• 20/julio/2010 •

La pobreza nuestra de cada día

<b>Felipe De Larraechea M.</b><br>Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Felipe De Larraechea M.
Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Las justificaciones esgrimidas por miembros de la otrora coalición gobernante para desmarcarse de los paupérrimos indicadores que recientemente nos entregó la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, Casen, comienzan a sonar ridículos. Y más que excusas parecen bofetadas al intelecto de la ciudadanía, golpe que acusamos casi igual de fuerte que los resultados mismos del estudio.

Pero también los números dados a conocer han sido un golpe infinitamente mayor a las aspiraciones de la propia Bachelet y de su séquito de colaboradores y asesores más cercanos que la alzaban como una futura candidata para volver a La Moneda en 2014. El “arma” cargada con argumentos para derribar la popularidad de la ex presidenta ya está en las oficinas de Palacio, pero a priori sería comunicacionalmente fatal involucrarse en una batalla que no sería más que retroceder en la manera de hacer política. La gente, más temprano que tarde, terminaría por sancionar ese camino.

Sobre las justificaciones escuchadas, llama la atención como la crisis financiera se transformó en la bandera argumental de quienes siguen tratando de fumar bajo el agua. La asiática de finales de la década del noventa fue más severa, tanto en caída de la actividad, como en el aumento del desempleo, que afectó principalmente a los sectores de menores ingresos. Ahora el impacto fue más acotado y no se tradujo en alzas significativas en la tasa de desocupación previa a la debacle. Por último, es ridículo justificar con 4 meses los 44 de medición (período 2006-2009), como lo hizo la ex ministra de Mideplan, Paula Quintana.

Lo esencialmente cierto es que el número de pobres en el país aumentó por primera vez en los últimos veinte años. Hoy son alrededor de 2,5 millones de chilenos los que viven bajo la línea de la pobreza, 350 mil más que antes de la última medición.

El análisis inevitablemente nos lleva a cuestionar casi de manera flagrante el discurso acuñado como bandera por la administración Bachelet, y que nos hablaba de políticas de protección social como la panacea resolutiva. El concepto de asistencialismo, acuñado por los intelectuales de izquierda definitivamente empieza eliminarse de los manuales.

Pero ese no debe ser el centro de nuestra atención.

Un punto ciertamente más importante tiene que ver con que el crecimiento económico y la variación de los índices de pobreza caminan de manera conjunta. El crecimiento está asociado a generación de empleo y aumento de los salarios reales, ambos efectos que inciden directamente en la superación de la pobreza. Entre 2006 y 2009, nuestro país mostró tasas de crecimiento inferiores a años anteriores. Igualmente, el desempleo aumentó en casi tres puntos, llegando a 8,7%. Bajo este escenario, realmente no debería sorprendernos el hecho de que desgraciadamente la pobreza se haya incrementado.

Ahora, analizando con frialdad y perspectiva política, dichos resultados representan una notable oportunidad para Sebastián Piñera de recalcar – y realizar – al país con hechos concretos su discurso de futuro e impecable gestión. La coyuntura de esta situación es la ocasión perfecta para revisar en detalle todos los programas gubernamentales relacionados – Chile Solidario incluido -, pues muchos de ellos no cuentan con sistemas de medición de sus resultados bien diseñados, lo que impide su evaluación, y una comparación de su efecto frente a programas alternativos, y demostrar que sus repetidos conceptos de campaña no se quedarán en promesas incumplidas y olvidadas tras el fragor de la contienda electoral.

La dolorosa y cruda realidad es una, y nos habla de que hay compatriotas que viven en condiciones de precariedad que muy lejos se encuentran de los discursos políticos de turno y excusas públicas del momento. No olvidemos que se trata de personas que intentan vivir con 150 mil pesos mensuales, no de de simples votos o partidos políticos.


Felipe De Larraechea M.

Publicado: 20/07/2010

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