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Periodista. Columnista Diario El Sur de Concepción y El Clarín Chile.
Las ganas que debe tener Pepe Basualdo de encontrarse con Colo Colo en los play offs deben ser infinitas… A esta altura, cuando recién pasó el superclásico, el ánimo de revancha debe estar tan presente como la voluntad de haberse quedado callado en su momento. No antes, ni durante. Sino después del partido.
Vamos por parte. ¿Gran ganador? Pretender que Tocalli saca cuentas infinitamente felices es bien iluso. Más allá de que algún hincha olvidadizo y de nulo raciocinio ahora lo encuentre ídolo cuando hace siete días lo quería subir al avión. El entrenador albo dejó la cuerda algo más holgada, pero sigue con ella atada al cuello. Y el plantel todavía arriesga desmantelación si no entra en la liguilla final.
Por otra parte, en la vereda del frente, hubo uno que se complicó la existencia y se hizo una zancadilla solo. Es imposible obviar al gran perdedor del esperado duelo con gusto a bostezo; el “ruidoso” técnico azul. No por tener que comerse sus palabras previas, ni por la derrota misma ni mucho menos por ceder los puntos ante sus pares, los mismos con que antes barrió ante la prensa, con el viejo arte rioplatense de sacar el curriculum y los trapos al sol. Su pecado fue quitarle el pecho a las balas con el mismo ahínco que condimentó la refriega en la semana previa.
Basualdo apunta a la actitud y no sólo se equivoca. Se desliga flagrantemente de la responsabilidad que le cabe en la pésima performance del campeón vigente.
Inexplicablemente conservador y apostando a la desesperación de su rival, el DT planteó su escuadra de manera benevolente, perdonando el ímpetu de un equipo que apenas ganó algo en solidez defensiva, luego de estar en el suelo. Hasta allí, soportable. El autogol se lo marca aportillando a su equipo ante la prensa en las postrimerías de la jornada, cuestión que molestó a sus impávidos dirigidos. La sensación fue idéntica a enterarse por el diario. Y les pudo asegurar que al interior de las huestes azules molestó muchísimo.
Peor aún. El antecedente es inmediato y tiene tintes preocupantes. Durante el apertura, la “U” tuvo a un escuálido Colo Colo en las cuerdas y terminó noqueada ante la sorpresa de muchos. Ese día, su estratego de turno, Sergio Markarián, no encontró mejor excusa que avalar su falta de ambición en los desempeños individuales. Por más que terminó el semestre como campeón, el uruguayo perdió tal credibilidad en el vestuario que se marchó sin pena ni gloria y envuelto en otra polémica por retórica intrascendente reñida con la autocrítica.
A Basualdo lo avala una buena campaña internacional, la consolidación de algunas figuras y una solvencia futbolística innegable al mando de los universitarios. Pero el sábado se equivocó, desaprovechó la banca, falló la planificación y volcó la culpa en los jugadores. El primer indicio de enemistad con el camarín, la dirigencia y la hinchada. Cual grillo que mete ruido en la intemperie hasta que siente amenaza, Pepe debió “comerse el orgullo” por ceder un match que daba ganado. O en el peor de los casos, asumir sus errores y punto.
Eso sí, las lecciones son harto claras a esta altura de su paso por la banca azul. Si para hablar y comer pescado hay que tener mucho cuidado, para jugar y ganar un clásico hay que aplicarse más, confiarse menos y no ser tan básico.
Ricardo Pinto Neira.
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