• 01/julio/2009 •

La democracia y la exigencia de calidad

<b>Aldo Cassinelli</b><br>Administrador Público y académico de la Universidad Central.

Aldo Cassinelli
Administrador Público y académico de la Universidad Central.

Hace ya un tiempo que en América Latina estamos teniendo críticas a la democracia, aquella que ha surgido tras el proceso de los regímenes autoritarios de la década de los 70 y 80. La manera en que el presidente Chávez encabeza su gobierno y exporta su modelo, la desafección respecto de los partidos políticos, que se traduce en un alto nivel de rechazo a dichas instituciones y todo lo ligado a ellos, más la opinión en contra de los gobiernos, parlamentos e incluso el poder judicial -los tradicionales tres poderes del Estado-, son fenómenos que dan cuenta de esta situación compleja.

El golpe de Estado en Honduras no es más que la ratificación de una situación que se ha tornado insostenible y que requiere con urgencia que se intervenga y se modifiquen algunas prácticas que reflejan aquella gran desafección ciudadana.

La democracia, como mecanismo de representación, participación y control basado en un conjunto de reglas y normas que le dan sentido, coexiste con una latente insatisfacción respecto de su funcionamiento. Esto se puede constatar en las distintas críticas que se le formulan en el debate político, tales como la escasa capacidad que tiene para la resolución de los problemas que muestran los mecanismos democráticos de toma de decisiones. Un profundo formalismo que tiende a aumentar el distanciamiento existente entre representantes y representados, opacidad en las acciones de las instituciones políticas, asimetría en los recursos disponibles de los teóricamente iguales. Todos estos aspectos tienen directa relación con la marcha del sistema democrático.

Es reconocido que en el transcurso de las últimas décadas los países de la región han logrado, junto con reinstalar el modelo democrático, consolidar una serie de derechos sociales, civiles y políticos que le dan profundidad a este cambio y proyección en el tiempo. Sin embargo, también debemos reconocer desafíos pendientes que pueden, eventualmente, poner en riesgo lo avanzado hasta el momento, me refiero específicamente a los niveles de pobreza y desigualdad social, que pueden impactar directamente en la percepción de efectividad de la democracia o en el impacto que ésta tiene en la población de los países.

Quisiera introducir un elemento que nos parece vital para la correcta lectura de este comentario, cual es que la democracia transita entre su realidad y su ideal. En términos de Giovanni Sartori “ello porque la democracia es y no puede ser desligada de aquello que la democracia debiera ser”, ella sigue en constante evolución, siempre ampliando sus límites y tiende a ser tan dinámica como la sociedad lo requiera o permita. Esto puede ser el motivo de contar con una democracia que nunca llega, siempre está en deuda, siempre falta algo que hacer para su concreción, pero el camino por el cual se transita es relevante y ese es el camino democrático.

La negativa evaluación que la ciudadanía tiene sobre la actividad política y sus representantes debe llevar a trabajar el tema con una mirada crítica. Ese resulta ser un desafío concreto cuando nos referimos a la calidad de la democracia. Reforzando la necesidad de mejora que tienen las instituciones políticas debido al descrédito de hoy, lo que repercute en la dudosa capacidad de representación y en fenómenos como la democracia electoral, se tiende a pensar cómo es posible articular otras formas de participación ciudadana las que necesariamente no pasen por el filtro ni menos por la influencia de los partidos.

Es por todo lo anterior, que resulta interesante analizar el reciente proyecto de ley enviado por el gobierno y que contiene una propuesta de reforma a la Ley de Partidos. Entre los elementos más destacables incluye la realización de primarias para la selección de los candidatos a diferentes cargos de elección popular. Esto bajo la convicción de aumentar la participación efectiva de la ciudadanía, en una de las tareas más importantes y reconocidas de los partidos políticos, como es la designación de candidatos presidencial, al parlamento e incluso en los municipios.

Para el caso chileno, este no resulta ser un tema menor, si tomamos en consideración que una de las principales críticas que se le hace al sistema actual es la poca representación y conexión con la ciudadanía, especialmente a la hora de designar a los candidatos, y posiblemente sea uno de los motivos para que prácticamente el 40% de la población con capacidad de votar no esté inscrita o no concurra a ejercer su derecho.

Las primarias poseen algunas características que la hacen deseable en el actual escenario nacional, partiendo por señalar que esta es una instancia preelectoral en la cual los partidos designan a sus candidatos, además de lograr una mayor inclusión con la sociedad. Sin olvidar, la potencia que da al permitir la emergencia de temas nuevos y cercanos a las realidades de la población, rompiendo los debates empaquetados y guiados desde las cúpulas.

Existe también la posibilidad de lograr una mayor movilidad en las instancias de representación, ya que los candidatos desafiantes pueden tener la posibilidad de ser conocidos antes, frente a la presencia del candidato a reelección.

Por tanto, esta modificación legal va en el camino correcto a la hora de mejorar la calidad de la democracia actual y poner nuevos desafíos a los partidos políticos, para hacer más representativos y cercanos a sus electores, disminuyendo el poder de las clases dirigentes a favor de una ciudadanía más responsable y comprometida.

Aldo Cassinelli

Relacionados: