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Académica Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño Universidad San Sebastián.
Durante los días posteriores al terremoto, se comió lo justo y lo necesario, se racionalizó el uso del automóvil, se privilegió el uso de nuestros pies y se desempolvaron las bicicletas guardadas. El agua también se cuidó, de tal forma que con dos litros bastaba para la higiene personal. Además, las redes sociales virtuales se reemplazaron por las reales y se conoció al vecino, su nombre, qué hacía y cómo era.
Las soluciones de emergencia para los equipamientos básicos como hospitales, escuelas y servicios han utilizado construcciones modulares, simples, económicas y fáciles de montar. Por ejemplo, la nueva escuela de caleta Tumbes se está construyendo a partir de módulos de madera prefabricados, que cuentan con aislamiento térmico y acústico y su montaje debe realizarse en menos de un mes. Aquí, la respuesta, lejos de ser algo provisorio y precario, se transformó en una solución eficiente, que abarca parámetros mínimos de confort interior y de cuidado de los recursos disponibles, tanto para su construcción como para el consumo energético de la futura escuela.
Se agradece, entonces, que en tiempos de crisis, las soluciones sean incluso mejores que las planificadas por meses, una lección importante que aprender acerca de la manera cómo encaramos los proyectos: ser cuidadosos en el uso de los recursos, respetuosos con los usuarios de nuestros proyectos y con la huella ecológica que dejamos como impronta.
Durante varios días, una parte de la comunidad se acercó a la base de una sociedad sustentable, con conciencia en el uso de los recursos y las energías y fuertes redes sociales, capaces de sostenerse en el tiempo. Sería ideal que esta base se acrecentara sin necesidad de tener que esperar otro 27-F.
Paulina Escobar Quintana.
Publicado: 19/04/2010