• 07/julio/2015 •

La organización popular, la Copa América y algunas lecciones futboleras

<b>Alfredo Armando Repetto Saieg</b><br><b>teorianacionalypopular.blogspot.com.ar</b><br>Soy chileno y Licenciado en Ciencias Políticas. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, país del que guardo los mejores recuerdos. Me especialicé en Relaciones Internacionales y mayormente me interesan los procesos políticos de mi país en particular y de Latinoamérica en general. Tengo cuenta en Facebook y en FacePopular donde publico todos mis comentarios. He escrito 12 libros. Estos pueden descargarse desde mi blog donde también es posible leer los artículos que semanalmente publico. La dirección del mismo es: http://teorianacionalypopular.blogspot.com.ar/

Alfredo Armando Repetto Saieg
teorianacionalypopular.blogspot.com.ar
Soy chileno y Licenciado en Ciencias Políticas. Estudié en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, país del que guardo los mejores recuerdos. Me especialicé en Relaciones Internacionales y mayormente me interesan los procesos políticos de mi país en particular y de Latinoamérica en general. Tengo cuenta en Facebook y en FacePopular donde publico todos mis comentarios. He escrito 12 libros. Estos pueden descargarse desde mi blog donde también es posible leer los artículos que semanalmente publico. La dirección del mismo es: http://teorianacionalypopular.blogspot.com.ar/

La «democracia» chilena nos dice que nuestras demandas son un disparate. Pero, desde el movimiento popular hemos transformado de tal forma el país que cada vez somos más los que sabemos que esas reivindicaciones «disparatadas» son producto de intereses de clase, es decir, de la explotación que la élite ejerce sobre la mayoría, y por ende de la falta de derechos reales para todos. El duopolio no puede reconocerlo. Eso significaría suicidarse políticamente. El gobierno plantea otra estrategia, la de establecer prioridades para que la patronal conserve sus privilegios. La consigna «de las prioridades» se justifica por la desaceleración económica. En la práctica, lo anterior se traduce en cerrar filas contra los maestros y estudiantes, apostando por la caída del paro, buscando acuerdos con la burocracia sindical, etc.

Pero este hecho- el que los dominantes no estén dispuestos a perder sus privilegios sin batallar- nos reafirma que los sectores populares debemos enarbolar consignas y normas tácticas que nos conduzcan a una política autónoma, democrática e independiente, más allá de la lógica neoliberal. En este sentido, las huelgas y las manifestaciones representan una serie de prácticas complejas de la resistencia del pueblo, además refuerzan la solidaridad, desarrollan un estado de ánimo combativo y ello con una amplitud que no puede alcanzarse por ningún otro medio. La mejor escuela para consolidar la transformación (esa que nos educa en los métodos de la protesta) es la movilización: nos señala que nuestros problemas son comunes, nos ayuda a conocernos, a participar y a comprometernos.

Por lo mismo, la élite– con sus medios de comunicación, con sus cúpulas burocráticas y dirigentes- se lanzó en una cruzada para desmovilizarnos. Priorizar es la consigna de la «Nueva Mayoría». Dar gradualidad a las «reformas» es la manera de disimularlo. Hablar de las restricciones de la economía desacelerada es la justificación. Nuestra tarea es organizarnos políticamente a través del movimiento social para hacer de éste una opción y herramienta de combate con su correspondiente estrategia de poder alternativa a la neoliberal. Llegar a este nivel de conciencia es fenomenal, significa realizar una experiencia que casi no tiene precedentes: la de crear el partido, la alianza o aquel frente de unidad de la clase de los trabajadores en el marco del absolutismo brutalmente defendido por el duopolio. 

El mejor método para definir correctamente nuestro programa en la perspectiva de organizar políticamente el movimiento popular, es tomar ejemplos basados en la experiencia, en la historia que nos secunda y en el análisis de las fuerzas que intervienen en la lucha de clases, buscando siempre la mejor estrategia para conquistar el poder. Si en la Copa América le ganamos a Ecuador y al Perú con un rendimiento muy mediocre, si goleamos a Bolivia, si superaramos el juego sucio uruguayo con nuestra propia viveza criolla, si reaccionamos ante cada gol mejicano, si nos planteamos de igual a igual frente a Argentina y si finalmente logramos esta increíble gesta del deporte continental, ¿porqué no seríamos capaces de sostener el paro indefinido de los profesores o protagonizar el cambio a través de una Asamblea Constituyente Autoconvocada?

 

Alfredo Armando Repetto Saieg

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