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Terremoto en Chile ¿La tierra que llora?
Loreto Ibáñez Fontan

Periodista y escritora. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

"LA NATURALEZA  NUNCA HACE NADA SIN MOTIVO"

(Aristóteles)

 

"EN LA NATURALEZA NO HAY RECOMPENSAS NI CASTIGOS, SOLO HAY CONSECUENCIAS"

(Horace A. Vachell)

 

Sé que nos duele a todos los chilenos, y sé que incluso el mundo ha solidarizado, pero a esta hora, en que escribo, el último reporte oficial indica que el terremoto que azotó a nuestro Chile querido, ya ha cobrado 708 víctimas fatales... eso sin contar que la realidad, aumentará la triste suma, pues siempre la muerte está presente cuando se habla de "desaparecidos".

 

Duele, pero creo que la palabra que nos une no es Dolor, sino Impotencia... las noticias muestran la catástrofe de la que muchos no hemos sido víctimas directas, y es entonces cuando nos preguntamos ¿qué hacer? ¿Cómo ayudar sin convertirnos en estorbos?

 

Es cierto. Chile es un país sísmico, pero, al menos yo, jamás vi tragedia alguna. Y lógicamente, en mi soberbia surgen miles de preguntas... todos los por qué me llevan a pensar con ira en las razones, pero luego la humildad me calma y me respondo del modo más ridículo que existe (quizás también el más sabio): No somos los humanos quienes debemos esperar respuesta; es la naturaleza quien habla mudamente, tal vez a modo de protesta...

 

¿Ley de Causa y Efecto? Es otra entonces mi pregunta, mucho más razonable y quieta. Sólo entonces una pequeña Epifanía me responde susurrando que la Madre Tierra no actúa por maldad, sino porque muchas veces, nosotros mismos olvidamos que -por nuestra escasa conciencia- le hemos quitado parte de su perfección y es entonces cuando las enfermedades que le provocamos, se hacen manifiestas.

 

He pensado en el calentamiento global, la contaminación y todo aquello de lo que somos, sin duda, responsables... sé que aquí recibiré críticas (y las recibo), pero ¿quién es entonces la única víctima ante desastres naturales como el que hoy nos afecta? Llora la madre tierra, y la humanidad sangra... no existe juicio posible, salvo entender que nada ocurre porque sí, aunque nos duela.

 

Más allá de buscar el modo de ayudar, he pensado en pedir perdón... Sufrimos nosotros, pero más sufre el planeta. Casi culpo al mismo Dios (que no sé si es macho o hembra), pero al final concluí que nada tiene que ver su mano, porque si fue El o Ella, quien nos dio como regalo este lugar que todos habitamos, no fue un regalo a secas... los regalos son símbolos de afecto, y si los cuidas, qué mejor modo de agradecerlos.

 

Pero nuevamente me rebelo... ¿por qué siempre los más desposeídos son los más afectados? Otra vez me embarga la ira.

 

Lo que denominamos “desastre natural” es uno de los posibles comportamientos que manifiestan la materia y la energía en nuestro planeta. Se trata de un conjunto variado de eventos que impactan sobre los ambientes y las sociedades con diferentes consecuencias.

 

Las definiciones de desastre natural tradicionales surgen en décadas recientes dentro de los círculos encargados de la investigación científica y de la gestión durante la emergencia y la reconstrucción. En los 1990, Naciones Unidas se propuso impulsar la mitigación de los daños y hacer que las sociedades fuesen, consecuentemente, menos vulnerables a los impactos negativos de los eventos naturales. Esta institución llamó a concentrar los esfuerzos en la reducción de la vulnerabilidad. Conocida por su sigla en inglés como IDNDR – International Decade for Natural Disaster Reduction __ se avanzó con definiciones donde se sostenía la asociación de “desastre” con “vulnerabilidad”, haciendo prevalecer a la variable económica.

Como parte de esa lógica, los pobres se encontraban imposibilitados del acceso a bienes esenciales tales como una vivienda de construcción segura a su vez localizada en un sitio seguro. En pocas palabras, los pobres eran las principales víctimas del desastre natural por su necesidad de instalarse de cualquier manera y en cualquier lado. Esta definición acuñó una frase célebre para caracterizar al comportamiento de los pobres urbanos:

 

"LA NECESIDAD SE VUELVE NECEDAD".

