• 04/junio/2013 •

Japón prefiere la audacia a la austeridad

<b>Ricardo Lagos</b><br>Presidente de la Fundación Democracia y Desarrollo. Ex Presidente de la República de Chile.

Ricardo Lagos
Presidente de la Fundación Democracia y Desarrollo. Ex Presidente de la República de Chile.

Nadie lo esperaba de Japón, pero la sorpresa vino de allá para sacudir, cual tsunami, la economía mundial. Los analistas internacionales y los medios de influencia global han puesto toda su atención en la agresiva política monetaria impulsada por el primer ministro Shinzo Abeal aplicar medidas de estímulo más allá de todo lo imaginado por la ortodoxia económica.

Lo más significativo ha sido proponerse doblar la masa monetaria en dos años, mientras el PBI registró un crecimiento del 3,5% en el primer trimestre de este 2013.

Por cierto, desde América latina debemos ver lo que está ocurriendo en el país nipón y hacernos también la pregunta que otros ya formulan: ¿será cierto que llegó la “Abenomía”, en un juego de palabras que une el apellido del líder japonés con las teorías económicas y que, por cierto, emerge como una contrapropuesta a las políticas de Angela Merkel?

Desde la década de los noventa vimos languidecer la economía japonesa. Los gigantes ya no eran; llegó la deflación y el crecimiento fue prácticamente nulo. Los primeros ministros pasaban sin dejar mayor huella. Esa realidad entró en una nueva fase con el retorno de Abe, quien fue primer ministro en el 2007, pero ahora vino dispuesto a cambiar la situación con audacia.

Ha regresado de la mano de Keynes, podría decir alguien al analizar sus medidas económicas.

De entrada decidió tener un gasto fuera de presupuesto de 10,3 trillones de yenes, cerca de 100 mil millones de dólares, para ejecutar un gran plan de infraestructura y poner a la economía nuevamente en expansión. El parlamento japonés acaba de aprobar un presupuesto para el año 2013 con un gasto enorme en obras públicas.

También removió al anterior presidente del Banco Central, siempre muy centrado en el correcto funcionamiento del mercado y la disciplina fiscal, y llamó a Haruhiko Kureda, hasta entonces presidente del Banco Asiático de Desarrollo, fuerte partidario del estímulo a la economía. Este llegó y puso en marcha una expansión monetaria, con la cual el yen pasó de 70 a 110 yenes por dólar en un período brevísimo de tiempo. Esto ha permitido una tremenda expansión de las exportaciones. Sony, por ejemplo, por primera vez desde 2007 pasa a tener utilidades.

A lo dicho, el primer ministro agrega un tercer elemento que también involucra audacia:desmantelar buena parte del proteccionismo industrial japonés, planteando que Japón debe abrir su economía e incorporarse al Trans-Pacific Partnership (TPP), un acuerdo regional (fuertemente impulsado por Estados Unidos) que obliga a rebajar aranceles aduaneros a los países miembros, tanto en la manufactura como en la agricultura.

Esas negociaciones van muy avanzadas, aunque aún no está claro si lograrán llegar a la firma de un acuerdo a fines de este año (Chile, México y Perú están allí). Lo que Japón busca al estar allí es que su economía entre en una nueva fase de dinamismo internacional. Para Abe –un nacionalista reconocido y duro– la fuerza de Japón pasa por su recuperación económica.

Hacer esto en un país con un nivel de deuda pública superior al 240% del producto (la deuda griega es muy inferior a la de Japón) habla de gran osadía.

Fue osadía, precisamente, lo que pidió también el presidente del Banco de la Reserva Federal de St. Louis, Estados Unidos, James Bullard, cuando visitó recientemente el Banco Central Europeo en el afán de acelerar la recuperación de Europa. Allí no se ha dado, pero atreverse a saltar los márgenes ha sido la actitud de Kureda, quien multiplicó por dos la oferta monetaria cambiando el enfoque del Banco Central japonés.

Esta política es única entre todos los países de economías avanzadas.

Mientras Europa se debate sin saber cómo salir de la crisis y todo apunta a que este año no crecerá, Estados Unidos va saliendo de la crisis aún tímidamente, pero sin atreverse a tomar las medidas que el primer ministro de Japón ha puesto en marcha.

¿Hay algunos resultados ya para poner sobre la mesa? Los hay: en el primer trimestre de este año la economía aparece en franca recuperación y acelerado crecimiento. La Bolsa japonesa ha aumentado más de un 50% el valor de las acciones desde que Abe asumió el poder.

Todos los indicadores entonces apuntan a una recuperación de Japón.

Tal vez es muy temprano para hablar de éxito, pero los primeros datos indican que Abe ha encontrado la fórmula para salir de la crisis y del marasmo sufrido por la economía japonesa durante dos décadas.

Este año se cumplen seis años desde que comenzó la gran crisis del 2007-2008 en el mundo occidental. En estos seis años Europa ha tenido una recesión más grave y más profunda de la que tuvo en 1929-1930, comparada con sus primeros seis años de recuperación de entonces. Esto explica el desencanto, primero, y la indignación después de esas crecientes huestes de desempleados, víctimas de una ortodoxia económica mal entendida.

Por cierto, como recuerdan algunos historiadores, Japón supo hacer las cosas bien en los años de la Gran Depresión, con Koreikiyo Takahashi dirigiendo el Ministerio de Finanzas entre 1931 y 1935, adoptando medidas que salvaron al país de la depresión mundial, cuestión que Ben Bernanke ha reconocido haber estudiado en profundidad.

Hoy, bajo los tiempos de la globalización, las interacciones son otras y los efectos más profundos. Por ello, al ver que una economía desarrollada como la japonesa toma decisiones claramente heterodoxas, el mundo se detiene para ver lo que allí ocurrirá y sus consecuencias.

Desde el sur del mundo, lo observamos con interés porque es un salto novedoso frente al inmovilismo y la carencia de audacia de las economías europeas.

La austeridad, como lo ha dicho un economista en un libro recientemente, es una mala idea que ha permeado las políticas fiscales y monetarias de Europa y Estados Unidos.

Nadie hubiera supuesto que la respuesta podía llegar de Japón. Ahora habrá que esperar sus efectos a futuro.

Ricardo Lagos

4 junio 2013

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