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Docente Medicina Veterinaria Universidad San Sebastián.
Hace algunos días colegas y organizaciones de protección animal planteaban la ineficacia de los sistemas de control de la denominada fauna urbana y sus implicancias éticas reflejadas en la ley que actualmente nos rige y el proyecto que se tramita en el Congreso.
Estamos claros que nos enfrentamos a un problema irresoluto, dilatado y que se arrastra por décadas, no tan sólo por lo complejo de su solución, sino porque ante esta situación se carece de una política de Estado que asimile su importancia económica, social y de salud pública.
Otras son las prioridades en un país con limitación de recursos como el nuestro, pero siempre se debe considerar un plan que –por muy a largo plazo– escalone la solución en intervenciones parciales, que no requieren dinero sino ingenio. Debería, por ejemplo, dentro del plan curricular de la educación chilena, contemplar unidades pedagógicas de respeto a los animales, tenencia responsable y compromiso, que se proyecten dentro de los valores formativos de cada ciudadano.
En conjunto con el Colegio Médico Veterinario, organizaciones profesionales y universidades, podríamos implementar programas de esterilización de costo estatal por proyecto, cuya fuente de financiamiento se obtenga con el ahorro en manejo de basuras, limpieza de calles y costos hospitalarios días/cama y fungibles utilizados anualmente en tratamiento de heridas por mordeduras y/o vacunas antirrábicas.
Otra idea: un plan de tributación educativa en donde la tenencia, reproducción y filiación de las mascotas esté asegurada, además de planes de estímulo y subsidio que premien la labor de las mascotas en el ámbito de la psiquiatría como parte de la terapia de depresión, programas kinésicos en niños con limitaciones motoras, visuales y auditivas.
Hasta ahora, sólo las iniciativas individuales de personas altruistas agrupadas en frágiles organizaciones, alcaldes aislados que estiran su presupuesto a más no poder y profesionales anónimos que sacrifican su tiempo y dinero, se pierden en un infructuoso esfuerzo ante la inmensidad de una problemática social cuyas raíces viajan en el tiempo desde los albores de nuestra vida republicana.
No es responsabilidad de algunos solucionar problemas de todos, y para ello existen en nuestra sociedad instituciones que deben implementar políticas permanentes, porque siempre vamos a coexistir con los animales y es nuestro deber individual hacerlo en un ámbito de respeto, responsabilidad y cariño.
Edson Montero Cabrera.
Publicado: 29/07/2010