• 07/julio/2010 •

La economía del divorcio

<b>Fernando Ruiz Astete</b><br>Académico de Derecho Civil Universidad San Sebastián.

Fernando Ruiz Astete
Académico de Derecho Civil Universidad San Sebastián.

La decisión de divorciarse es difícil y las personas suelen tomarla después de mucha meditación, generalmente confesando factores emocionales y morales, como “el fin del amor” o “lo difícil de la convivencia”. Sin embargo, otros aspectos pesan tanto como los anteriores, aunque no se les menciona tan abiertamente: los económicos.

Cuando la pareja en crisis contrajo matrimonio, muy probablemente no se detuvo a pensar en el régimen matrimonial que asumirían, ni en las consecuencias que esa elección podía traerles a futuro.

Según estadísticas del Registro Civil, alrededor del 60% de los matrimonios se contraen con el régimen de Sociedad Conyugal que, a no dudarlo, es el más favorable para la mujer que no trabaja y se queda en casa cuidando de los hijos y el hogar común. Esta conveniencia se mantiene al cesar la convivencia de las parejas, pues –aunque el marido sigue administrando la sociedad conyugal– la ley le da a la mujer algunos poderes que la ayudan a proteger el patrimonio común, como por ejemplo la facultad de oponerse a la venta o arrendamiento de bienes raíces, pues el marido debe solicitar su consentimiento.

Además, la cónyuge puede pedir la declaración de bien familiar del inmueble que sirve de asiento a la familia, con lo que en la práctica impide que el marido pueda enajenar. Por otro lado, y a pesar del cese de la convivencia, ambos siguen siendo herederos, el uno del otro, por lo que la muerte antes del divorcio hará dueño al sobreviviente de un porcentaje importante de los bienes, sin importar el régimen patrimonial que tengan. Aparte, la cónyuge puede pedir judicialmente alimentos de su marido, mientras estén casados y no después de divorciados, manteniendo además los beneficios sociales, estatales o privados, que dependan de su calidad de casada.

Como puede observarse, son muchas las ventajas que obtiene el cónyuge con menos recursos económicos por mantener el matrimonio porque, aunque en general la ley no distingue por el sexo, será la mujer la que finalmente se vea beneficiada por ser este género mayoría al momento de quedarse en casa y no trabajar. Estas son buenas razones, entonces, para que la mujer de menores recursos económicos no le convenga solicitar el divorcio -un trámite visto como largo y costoso- y sí extender lo más posible el matrimonio.

Como puede verse, los factores económicos si son relevantes a la hora de tomar la decisión de pedir el divorcio, por lo que la plena conciencia de los derechos que se perderán puede hacer a muchas y muchos retroceder en ese camino.

Fernando Ruiz Astete.

Publicado: 07/07/2010

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