• 19/enero/2010 •

La derecha y sus credenciales para gobernar

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

La derecha finalmente lo logró. Tras más de cinco décadas sin obtener triunfos democráticos para acceder a La Moneda, el domingo 17 fue una verdadera fiesta para este sector, una reivindicación a su derecho de gobernar y el momento cúlmine para sacarse la mácula que portaba tras participar activamente del gobierno militar y ser cómplice por omisión de las violaciones a los derechos humanos que ese régimen cometió.

También fue la constatación de que el sistema político local, con todas sus imperfecciones, ha logrado una madurez abrumadora que ya se quisieran, incluso, países del primer mundo. La forma como se llevó adelante el proceso en ambas vueltas es un claro ejemplo de que al menos en esta materia hemos aprendido a hacer las cosas bien. La manera cómo la Concertación aceptó la derrota y cómo la oposición asumió el triunfo son claras garantías de la solidez institucional que se ha alcanzado.

En esto el oficialismo hizo una tremenda contribución, primero al pacificar los espíritus –durante el gobierno de Patricio Aylwin- y luego al consolidar -en el gobierno de Eduardo Frei-, un modelo económico que con sus bemoles, ha sido un instrumento de progreso económico y social indiscutible. Los traumas del pasado han quedado atrás y Chile parece estar preparado para asumir los desafíos que nos permitan convertirnos en una nación desarrollada.

Asimismo, la derecha creció en muchos aspectos durante los 20 años que le tocó ejercer su rol opositor, ya que a principios de los noventa, parte de ella siguió siendo la escudera del ex general Augusto Pinochet y su obra, adoptando posiciones duras e intransigentes que impidieron el natural proceso de consolidación institucional, oponiéndose a la democracia de los acuerdos y manteniendo parte de los amarres autoritarios surgidos durante la dictadura, pero que tuvo un giro excepcional a partir de 1999 con la irrupción de Joaquín Lavín y su proyecto de derecha popular.

Fue en ese instante que la derecha comprendió que la única forma de ganar la presidencia era divorciarse de ciertos prejuicios y tabúes que formaban parte de su ADN político y, que de paso, excluían a parte importante de la ciudadanía, que no se veía representada por un proyecto con severos rasgos conservadores y ajenos a los cambios y transformaciones que se estaban dando en el seno de la sociedad.

Al menos en esta campaña, Sebastián Piñera manifestó la clara intención de alejar a la derecha de los nudos atávicos que la caracterizaron, para dar forma a un conglomerado que se abre a los nuevos tiempos y que está en sintonía con los anhelos y necesidades que el país requiere. La clave está ahora en aterrizar dichas promesas en actos concretos que se traduzcan en políticas públicas eficaces, desarrolladas a través de una gestión eficiente y donde el énfasis se coloque en las libertades individuales, tanto en el plano económico como valórico.

Especialmente en este punto, el presidente electo deberá demostrar verdaderas credenciales de gobernabilidad, toda vez que en su base de apoyo aún existen sectores que pretenden levantar tutelajes sobre las conductas privadas de las personas, pero si hay algo que valoran los chilenos y que quedó en evidencia en estas elecciones, es su profundo respeto por los derechos y las libertades de las personas.

Precisamente, fue este anhelo el que encarnó adecuadamente Sebastián Piñera, cuya imagen de empresario exitoso que ha forjado su fortuna en torno a sus capacidades individuales, se proyectó en millones de ciudadanos que creen en la meritocracia y el trabajo como herramientas claves para surgir en la vida.

Ahora comienza la tarea más difícil para la Coalición por el Cambio: demostrar que después de tantos años alejados del poder central son capaces de encaminar al país por la senda del desarrollo material y humano.

Carlos Cuadrado S.

Publicado: 20/01/2010

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