• 04/octubre/2009 •

La escultura-homenaje a Juan Pablo II

<b>Jacinto Gorosabel</b><br>Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

Jacinto Gorosabel
Ex Presidente Nacional de la Juventud UDI. Colaborador Comando Presidencial de Sebastián Pinera.

«Trágica lámpara de calle» (Léon Bloy), «esqueleto de atalaya» (Paul Verlaine), «esqueleto gigante falto de gracia» (Guy de Maupassant), estas citas son sólo parte de los duros juicios estéticos que condenaron la construcción de la torre Eiffel, la que estuvo a punto de ser demolida en 1900 a consecuencia de la presión ejercida por un grupo de 300 destacados artistas. También la pirámide del Louvre fue calificada como «adefesio» por no «dialogar» con su entorno y por sus enormes proporciones y parecidas críticas han debido enfrentar muchas de las obras de arte que rompieron con los esquemas tradicionales plásticos. Hoy es la estatua de Juan Pablo II la que provoca a los «comisarios del buen gusto» que quieren imponer al resto su particular criterio de belleza.

Algunos han afirmado que creer que «en materia de gustos, no hay nada escrito», es una forma de «relativismo extremo» estético y valórico. Siguiendo esa exagerada lógica, podría decirse que los detractores de la estatua representan un fundamentalismo estético, pues solo una elite intolerante sabría aquello que es bueno, bello y verdadero.

Otros han sugerido que la estatua de Juan Pablo II no sea levantada en la plaza del mismo nombre en Bellavista proponiendo que sea ubicada dentro de la Universidad San Sebastián. La como razón sería el tamaño de la escultura. Me parece que objetar una obra de arte sin siquiera haberla visto es un clásico ejemplo de prejuicio. No es posible juzgar el valor de una obra de arte, como una escultura, sin verla. Tan prejuicioso resulta apoyar la estatua de Juan Pablo II exclusivamente por representar al papa, como rechazarla sólo por su tamaño.

En materia artística, todas las opiniones son válidas, también lo son la de los vecinos de Recoleta, comuna donde se encuentra la plaza. Dudo que sus habitantes estén de acuerdo con la idea de «privatizar» la estatua poniéndola dentro de una Universidad en lugar de su plaza.

Para apreciar el valor estético de este homenaje al papa, se debe considerar que la plaza donde se ubicará será objeto de una profunda y cuidadosa transformación urbanística que contempla preservar la armonía entre ese espacio, la estatua y su entorno. Ojalá quienes piensan así pudieran conocer este proyecto y a apreciar personalmente y sin juicios preconcebidos la estatua de Juan Pablo II.

Por su parte, el sacerdote Felipe Berríos objeta este monumento diciendo que existen otras formas de honrar el legado del Papa y que la Iglesia Católica no aprobaría esta expresión . Es cierto, hay otras maneras, sin embargo el padre Berríos debe tener en cuenta que esta escultura es la manera que un grupo de admiradores del Pontífice han elegido para manifestar su gratitud a quien le debemos la paz entre Chile y Argentina. ¿Por qué debería ser censurada este particular modo de reconocimiento?.

Más allá de las apreciaciones personales, la nueva plaza en Recoleta es una manifestación fiel de nuestra sociedad actual, pues en ella se preservaran las memorias del poeta anarquista José Domingo Gómez Rojas y del papa Juan Pablo II, como un testimonio del Chile donde cabemos todos y nadie sobra.

Jacinto Gorosabel

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