• 07/julio/2009 •

La centroderecha es capaz de gobernar

<b>Jacinto Gorosabel</b><br>Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Jacinto Gorosabel
Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Durante años la Concertación parecía ser la única coalición política capaz de darle a Chile gobernabilidad. Sin embargo, junto con el creciente declive electoral de este conglomerado, se han sucedido importantes renuncias de connotados dirigentes de los principales partidos de gobierno, los cuales hoy día son tanto o más críticos de la Concertación que la propia Alianza.

A estas divisiones internas se suma ahora la manifestación pública de las diferencias que separan a humanistas cristianos y laicos en materia doctrinaria, así como también las que distinguen a quienes son abiertos partidarios del mercado de aquellos que preconizan una mayor intervención del Estado en, por ejemplo, materia tributaria.

Las referidas diferencias de fondo cobran relevancia a la hora de definir un programa de gobierno, momento en el que Eduardo Frei deberá resolver cuál será en definitiva su ruta de vuelo en el caso de ser elegido Presidente. A diferencia de lo que ocurre en la Alianza donde han primado por sobre las diferencias partidarias, el apoyo a Piñera y un proyecto común de gobierno, hasta ahora la ciudadanía no sabe si Frei se inclinará por las propuestas del diputado DC Jorge Burgos o por la agenda liberal del senador Guido Girardi o por las proposiciones de Océanos Azules o si mantendrá su silencio sin zanjar el problema con la excusa que mientras sea candidato recibirá proposiciones que serán finalmente resueltas si es elegido Presidente. Esta incertidumbre programática se suma a la que genera los constantes conflictos internos de la Concertación cuya pérdida de mística y épica queda evidencia cuando, por ejemplo, sus propios líderes son capaces de insultarse en público. Este cuadro afecta la credibilidad que gozaba en el pasado la Concertación y pone en duda su otrora exclusiva capacidad de brindar gobernabilidad al país.

Por otra parte, la Alianza por Chile no es la misma coalición política de hace 20 años, así lo demostró la imprescindible gira de Sebastián Piñera por Europa, en la que fue recibido por importantes líderes del viejo continente, era imprescindible e inevitable. Imprescindible porque era necesario demostrarle a los chilenos que la Alianza no está aislada ni política ni ideológicamente de la centroderecha española, inglesa o francesa. Que, con algunos matices, existe un conjunto de ideas matrices, el respeto a la persona humana, a la libertad, a la democracia y a la propiedad, que comparten tanto Sarkozy, Cameron, Aznar como Piñera. Y, tal vez, lo más importante, que la valoración positiva o negativa acerca de Pinochet y el gobierno militar ya no es un factor definitorio ni gravitante para que la Alianza se relacione normalmente con el mundo en el presente y que tampoco lo será si ella es gobierno en el futuro.

Cada encuentro de Piñera en Europa sirvió para enterrar la consigna proclamada por la Concertación en cada elección presidencial que decía que la centroderecha chilena era un paria internacional, que por su apoyo pasado a Pinochet estaba inhabilitada para sostener relaciones internacionales exitosas en un eventual gobierno de la Alianza. Hoy Chile y el mundo saben que Piñera no es un pequeño Pinochet ni que su gobierno será la continuación del militar.

A pocos meses de la elección presidencial, será la ciudadanía la que a través de su voto expresará si está o no de acuerdo con este diagnóstico y si desea entregarle el poder por quinta vez a un gobierno concertacionista o si apuesta por el cambio encarnado por el proyecto encarnado por Sebastián Piñera.

Jacinto Gorosabel

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