• 10/febrero/2014 •

La mitad más uno

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
--
Pagina Web

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

​La definición de la democracia, más allá de todos los ideologismos y los modelos abstractos y académicos, es tan simple como que la mayoría manda. 50 % más uno es la regla que dirime las controversias y las distintas opciones en las que pueda estar imbuida una sociedad.

Últimamente ocurre que esta regla no parece acomodarles a algunos sectores, porque siempre es más sencillo presentarse como representantes del pueblo, de la ciudadanía, e interpretar -como el augur de la antigua Roma- lo que los dioses quieren. Sin embargo, eso es una distorsión de la realidad y una falta de respeto para la gente.

No es democracia que un grupo de gente, a fuerza de gritos y perseverancia, impongan sus visiones, lo que no quita legitimidad a estas.

No es democracia tampoco que algunos, recurriendo a la presión del dinero o la amenaza de las fuerza, determine lo que deben hacer los demás.

No es democracia que las instituciones, perfectamente respetables y legales, decidan lo que es correcto y lo incorrecto en las vidas de los demás.

Puede ser incómodo decirlo, pero la verdad y la ética no tienen nada que ver con la democracia. La democracia se refiere exclusivamente al gobierno de una comunidad determinada. No tiene vigencia en temas morales ni en el ámbito de la privacidad individual. La democracia es para resolver las diferencias que puedan existir en una sociedad -siempre circunscritas a asuntos de interés social- y desde ese punto de vista sigue teniendo validez la regla que determina que la voluntad de la mayoría es la que predomina.

Sin embargo, se falta a la ética y a la verdad cuando se trata de usar una falsa democracia en favor de intereses propios. Cuando se dice que “el pueblo quiere tal cosa” o cuando se recomienda hablar sólo sobre “lo que le interesa a la gente” y sólo se está planteando lo que un grupo espera, se daña la credibilidad de la democracia y se está usurpando la soberanía, que todos los autores clásicos reconocen que le pertenece única y exclusivamente a la gente.

Cuando se le da en el gusto a los que gritan más fuerte, lo que se desata es una competencia por gritar más fuerte que los otros y se deja de lado el valor de la argumentación. La ética, la moral y la verdad no pertenecen a la política y la democracia sólo se ejerce en el ámbito de esta. Quienes quieren que las verdades se definan por votación son los mismos que creen que la democracia es una herramienta, sin reconocer que su valor reside precisamente en estar sobre los intereses momentáneos de algunos grupos para poder servir a toda la sociedad.

Andrés Rojo Torrealba

Relacionados: