• 29/julio/2016 •

La Autorregulación en la Gestión de las Empresas

<b>Mauricio Riesco Valdés</b><br>AbogadoDefensor del Asegurado

Mauricio Riesco Valdés
AbogadoDefensor del Asegurado

En los últimos años, ha ido tomando fuerza entre los gobiernos corporativos de las empresas, la necesidad de implementar mecanismos eficientes de Autorregulación, es decir, normas y procedimientos propios que sean garantía de un acentuado respeto y preocupación por los intereses de los consumidores y que aseguren, además, un manejo eficiente y responsable a sus accionistas. En nuestro país, sin perjuicio de algunos limitados aunque inexcusables casos de actuaciones engañosas por parte de ciertos actores económicos, se ha desarrollado una progresiva conciencia e interés de las empresas por la responsabilidad social que les cabe. En efecto, muchas corporaciones, sin esperar la intervención de la autoridad, se han preocupado de crear los canales adecuados que otorguen una información confiable y expedita, que aseguren a los consumidores una relación comercial equitativa, y que les provean una solución justa a sus requerimientos cuando ellos han creído ver ignorados o trasgredidos sus derechos.

La ley debe definir el marco regulatorio general, no obstante es necesario que éste no se exceda pretendiendo normarlo todo a riesgo de constreñir la iniciativa privada en el contexto de una sociedad libre como la nuestra. Indiscutiblemente hay muchas materias donde la ley no tiene cabida, donde las autoridades reguladoras y fiscalizadoras tampoco tienen competencia y por eso es necesario que cada empresa busque una coexistencia cercana y madura con el consumidor. De hecho, el concepto de la Autorregulación muchas veces alcanza a materias de índole ética, donde una acertada reflexión en la toma de decisiones debe resultar congruente con ciertos valores ineludibles en el desarrollo exitoso de cualquier emprendimiento.

También ha evolucionado la actitud de los consumidores para exigir una mayor transparencia en las operaciones comerciales que desarrollan las empresas; están conscientes de que en un mundo globalizado y altamente competitivo, existen las condiciones para buscar seguridades o garantías que los posicionen en un plano de mayor igualdad no solo frente a grandes corporaciones sino, también, ante cualquier entidad comercial. Ya no solo se trata, entonces, de demandar legislaciones y normativas adecuadas para proteger sus derechos; siendo éstas muy importantes, también se hace imperioso que los distintos mercados, sectores de la economía y empresas ofrezcan tranquilidad y confianza en la manera como ejercen su responsabilidad corporativa, eliminando cualquier sospecha de malas prácticas.

Por otra parte, la evolución tecnológica en el mundo ha permitido la existencia de nuevas formas de hacer negocios como la utilización de internet, de call centers, de agentes externos, el telemarketing, etc. donde la confianza debe posicionarse como un elemento sustancial en la relación comercial. En ese contexto, el mundo empresarial creo que está obligado a contribuir en el acrecentamiento de una verdadera cultura de la autorregulación que acredite una clara preocupación por los derechos de los consumidores y que soporte el escrutinio público. Ya es posible constatar en Chile algunos beneficios obtenidos mediante la aplicación de muchas medidas de autorregulación, pero podemos confiar, además, que muchos otros se irán consiguiendo con la aplicación cada vez más masiva de esquemas eficientes en esta materia como, por ejemplo, la disposición de organismos públicos a transparentar sus actividades y cuidar sus procedimientos, la mayor libertad del mercado en la solución de conflictos mediante mecanismos rápidos, económicos e imparciales e, incluso, la participación ciudadana en la generación de propuestas legislativas que promuevan la autorregulación.

Una clara y temprana muestra de ese espíritu lo ha dado la industria aseguradora con la creación del Consejo de Autorregulación de las Compañías de Seguros así como del Defensor del Asegurado, junto con la dictación del Compendio de Buenas Prácticas Corporativas. La exitosa experiencia en Chile de estas instituciones ha demostrado que la transparencia facilita el desarrollo económico justo entre las partes y colabora decididamente con la autoridad en su gestión fiscalizadora.

 

Mauricio Riesco Valdés
Abogado
Defensor del Asegurado

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