• 15/octubre/2009 •

La derecha entre la apertura y la homofobia

<b>Rolando Jiménez</b><br>Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

Rolando Jiménez
Rolando Jiménez es presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) y director de la Asociación Chilena de Organismos no Gubernamentales ACCION. Coordinador en Chile de la Red de Minorías Sexuales del Mercosur.

Resulta que ahora en Chile todos están a favor de las uniones civiles para homosexuales y heterosexuales, incluida una parte de la derecha política que en un hecho sorprendente hizo pública el pasado domingo una propuesta tendiente a regular el régimen patrimonial, de salud y herencias de todas las parejas.

El “documento de trabajo” es promovido por aquella derecha que quiere mostrar una cara más liberal, aún cuando entre sus gestores se encuentra uno de los personajes más homofóbicos del país, el senador Andrés Chadwick (UDI), y aún cuando en la defensa del mismo texto se aclara una y otra vez que no es sinónimo de matrimonio, por cuanto se defiende a la familia, todo en medio de violentas declaraciones homofóbicas de los diputados María Angélica Cristi (UDI), José Antonio Kast (UDI) y del presidente de RN, el concejal Carlos Larraín.

La paradoja es impresionante, repudiable, por cuanto los convivientes que no están casados, sean o no homosexuales, sí son familia. Su unión se construye a partir del amor y no de transacciones económicas o regímenes patrimoniales, que sin bien dan estabilidad al vínculo, no son la génesis, ni menos el desarrollo del mismo.

Esta contradicción no es un problema exclusivo de la Derecha. Claro que no. Pero por donde se mire la incoherencia es más profunda, pues la Derecha ni siquiera ha querido avanzar en una legislación que prevenga y sancione los severos atropellos padecidos por personas sólo en razón de su orientación sexual o identidad de género.

Es la misma Derecha cuyos dirigentes me han dicho que “las parejas homosexuales no constituimos familia” y es la misma que se burla al señalar, en palabras de la diputada Cristi, que los convivientes pueden regular sus problemas con el matrimonio y que sino contraen ese vínculo eso es solo por falta “de voluntad y compromiso”.

Pues bien, Cristi se olvida maquiavélicamente de que hay parejas, las homosexuales, que simplemente no pueden optar al matrimonio e, igual de reprochable, ve en todo tipo de unión ajena a esa institución como una falta de “compromiso y voluntad”, apreciación fundamentalista, discriminatoria y arrogante.

Conviene preguntarse ¿Cuáles son las máximas instancias que promueven el matrimonio sólo entre hombres y mujeres? Pues las Iglesias, y en Chile, especialmente la católica.

Pero resulta que la Iglesia se separó del Estado en 1925 y el matrimonio es una institución civil, por lo demás cada vez menos apreciada y querida por parejas heterosexuales que optan por otras formas de vida. Y ese es el punto, que pueden optar, mientras que los homosexuales no tienen otra alternativa que vivir en la indefensión jurídica y social, pues están inhabilitados por ley a contraer matrimonio.

Cuando parejas homosexuales demandan matrimonio no están pidiendo ser vistos ante los ojos de la Iglesia o de determinadas creencias religiosas en igualdad de condiciones, sino ser tratados con igualdad de oportunidades por el Estado y sus leyes, pues pagan los mismos impuestos y tienen los mismos deberes, no así similares derechos. La idea es que se pueda decidir en igualdad de condiciones: quienes quieran, se casan, quienes no optan por la unión civil o por ninguna regulación, sino quieren.

Trasladar las cosmovisiones religiosas al Estado y sus leyes es un atentado contra la laicidad que en Chile rige formalmente hace 84 años. En un atentado contra los principios de igualdad, pues las normas deben ser iguales para todos y todas, sin ciudadanos de segunda categoría y respetando la vida privada y las creencias religiosas o ideológicas de cada uno y una.

En otras palabras, sería miope no valorar el avance de una parte de la derecha a las uniones civiles, pues constituye un cambio gravitante para debatir con mejor pie los derechos de todas las personas. Igual de miope sería, empero, desconocer las profundas contradicciones que existen en esta transformación y que quedan a la luz con el tipo de argumentación dada para rechazar el matrimonio homosexual, siendo estos los análisis necesarios a la hora de definir a quien elegimos como nuestros representantes, a pasos de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias.

Rolando Jiménez

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