• 13/noviembre/2019 •

La oferta mejora, pero la cocina aún apesta

<b>Jorge Gillies</b><br>Periodista y académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de la Comunicación Social, UTEM

Jorge Gillies
Periodista y académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de la Comunicación Social, UTEM

No de otra manera puede calificarse la reacción mayoritaria de la opinión pública –expresada sobre todo en redes sociales- ante la propuesta del gobierno de cambiar la Constitución a través de un “Congreso Constituyente”.

Si por una parte aparece como meritorio el hecho que el presidente de la República haya reconocido la necesidad de un cambio constitucional como consecuencia del estallido social que va para el mes de duración, la sola posibilidad de que dicho cambio sea implementado por el Congreso en funciones genera un decidido rechazo.

Es que la clase política en su conjunto parece no haber percibido aún a cabalidad la distancia que existe entre ella y la mayoría de la población. La famosa “cocina”, donde se resuelven temas cruciales para el país en beneficio de pocos actores políticos y económicos, aparece inevitablemente ante los ojos de la opinión pública.

Ahora bien, todo proceso constituyente necesita un orden y una agenda para ser llevado a cabo, no puede ser fruto de decisiones intempestivas y anárquicas. Por lo tanto se requiere de una convocatoria responsable por parte de actores políticos. El drama es que escasean aquellos que sean creíbles ante la población.

En ese sentido, resulta interesante y esperanzadora la convocatoria a plebiscitos no vinculantes –que incorporan la crisis constitucional- realizada por la Asociación de Municipalidades de Chile para comienzos de diciembre. Y ello es así por dos motivos: Primero, por tratarse de una iniciativa compartida por todos los sectores políticos; y, en segundo lugar, porque las autoridades municipales son de las pocas que gozan aún de respeto por su mayor cercanía con los problemas cotidianos de la gente.

Todo indica por tanto que la elaboración de una nueva carta constitucional deberá ser fruto de un cuerpo, llámese como se llame, elegido democráticamente por la ciudadanía y ojalá limitado a esa sola función. De la responsabilidad de todos los actores políticos, incluso aquellos cuestionados, y de nuevos liderazgos que habrán de surgir necesariamente dependerá que este proceso llegue a buen puerto y se logre por fin la tan ansiada paz social.

 

Jorge Gillies
Académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de Comunicación Social, UTEM.

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