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A propósito del cobre
Patricio Peñailillo

Profesor de Filosofía, U. Central

 

En medio de la discusión acerca del royalty a la minería y la invariabilidad tributaria propuesta por el gobierno hasta 2025, la risotada del Ministro Golborne como respuesta a los argumentos de Lagos Weber y de los diversos discursos relativos a si gana o pierde Chile con este asunto, es conveniente recordar lo que ocurrió hace 39 años en nuestro país en julio de 1971. 

Dice Hegel en Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie que lo que nosotros somos históricamente y la posesión que nos toca del mundo actual no ha nacido de una manera inmediata ni ha crecido solamente del suelo de la actualidad, sino que esta riqueza es la herencia y el resultado del trabajo e indudable­mente del trabajo de todas las generaciones pasadas. La historia de nuestro país se inscribe también en aquella lógica de la articulación de eventos que van dibujando el cuerpo de lo que somos. Y somos lo que hemos pensado y no pensado; lo que hemos realizado y aquello que hemos dejado de hacer.

El 11 de julio de 1971 el Congreso Nacional aprobó por unanimidad una reforma constitucional que hizo posible la nacionalización de la gran minería del cobre. Este espíritu quedó expresado por Allende, entonces Presidente de la República con las siguientes palabras: "…por exigirlo el interés nacional y en ejercicio del derecho soberano e inalienable del Estado a disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales, nacionalizase y declarase, por lo tanto, incorporadas al pleno y exclusivo dominio de la nación, las empresas que constituyen la Gran Minería del Cobre". Esta línea argumental tuvo como fundamento y garantía teórica la resolución de las Naciones Unidas número 1.803 (XVII), de la soberanía permanente sobre los Recursos Naturales la que dice “Teniendo presente lo dispuesto en su Resolución 1.515 (XV), del 15 de diciembre de 1960, en la que ha recomendado de que se respete el derecho soberano de todo Estado a disponer de su riqueza y de sus recursos naturales”, declara lo siguiente: “El derecho de los pueblos y de las naciones, a la soberanía permanente sobre sus riquezas y recursos naturales debe ejercerse en interés del desarrollo nacional y del bienestar del pueblo del respectivo Estado”.

 

La nacionalización del cobre es uno de los hitos de orden político, económico y social más relevante del siglo XX en nuestro país, porque su concreción fue con el asentimiento de los todos los sectores políticos lo que significó que el cobre se constituyera en el sueldo base y permanente de nuestra economía, estado de cosas que se valora profundamente en momentos de crisis bajo la condición de un acertado manejo de las finanzas públicas. 

 

Volviendo a Hegel, a él lo seguimos cuando dice que “los hechos históricos sólo tienen un relieve, una significación, cuando se los pone en relación con un algo general y a través de su entronque con ello; tener ante los ojos este algo general es, por tanto, comprender la significación de los hechos en la historia” No ver con visión panorámica y de largo alcance nuestra historia es un síntoma de miopía aguda que puede padecer la ciudadanía y la clase política en algún momento del tiempo.  

 

Patricio Peñailillo.

Publicado: 18/07/2010

 

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