• 28/abril/2013 •

La Responsabilidad Republicana

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Lo ocurrido con el Instituto Nacional de Estadísticas no sólo es grave porque se ha dado información incompleta sobre todo el país, adulterando los antecedentes que se requieren para planificar los programas sociales ni porque su director haya intentado ocultar su ineficiencia, sino, sobre todo las cosas, porque se pone en duda el prestigio de una de las instituciones que más respeto generaba entre los chilenos.

Si al escándalo desatado por la ligereza con que se realizó y se analizaron los datos del censo del 2012 se suman los crecientes cuestionamientos respecto al cálculo de la inflación, ya se termina por poner al borde del fracaso toda la seriedad que aportó el INE durante décadas-

Una cosa es el error o el abuso político, pero en lo que siempre hubo coincidencia entre los gobiernos de todos los signos ideológicos era que determinadas instituciones debían ser eficientes y no se podían prestar a malabarismos exclusivamente destinados a demostrar una capacidad técnica que resultó ser irreal.

Ya se había causado un fuerte daño a la credibilidad de las instituciones cuando el Servicio de Impuestos Internos condonó una deuda millonaria a una empresa vinculada con el director de este organismo.   Igual que en el caso del INE, no se requiere que un hecho sea delito para que cause un deterioro de las instituciones.

Es curioso que estas situaciones se produzcan bajo un gobierno que se caracteriza por su apego al orden y que probablemente tiene a Diego Portales como emblema de la probidad de la autoridad, el mismo que dijo alguna vez “¡Desgraciado país!, se ha perdido cuanto se ha trabajado por su mejoramiento.”

Las instituciones hay que cuidarlas con extremo celo porque una vez manchada su reputación cuesta muchísimo tiempo volver a recuperar su prestigio, y eso implica una responsabilidad mucho mayor con el país que hacer todo lo posible para conservar o conquistar el poder político.

Se debe entender que los países son más que la suma de sus habitantes porque conforman una entidad por sí mismos.  La república es la forma en que se organizan los países y tiene existencia por sí misma, pero depende de lo que hagan con ella las personas que conforman la comunidad.   Se puede discutir mucho de una cosa y de otra, pero la base de la sociedad es que las instituciones funcionen y responden a las necesidades de la gente.  Si no se cumple con ese propósito, todo el tejido social queda expuesto al riesgo.

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