafío fundamental para la institucionalización de la política argentina es el control de la llamada “zona gris”. Este concepto creado en otro contexto por Primo Levi, y popularizado por Javier Auyero y Guillermo O`Donnell (éste último habla de zona marrón) denota un espacio “colusivo” en contextos de crisis entre lo institucional y la vida cotidiana. Aplicado a la política argentina sirve para representar una amplia red de relaciones anómalas entre sujetos provenientes de la política formal (por ej. Policías y operadores políticos conocidos como “punteros”) y sujetos que viven en espacios informales de resistencia. En los últimos días, a propósito de la repetición de piquetes en la Avenida 9 de Julio, fue ampliamente difundida la reunión entre Hugo Moyano, líder de la CGT y el líder piquetero Luis D`Elia (proveniente de una facción de izquierda de la Democracia Cristiana argentina) ambos vinculados públicamente a los Kirchner. Este acto se transformó en una muestra de adhesión del movimiento social al gobierno, pero también en una señal de las prácticas cooptativas desde lo institucional sobre las organizaciones de clase. La búsqueda de movilización y cooptación de los actores sociales es de amplio  espectro, pues incluso el grupo Clarín ha encontrado argumentos coincidentes con organizaciones de trabajadores en contra del gobierno.

 

Subyace a estos dilemas una aguda problemática social que se expresa hoy en una intensa pugna distributiva en el gran Buenos Aires y las grandes ciudades, donde los niveles de pobreza y exclusión se transforman en obstáculos para institucionalizar la democracia. Esta dimensión estructural de la ingobernabilidad argentina ha quedado en evidencia desde el gobierno del presidente Alfonsín y todavía más, desde la crisis del 2001. Por lo tanto, el Gobierno Federal, para avanzar en el fortalecimiento de la democracia, deberá cumplir con dos exigencias generales: acertar en definiciones políticas claves que le aportarán mayor legitimidad y, al mismo tiempo, responder eficazmente frente a las cuestiones que tocan la calidad de vida y la integración social. No se trata, como algunos creen, de una condición argentina “ciclotímica” que genera deterioro político. Se trata más bien, de la incapacidad de una elite política que continúa agotando la confianza pública por el abuso de prácticas informales para la mantención del control social, en un contexto de problemas estructurales que esperan urgentes respuestas desde lo institucional. 

 

Marcelo Mella Polanco.

 

Publicado: 24/11/2009

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