El año escolar está diseñado con una cantidad de semanas de clases que permite abordar efectivamente los contenidos programados para cada nivel con la profundidad y espacio necesario para que asimilen dichos aprendizajes. Las movilizaciones actuales, que tienen paralizados a establecimientos educacionales están impactando en este proceso.
Pero además de sus efectos en los aprendizajes, se produce también un retraso en las rutinas propias del área psicosocial de los alumnos, que se desarrollan diariamente en el ámbito escolar en las distintas etapas de niños y adolescentes. Al realizar un análisis a largo plazo, se podría esperar un aprendizaje empírico respecto de los procesos sociales, cívicos y democráticos del país, con secuelas en la consolidación de destrezas y capacidades propias para el aprendizaje.
Comprimir el año implicaría necesariamente que los contenidos puedan ser recuperados, sin embargo, la labor docente debe tender al desarrollo de capacidades, donde la recuperación de las horas perdidas será fundamental en este proceso. Por ello, el trabajo que desarrolle una vez que las clases se reanuden será vital para que no se produzcan dichos déficit y puedan ser subsanados los espacios que hoy permanecen vacíos a la espera de una respuesta.
Paula Acuña M.
Publicado: 22/0/2011