|
|
Profesor de Filosofía, U. Central
En medio de la discusión acerca del royalty a la minería y la invariabilidad tributaria propuesta por el gobierno hasta 2025, la risotada del Ministro Golborne como respuesta a los argumentos de Lagos Weber y de los diversos discursos relativos a si gana o pierde Chile con este asunto, es conveniente recordar lo que ocurrió hace 39 años en nuestro país en julio de 1971.
Dice Hegel en Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie que lo que nosotros somos históricamente y la posesión que nos toca del mundo actual no ha nacido de una manera inmediata ni ha crecido solamente del suelo de la actualidad, sino que esta riqueza es la herencia y el resultado del trabajo e indudablemente del trabajo de todas las generaciones pasadas. La historia de nuestro país se inscribe también en aquella lógica de la articulación de eventos que van dibujando el cuerpo de lo que somos. Y somos lo que hemos pensado y no pensado; lo que hemos realizado y aquello que hemos dejado de hacer.
El 11 de julio de 1971 el Congreso Nacional aprobó por unanimidad una reforma constitucional que hizo posible la nacionalización de la gran minería del cobre. Este espíritu quedó expresado por Allende, entonces Presidente de
La nacionalización del cobre es uno de los hitos de orden político, económico y social más relevante del siglo XX en nuestro país, porque su concreción fue con el asentimiento de los todos los sectores políticos lo que significó que el cobre se constituyera en el sueldo base y permanente de nuestra economía, estado de cosas que se valora profundamente en momentos de crisis bajo la condición de un acertado manejo de las finanzas públicas.
Volviendo a Hegel, a él lo seguimos cuando dice que “los hechos históricos sólo tienen un relieve, una significación, cuando se los pone en relación con un algo general y a través de su entronque con ello; tener ante los ojos este algo general es, por tanto, comprender la significación de los hechos en la historia” No ver con visión panorámica y de largo alcance nuestra historia es un síntoma de miopía aguda que puede padecer la ciudadanía y la clase política en algún momento del tiempo.
Patricio Peñailillo.
Publicado: 18/07/2010