• 01/noviembre/2014 • Internacional,Justicia
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Jaguar versus feminicidios

Ilka Oliva Corado
@ilkaolivacorado
cronicasdeunainquilina.wordpress.com
Escritora guatemalteca. Inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Típico de los guatemaltecos alharaqueros que pegan el grito en el cielo con su doble moral cuando la causa incita a exhibir –como en desfile de independencia, su parca identidad- su falsa conciencia, aprovechados del momento lloran lágrimas de cocodrilo y se dan sus golpes de pecho para no perder la costumbre y la tradición. -Como con el fiambre los capitalinos-. La noticia de la muerte de un jaguar en Petén, a causa de múltiples heridas de bala,   como resultado de la casería ilegal tan común en nuestro territorio, hizo que los guatemaltecos llenaran las redes sociales con sus notas de indignación y el debido pésame, agregado un tinte estrafalario en la denuncia.

Sí, duele. Es un ser viviente, duele que nuestro país se esté convirtiendo en un desierto, con la tala desmesurada, con la contaminación de los ríos y lagos, con nuestro aporte tirando basura en todos lados, con nuestro silencio cuando el gobierno vende las tierras que no le pertenecen, con la invasión extranjera que está acabando con nuestro ecosistema. Duele, claro que sí, porque nos quedaremos con la tierra erosionada y los deslaves. Porque un día no tan lejano a nuestros nietos les hablaremos del mito de unas montañas que existieron en Guatemala y que eran hermosas y que también existió fauna, pero que no hicimos nada por rescatarlas, en honor a nuestra mezquindad.

Hoy fue un jaguar pero han sido miles de animales de distintas especies los que se está llevando la casería ilegal. Cortan miles de árboles y no hay indignación que nos haga reaccionar. Para no ir tan lejos, nos duele un jaguar pero comemos carne, hay que ir a pararse a la entrada de un rastro para que la indignación nos destartale. Qué tal si hablamos de iguanas, saraguates, venados, loros, guacamayas. También pertenecen a la familia de la fauna pero, ¿por qué no nos indigna? ¿Qué tiene de distinto un jaguar a un jabalí? Es más, la carne de jabalí hasta la compramos como exótica. ¿No nos duele a caso ver a un animal enjaulado? ¿Qué tal si seríamos nosotros los encarcelados? ¿A los que nos llevaran al rastro? ¿Por qué no nos indigna la cantidad de perros abandonados en las calles, muriendo de frío y hambre? Hasta llamamos a una perrera para que se los lleven y los maten, para que sus míseros pellejos no desaliñen el paisaje.

Pero la muerte de un jaguar nos indigna. Pues también matan mujeres en la perversidad del feminicidio, ¿por qué eso no nos indigna? ¿Por qué no nos hace arder en cólera e ir plantarnos frente al Ministerio Público y exigir justicia? ¿Y a exigirle a este gobierno de ladrones que cumpla con su deber? ¿Por qué la muerte de un jaguar es más importante que la de una niña, adolescente o mujer? ¿Por qué no nos encoleriza la saña con la que las matan? ¿Cuándo las violan? ¿Por qué? ¿Acaso es más importante un jaguar que un ser humano? ¿No nos llena de indignación el 95% de impunidad en casos de feminicidio? ¿Las niñas embarazadas a causa de una violación? ¿Cuándo las obligan a casarse siendo apenas unas niñas?

¿Por qué no nos indignó al igual que la muerte de un jaguar el asesinato de una familia en Petén? La posterior muerte de la niña. ¿El asesinato de una familia en manos de paramilitares en San Juan Sacatepéquez?

Por qué no nos duele el robo de tierras, la forma en que este gobierno de saqueadores empobrece el país.

Los niños que son obligados a trabajar y no tienen oportunidad de ir a estudiar, ¿por qué no nos indigna esa cruda realidad? ¿Los niños que comen de los basureros? La familias que padecen el día a día en asentamientos en los que sus vidas peligran por los deslaves en invierno. Las muertes infantiles debido a la hambruna. La limpieza social con la que el gobierno está terminando con nuestros adolescentes. ¿Qué es lo que tiene que suceder para que los guatemaltecos nos indignemos? ¿La muerte de un jaguar? Sí, un animal hermoso pero, ¿vale más un jaguar que los niños que viven las calles? ¿Los miles de guatemaltecos obligados a emigrar sin documentos y a recorrer la ruta de la muerte?

La represión a las movilizaciones campesinas, la forma en que el Estado oprime las voces consecuentes. ¿Acaso no nos arde la cara con la burla de una pista de hielo para alegrar a los capitalinos en fechas navideñas y la hambruna durante todo el año que viven las zonas empobrecidas del país? ¿El tráfico de influencias? ¿La impunidad con la que se le falta el respeto a la Constitución de la República? Con la que se tramitan con acostón en motel las leyes y enmiendas que con un salivazo autorizan en el Congreso. No, no jodan. No me vengan a decir que de pronto tan sensibles y humanos con la muerte de un jaguar, cuando hay tanto sucediendo a nuestro alrededor y que necesita de nuestra capacidad de indignación y reacción. En eso como se trata de rajar ocote, nos hacemos las bestias. Pero no vaya a ser un clásico de fútbol español porque ahí sí, vivitos y coleando.

No hay que ser muy inteligente para saber por qué Guatemala no sale del agujero. Es responsabilidad de todos. Para mientras, lloremos la muerte de un jaguar y sigámonos quedando de brazos cruzados en espera que maten a otras miles de especies e ignoremos la violencia gubernamental con sello paramilitar que está acabando con las voces consecuentes, con nuestra semilla y con nuestra libertad. No os ahuevéis que cuando nos toque el turno a nosotros, y la violencia golpee a nuestra familia no nos alcanzará la vida para exigir justicia y nadie nos escuchará. Ahí vamos a saber lo que es bueno y a llorar el malaya.

No, el activismo feisbuquero no es suficiente, esto para los que se creen muy salsas pero a la mera hora de ir a poner el pecho, dicen que calladitos se ven más bonitos y se vuelven momias. Si le quedó el guante busque su par y no pelee conmigo, haga lo que le corresponde para ser parte del cambio.

Comparta el artículo con quien considere que tiene doble moral y anda llorando las tristes penas, de tres tristes tigres que comían trigo en un trigal.

Ilka Oliva Corado

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