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Académico Facultad de Medicina y Enfermería Universidad San Sebastián.
Muchos padres ni siquiera imaginan la gravedad y las consecuencias que puede traer el automedicar a sus hijos en la edad infantil.
En nuestro medio es muy fácil acceder a ciertos fármacos, para luego caer en las recomendaciones “medicas” de familiares, amigos o por la fuerte publicidad en los medios de comunicación, que aseguran una pronta recuperación, lo que no necesariamente será efectivo. En este panorama, muchas personas adquieran medicamentos directamente en las farmacias, sin la prescripción por parte de un profesional de salud.
Otras formas de automedicación infantil ocurren cuando los padres “recetan” a su hijo el mismo fármaco que le dieron al hermano o repiten la dosis cuando su pequeño presenta síntomas similares a los que tuvo tiempo atrás.
Con la automedicación, la enfermedad puede diagnosticarse incorrecta o tardíamente –al enmascararse los síntomas–, debido al uso indebido de algún fármaco, lo que llevará necesariamente a una prolongación y/o agravamiento de la patología. Sumado a lo anterior, un uso inadecuado de medicamentos puede incrementar las posibilidades de reacciones adversas, considerando –además– que las respuestas a ellos son individuales, no actuando de la misma forma en diferentes personas, aunque los síntomas parezcan los mismos. Lo que es bueno para un niño, no necesariamente lo es para el otro.
En nuestro medio, la venta de medicamentos exigiendo la receta médica se cumple parcialmente, lo que facilita enormemente la autoprescripción. Es por ello que se requiere una mejor regulación y mayor fiscalización para limitar al máximo la comercialización de fármacos sin la debida receta, para así evitar, en muchas oportunidades, las graves consecuencias que conlleva la automedicación, sobre todo en la edad infantil, que afecta a uno de los grupos más sensibles de la población.
Harry Landerer Christophers.
Publicado: 13/05/2010