• 06/julio/2020 •

La “Primavera Latinoamericana” post pandemia y sus efectos en la democracia.

<b>Diego Durán Toledo</b><br>Administrador Público, Magíster en Gobierno y Gerencia Pública. Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chile.

Diego Durán Toledo
Administrador Público, Magíster en Gobierno y Gerencia Pública. Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chile.

Una cantidad considerable de países latinoamericanos, se han visto envueltos desde los últimos meses del año 2019 y hasta marzo de 2020, en procesos masivos de movilización ciudadana, los cuales abarcaban desde demandas relacionadas con la implementación de reformas en materias sociales, las acusaciones de corrupción, quejas ante la desigualdad y/o pobreza, y en los casos más extremos, la solicitud de destitución de las máximas autoridades a nivel nacional, afectando a gobiernos de los más variados signos políticos. 

Ante este escenario, más de algún autor especialista conflictos sociales ha bautizado a este fenómeno como la “Primavera Latinoamericana” comparando el mismo, con los procesos políticos vividos en nuestro continente durante los años 60 y 70 del siglo pasado.

Cabe señalar que dicho proceso de movilización ascendente en la gran mayoría de los países al sur del río Bravo, desde el mes de marzo del presente año, se ha visto interrumpido debido a la emergencia sanitaria mundial del COVID-19, la cual si bien efectivamente ha generado una desmovilización en las calles debido a las medidas implementadas por las distintas autoridades, por otra parte, a raíz de los gravísimos efectos de la pandemia ha agudizado una serie de problemáticas sociales que fueron la base de esta “Primavera Latinoamericana”. 

Las deficiencias de nuestros sistemas de salud públicos, los cuales han colapsados y no han dado el ancho para poder atender a un creciente número de contagiados de coronavirus, la desigualdad en el acceso a las telecomunicaciones por parte de vastos sectores de la población y los efectos catastróficos en los sectores populares en relación al incremento de la cesantía, lo cual ha puesto en evidencia también el alto grado de dependencia de nuestra fuerza laboral a los empleos precarizados y/o informales, son algunos ejemplos de las consecuencia de la pandemia por estas latitudes. 

Lo anterior, se suma al cuestionado manejo político que se ha efectuado en relación a la pandemia por parte de gobiernos de la región, tales como los casos de Ecuador, Brasil, México y Chile (solo por citar a algunos), que ha desembocado no solamente en críticas sostenidas a las gestiones por parte de estos gobiernos en el manejo de la crisis, sino que en algunos casos ha tenido como respuesta, una rearticulación en la acción por parte de algunos sectores de la ciudadanía que desafiando no solo los estados de excepcionalidad vigentes en gran parte de nuestro continente en este minuto, sino que también las recomendaciones salud pública e inclusive poniendo en riesgo su propia vida, se han comenzado a movilizar retomando las demandas que motivaron las protestas masivas a finales de 2019. 

Cabe señalar que la pandemia, ha sido y probablemente será en la medida que se extienda cada día más la situación que afecta a nuestras naciones, un elemento que intensificará el carácter y nivel de movilización de la ciudadanía en este despertar latinoamericano. 

En base a lo anterior, y haciendo un paralelo entre este proceso de movilización vigente y la gran “Primavera Latinoamericana” de los años 60 y 70 del siglo XX, es necesario que nos preguntemos sobre el impacto de estas manifestaciones populares en la subsistencia del sistema democrático en la región.

Desde 1990, la gran mayoría de los países de América Latina recobró la democracia y si bien han enfrentado con sus diferencias en intensidad y recurrencia, conflictos de distinta índole, hasta el 2019 no se había visto un fenómeno de protesta social que afectara a la par y transversalmente a un número importante de naciones.

Esto hace preguntarnos si esta situación , cuyas causas se han agudizado debido a la gestión de los gobiernos a raíz la crisis sanitaria mundial y que ha golpeado con especial dureza a la región, finalizará de la misma manera que lo acaecido hace más de cuatro décadas atrás en esta parte del mundo, o sea en un proceso de debilitamiento político institucional y descomposición orgánica de sus distintas estructuras, que precipite la llegada al poder de gobiernos que se hagan con el mismo mediante la vía armada o la generación de administraciones electas democráticamente pero en un constante conflicto social, donde la violencia política y/o violación de los derechos humanos sean hechos recurrentes y que cuenten con un descrédito constante por parte de la ciudadanía.

Respecto a lo anterior, es menester indicar que actualmente no existen las condiciones políticas que precipitaron al clima que propició la fractura democrática o la confrontación armada, los grupos paramilitares han desaparecido en gran parte de la región como estructuras de combate regulares, mientras que por otra parte las principales potencias con un amplio historial de intervención directa o indirecta sobre América Latina hoy en día centran su interés en otras zonas geopolíticamente estratégicas y/o inclusive están inmersos en sus propias crisis sociales y políticas a raíz de temas como el COVID-19 o problemáticas estructurales que han reflotado en el último tiempo, tal como es la situación racial en los Estados Unidos. 

 A su vez, existe una tendencia por parte de los distintos sectores políticos, a la preservación del régimen democrático y al diálogo como una forma de acuerdo, sin perjuicio de la existencia de experiencias excepcionales en la región como serían Honduras y Venezuela, por señalar dos casos antagónicos desde el punto de vista ideológico. 

En este sentido, estas protestas también pueden decantar en el fortalecimiento de las instituciones democráticas, pero no en base a una respuesta del centro de gobierno o los actores formales de representación tradicional, sino que desde la propia ciudadanía, que desde el inicio de este proceso de manifestación social (el cual inclusive se ha visto en algunos casos incrementados a raíz de la pandemia), como una forma de subsanar las deficiencias en la atención de necesidades básicas por parte del Estado hacia sus conciudadanos, ha generado algunas estructuras organizativas paralelas y levantado un discurso político de necesidad de participación en la gestión pública.

En este contexto, este deseo de una parte de la población de ser actores relevantes en temáticas de gestión pública, puede generar un proceso virtuoso para la democracia, en base a la revitalización del interés de las personas en la construcción y militancia en organizaciones políticas y la generación de una preocupación de Estado por el fortalecimiento de la participación ciudadana como motor principal de su acción, lo cual a la postre son pilares importantes del Estado democrático del siglo XXI. Cabe destacar, que estos procesos de participación de las personas en el devenir institucional han podido desarrollarse a nivel de gobiernos locales en America Latina, pero es necesario extrapolar estas experiencias a nivel nacional para evaluar los resultados de estas a gran escala. 

En síntesis, esta “Primavera Latinoamericana” cuyas demandas principalmente de carácter social, se han visto acentuadas a raíz de la pandemia, tienen a juicio de este autor, dos grandes posibles efectos en relación a nuestros sistemas democráticos: El debilitamiento político institucional que produzca el surgimiento de caudillismos y creciente polarización política o el fortalecimiento de la democracia en base a la participación de las organizaciones de base en su gestión, lo cual descomprimiría la “olla a presión” a la cual se enfrentan no solo los gobiernos de la región, sino que también nuestros sistemas de gobierno. 

Dependerá de todos los actores políticos, sociales y económicos, de carácter institucional o extra institucionales, hacer eco de este proceso de movilización sin retorno, ya que en él se pone en juego nuestro devenir democrático en América Latina. 

Diego Durán Toledo
Administrador Público, Magíster en Gobierno y Gerencia Pública. Académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chile.

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