• 03/agosto/2009 •

La niña o niño que llevas dentro de ti: un recurso para amar a nuestros hijos

<b>Alejandra Santana López</b><br>
Docente Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

Alejandra Santana López
Docente Trabajo Social Universidad Andrés Bello.

A propósito del día del Niño e intentando reflexionar más allá del motivo de consumo que este evento genera. Es interesante detenerse a recordar y conectarse con nuestra propia infancia, con las experiencias de niños/as que tuvimos, en nuestros hogares, colegio o grupos de amigos.

La vida acelerada que llevamos, muchas veces nos da pocos espacios para recordar de manera detallada los momentos que más nos marcaron en nuestra niñez; algunos tristes y dolorosos y otros alegres o entretenidos, rodeados de las personas que han sido más significativas en nuestras vidas: mamá, papá, tía, abuelitos y otros que simplemente se preocupaban de nosotros.

Apelar a estos recuerdos puede ser tremendamente potenciador de un ejercicio sano y nutritivo de nuestra parentalidad, de la relación que vamos estableciendo con nuestros hijos y de la proyección que pueda tener ésta en el tiempo, pensando incluso, en la adolescencia y adultez de ellos. Si bien, los tiempos han cambiado, hay aspectos que se mantienen y que hoy siguen siendo cruciales para cualquier niño o niña: sentirse querido, amado, acompañado en sus actividades, reconocidos, que se es importante para otros, que se pertenece a un espacio único, que se vincula a otros y que esto es satisfactorio.

Nuestras vivencias de infancia, nos permiten ser más empáticos con los sentimientos de nuestros hijos, comprender de mejor manera sus miedos, temores e ilusiones. Aportándoles a sacar el mejor provecho de éstos, acogiéndolos y acompañándolos. Lo que, por lo demás es un gran mensaje para ellos, pues perciben que sus padres “están ahí con ellos”. Segurizándolos y contribuyendo a fortalecer la autoestima, ámbito de suma relevancia para su desarrollo actual y futuro.

Compartir con los hijos los episodios de nuestra niñez, por sí solo genera intimidad y cercanía con ellos, aportando a tener una imagen realista de sus padres. Ver que ellos también fueron niños y vivieron cosas similares a ellos. En definitiva es una temática que entre padres e hijos podría potenciar los vínculos, generando más confianza.

Nuestra experiencia de niñez, y particularmente nuestra propia vivencia como hijos, puede ser usada como modelo o antimodelo en la relación que día a día vamos construyendo con los hijos.

Alejandra Santana López.

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