 

Leía a José Martí cuando ya casi renuncio...

 

“ÚNANSE LOS HOMBRES PARA SOCORRER A LOS HOMBRES; NO SE HA AHOGADO LA VOZ COMUN EN EL SER HUMANO"

 (José Martí)

 

Y mi cuestionamiento ya no fue sobre Dios o la Naturaleza, fue sobre nosotros: los chilenos... sé que todos estamos sufriendo, pero si alguien es capaz de explicarme por qué cuando nuestro hermano Haití, enfrentó tragedia similar (no desmerezco aquí que Haití sufre a diario también por la miseria que le ha tocado), todos hicimos causa común, minutos de silencio en el caber espacio, publicamos cuentas bancarias para aportar ayuda, y hoy, que a nosotros nos toca, no encuentro nada más que "noticias", tan vanas que no hacen llamado alguno a la solidaridad de un pueblo como el nuestro.

 

Vuelve entonces el pecado capital que hoy confieso... (Nada me importarán los comentarios brutales que mi confesión desencadené), pero ¿será que los chilenos sólo queremos demostrar al mundo una solidaridad que entre nosotros mismos no tenemos?

 

Me hundo. Nada más puedo hacer... sé que la Cruz Roja de Chile, en su sede de Santiago, de calle Seminario está recibiendo aportes en ropa, medicamentos y comida... pero no he escuchado llamado alguno a los estudiantes y ONGs que siempre esan presentes.

 

 

Recordé una canción, la única que habla sobre los terremotos en Chile: "Y sin embargo se mueve", de Fernando Ubiergo... seguro casi nadie la conoce. Me permití rabia incluso ante mi propia existencia.

 

Por suerte he tenido sabios maestros, y hoy leí al periodista Andrés Rojo:

 

"Para quien intente conocer Chile y comprender a los chilenos, resulta esencial entender que este es un país sísmico.   Desde que existen mediciones objetivas una parte importante de los principales terremotos en el planeta han ocurrido en Chile". 

 

 Y claro,  este país se vive con la amenaza de que, en cualquier momento, todo se venga abajo.  Vivir bajo esas condiciones produce varios efectos en la idiosincrasia.

 

 Primero, el fatalismo, un fatalismo combinado con un sentido del humor negro para esperar siempre lo peor, sabiendo además que no se trata de un temor sino de una certeza.

 

Segundo, estar dispuestos a empezar de nuevo, con un optimismo a prueba de balas. Agregando mayores medidas de seguridad, se vuelve a construir de nuevo donde mismo o en el valle contiguo, y nadie se va del país porque el suelo se mueva de vez en cuando.

 

 Luego, hay que consignar la solidaridad.   Es habitual que se ponga en duda la existencia de este valor, en especial cuando pasa mucho tiempo sin que se ponga en práctica, pero basta el reacomodo de los elementos para que toda la gente entienda que cada uno por separado no puede volver a levantar su casa y ello lleva a que la recuperación sea una tarea asumida por el conjunto de la sociedad.

 

El terremoto reciente, sin embargo, es el primero que sorprende al país en un momento de particular individualismo y representa en sí un desafío entre la tradicional solidaridad y la novedosa tendencia al aislamiento social.

 

Cuarto, la modestia, que también choca con el exitismo  de los últimos años.  Un país en el que las casas se vienen al suelo no es un país en el que sea posible hacer planes de largo plazo.  La precariedad es una regla permanente que no puede ser dejada de lado y marca el carácter nacional.

 

Por último, todo lo anterior conduce al realismo.   Es absurdo construir palacetes que pueden derrumbarse en un sismo, y los que se intentaron en el pasado hace tiempo ya que se diluyeron como escombros.

 

A pesar de que se adopten todas las medidas preventivas, estas se diseñan -y no puede ser de otra forma- como probabilidades de defensa frente a la fuerza de la naturaleza.   Es inviable económicamente construir viviendas que puedan resistir cualquier desastre.  La reparación y la reposición son más baratas que la seguridad absoluta, pero eso significa asumir que el ser humano no puede dominar la naturaleza.

 

¿La única lección? Somos un país que está siempre por construirse; que está hecho a medias; que depende más de la voluntad de sus habitantes que de sus riquezas naturales o de la especulación de la globalización. 

