• 19/junio/2013 •

Kidzania y por qué mis hijos no volverán a ir

<b>Alejandra Peralta Ulloa</b><br>Diseñadora Grafica, socia de Tilt Diseño, me dedico a la museografia y al montaje de exposiciones principalmente. Me preocupa mucho la buena crianza de mis tres hijos. Escribo en zancada.com y en dienteleche.com<br>@cux

Alejandra Peralta Ulloa
Diseñadora Grafica, socia de Tilt Diseño, me dedico a la museografia y al montaje de exposiciones principalmente. Me preocupa mucho la buena crianza de mis tres hijos. Escribo en zancada.com y en dienteleche.com
@cux

El año pasado el prekinder de mi hijo propuso un paseo a Kidzania. Yo desde hacía tiempo venía averiguando de qué se trataba, cómo funcionaba y muy a la distancia no me parecía nada bueno. 49 mil metros cuadrados bajo tierra me parecían un escenario mucho mas ahogante, incluso que el apestoso encierro de un mall, y si ese espacio había sido pensado para los niños, sus creadores diferían bastante de mi idea de infancia recreativa.

Luego me enteré de las marcas. Los niños de entre 4 y 13 años tendrían en sus manos productos del tipo Lan, Canal 13, Jumbo, La Tercera, lo que alejaba más mis ganas  de que mi hijo “jugara” en este lugar, pero algunos de sus compañeros ya habían ido y les parecía el mejor panorama, y él también quería pertenecer a ese grupo. Estaba ansioso con la idea de conocerlo, incluso manejar los Kidzos (plata que se transa ahí dentro). Lo que nosotros menos queremos con nuestros hijos es que se sientan excluidos de su grupo más cercano, y sin muchas ganas cedimos.

Accedimos a que fuera. Nada grave pasó, pero no va a volver a ir. No le gustó. El tenía 5 años y encontró que no habían juegos, que nada de lo que ahí había parecía entretenido, que todo era como la realidad, se aburrió. Debo decir que nos asombró y alegró su reacción. Lo que él conoce como juego y entretención no era lo que había vivido en el subsuelo del parque Araucano. Este año, en kinder nuevamente van a ir. Mi hijo no.

No creo que él sea un niño tan especial, ni nuestra familia tan evolucionada. No creo que sea el único niño que encuentre este lugar poco acogedor y ajeno a él. A nuestros niños hay que escucharlos, y este lugar se instaló aquí -como en otros ocho países- sin pensar en ellos. Lo veo como un lugar que incita al consumismo y no desarrolla la imaginación, las actividades que pueden realizar se desarrollan en base a dinero, que se gana o se pierde según cómo lo administran -niños de entre 4 y 13 años, repito. ¿Por qué ellos debieran desenvolverse en un sistema económico de trabajo? ¿Por qué debieran lidiar con Falabella o Entel? ¿Por qué no lo inventaron al aire libre y con la “Amasadera del Lucho” y el “Taller de Origami” que tanto más cercano puede estar en la cabeza de un niño? Eso es no conocer nada el mecanismo mental de nuestros hijos y sólo pensar en los beneficios que puede traer a las marcas.

No sé bien qué hay detrás de todo esto. No tengo claro el real alcance y daño en los niños, pero sí sé lo importantes que pueden ser ellos en la toma de decisiones de los dueños grandes empresas, sobre qué marca funciona o cual no, sobre qué producto está siendo más valorado que otro y eso no me gusta si se hace sin previo consentimiento y menos invitando a niños a jugar. También sé que no quiero que mis hijos me pidan Coca Cola, que crean que la Pizza Hut es mejor que la que hacemos en casa, o que el Banco de Chile te da la plata para vivir.

Y estoy definitivamente convencida que disfrutar de un fin de semana en Kidzania no los hará mejores personas que es lo que yo, principalmente, quiero para ellos.

Alejandra Peralta Ulloa

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