 

¡¡Qué desorden tan triste el nuestro!!! ¡¡Qué distorsionados estamos!!!, no por los derrumbes, sino por la falta de criterio. Y claro, una cosa es pretender mostrar una careta hacia el resto del mundo, y otra es actuar como si nada, frente al televisor, aquellos que tuvimos la suerte de no sufrir más que un movimiento sísmico, que no nos produjo daños mayores, ni familiares afectados, y decir ¡Por Dios, qué terrible! Y eso, les juro, no sirve de nada.

 

Como bien nos recuerda Nicanor Parra: “CREEMOS SER PAIS Y LA VERDAD ES QUE SOMOS APENAS PAISAJE"

 

Loreto Ibáñez Fontan.

 

Publicado: 01/03/2010

Como bien dices, llora la madre tierra por el descuido que hemos tenido para con ella; por obviar su creciente deterioro, por la ingratitud que demostramos hacia su protección. Pero, como madre nuestra que es, llora también por decepción. Llora al darse cuenta de que hemos hecho caso omiso de todas sus enseñanzas a lo largo de nuestra historia, y con esto no sólo me refiero a la deficiente educación que tenemos en lo que respecta a qué hacer en caso de sismos o maremotos (asunto que debería estar más que claro en un país con las características del nuestro), sino además a la cultura de redención que nosotros mismos hemos forjado a lo largo de los años, quizás para fortalecer el antagonismo entre el período que ahora vivimos y el anterior al año ’90, que al escapársenos de las manos ha permitido sucesos tan terribles como los saqueos en supermercados, robos en las casas, torpeza en la agilidad y precisión del envío de ayuda a las zonas afectadas y recepción de ayuda del extranjero, negligencia en la toma de decisiones y a la hora de dar avisos de alarma, entre muchas otras consecuencias que se han desatado.

Por un lado, me entristece pensar que un desastre de tal magnitud sea necesario para que abramos nuestros ojos, aunque por otro, me enorgullece la inmensa solidaridad de la que hemos sido testigos estos últimos días.
Ojalá no nos volvamos a olvidar del orden.
Para alguien que vive en “W Cephei A”, que es una estrella hipergigante roja que se encuentra a una distancia de 3000 años luz de nuestro sistema solar y que es una de las estrellas más grandes conocidas (por nosotros) con un diámetro 2.200 veces mayor que nuestro sol, este pequeño problema que se produjo en las capas tectónicas de nuestra Tierra en un tramo de 350 kms. en la región del Maule, de nuestro querido Chile y que denominamos Catástrofe Nacional, Tsunami, Maremoto o Terremoto, no deja de ser un evento que proporcionalmente a nuestros mundos personales, corresponde a una variación imperceptible en los mundos microscópicos y es ni más ni menos que una minucia que ni siquiera es digna de ser observada.

Entonces cuando nosotros hablamos de culpables, de culpar a Dios, de impotencia, de ser o no ser un estorbo, de que la naturaleza protesta de este modo, de calentamiento global, de contaminación…………..no queda otra cosa que preguntarnos como es que debo enfocar este problema, para dar en el clavo, con algo realista, sin caer en descalificaciones personales o en calificar de culpables a quienes no tienen culpa ninguna.( y de que los hay, los hay, yo creo)

Así es el mundo en el que se desarrollan los acontecimientos, un mundo tremendamente relativo, donde nuestra “subjetividad”es apenas una representación ocasional de una divagación de un ser casi inexistente en nuestro universo. Un pensamiento ocasional

Pero yo siento que esto me conmociona internamente y que las víctimas aparentes o no, para mí son reales y sufren frente a mis ojos y eso es una verdad del porte de una Catedral, aunque en un universo distinto, tenga otras connotaciones.

Los culpables también existen, aunque en otra dimensión del problema sean nada más que partícipes o simples involucrados.

¿Quién podría acusar de criminal a una gaviota que observó el fenómeno acaecido recientemente y no hizo ni siquiera un gesto de rechazo?

Y puse intencionadamente este ejemplo, porque quiero dar una pista de cómo yo veo el problema.

Esa gaviota no hizo nada en relación a nuestros problemas como seres humanos, pero distinta hubiera sido la reacción de esa misma gaviota con respecto a sus congéneres. Las razas se defienden entre si, se avisan los peligros, hacen lo que aquí en Chile, en esta Catástrofe Nacional, alguien no hizo, alguien omitió. Y no digo que quien lo hizo, lo haya hecho intencionadamente, sino que en este aspecto específico está la verdadera falencia, según mi humilde punto de vista.
¿En que estábamos los Chilenos que nos ocurrió esto, sin que nuestras “antenitas” nos gritaran en nuestros oídos, que debíamos alertar a nuestros hermanos que venía este hecho inevitable? ¿Qué nos tenía la mente tan ocupada, que los alertas eran como campanas sordas? ¿A “quien” teníamos cuidando a los niños en ese paseo por el zoológico?
Esto podría haber evitado lo único que pudo haberse evitado y que son la gran cantidad de pérdidas de vidas humanas.

Todo lo otro me parece más cuestionable, como lo de que nosotros, como raza tengamos algo que ver en el permanente reacomodo de las capas interiores y exteriores de nuestra tierra. Como que pueda ser una forma velada de la naturaleza de comunicarse con nuestros abusos y excesos en cuanto al uso de nuestro habitat.
No creo que la madre Tierra llore, desde ese particular punto de vista. Más bien la humanidad es la que llora, como lloraría cualquier raza que se viera perjudicada por las inclemencias de la naturaleza.
En el sol se producen barbaridades cósmicas, si nos imaginamos que su ocurrencia es más cercana a nuestro planeta. La explosión de una supernova es una locura galáctica, si nos encontráramos a distancias mensurables psicológicamente.
¿Qué puede alterar a Dios o a la naturaleza……….………….?, quizás ¿una espera de 150 años en la creciente presión entre dos capas tectónicas? No lo creo.

Pero la gran interrogante, la gran pregunta que me queda sin respuesta es ¿Qué fue lo que sucedió, que esa alarma que debió activarse no vio la luz? ¿Quién cuidaba de nosotros, mientras participábamos de esa fiesta de disfraces? ¿Mientras unos se sacaban el disfraz y los otros se aprendían los libretos?

Y la respuesta la va a dar el tiempo, porque no fue por ignorancia y tampoco creo en las malas intenciones en este tipo de acontecimientos………… más bien es la falta de sueño, la que distorsiona la realidad en que vivimos.

Basilioverti
Valoro positivamente la reflexión que haces en torno a la "desgracia natural" que nos ha tocado vivir, y no puedo dejar de pensar cuanto nos alejamos de nuestra propia naturaleza como pais, como tierra y como seres humanos que somos, intentando extirpar, como si nos fuese ajeno, toda forma de dolor y asumiendo una supremacía por sobre los otros y los elementos, que situaciones como la sufrida el fin de semana nos devuelven a nuestro lugar de pertenecia: somos parte y no dueños. El terremoto y otras catastrofes trae consigo el reflotamiento de nuestros miedos atavicos, incertidumbre y angustia por una respuesta que al principio tarda en llegar y que genera caos del que nadie se hace responsable.
Con tristeza rabia e impotencia veo el bombardeo de imagenes televisadas que por momentos alimenta mas morbo que solidaridad, y con ello experimento la contradicción, y también la culpa, y convergen en mi mente la cita que has tomado de Nicanor Parra al final del articulo leido: “CREEMOS SER PAIS Y LA VERDAD ES QUE SOMOS APENAS PAISAJE" junto al poema de John Donne: "NINGUN HOMBRE ES UNA ISLA ENTERA POR SI MISMO.
CADA HOMBRE ES UNA PIEZA DEL CONTINENTE, UNA PARTE DEL TODO.
SI EL MAR SE LLEVARA UNA PORCION DE TIERRA, TODA EUROPA QUEDARÍA DISMUNIDA, COMO SI FUERA UN PROMONTORIO, O LA CASA DE UNO DE TUS AMIGOS O LA TUYA PROPIA. NINGUNA PERSONA ES UNA ISLA; LA MUERTE DE CUALQUER HOMBRE ME DISMINUYE PORQUE ESTOY LIGADO A LA HUMANIDAD; POR ESO NUNCA PREGUNTES POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS, DOBLAN POR TI".
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