• 22/abril/2010 •

La Tierra Cambia

<b>Wilson Cardona</b><br>
Fac. Ecología y Recursos Naturales Universidad Andrés Bello.

Wilson Cardona
Fac. Ecología y Recursos Naturales Universidad Andrés Bello.

Para nadie es desconocido que necesitamos del agua para preservar la vida, pero la vida misma de cada uno de nosotros requiere que tengamos los pies bien puestos sobre la Tierra. La Tierra nos hace notar que, por su dinámica, los pies no siempre se pueden mantener sobre ella. Se sacude, nos hace perder el equilibrio, caemos, le tememos y con esto nos percatamos de lo terrestres que somos.

Esta “dinámica terrestre”, producida por sismos generados en los ajustes de las placas continentales y erupciones volcánicas, nos muestra, con deterioro material, los cambios que la Tierra sufre de forma natural en su estructura, y que si bien no estamos aún en capacidad de predecir, sí podemos al menos preveer y actuar en concordancia con la llegada de estas manifestaciones. Algunas medidas que se me ocurre mencionar son construir a una distancia prudencial de volcanes (activos o inactivos) y costas marinas; edificar en alturas adecuadas respecto del nivel del mar, en las cuales los efectos de las olas de un maremoto no comprometan la integridad humana y en escala menor a los bienes materiales de los asentamientos humanos; controlar las emisiones de gases nocivos para el clima terrestre (bióxido de carbono, óxidos de nitrógeno, vapor de agua, etc.), los que se suman al cambio que sufre el eje terrestre en cada sismo de elevada intensidad y que si bien acortan el día en millonésimas de segundos casi imperceptibles para nosotros, aceleran el efecto del clima sobre la calidad de suelos y uso de los mismos para producir alimentos, establecer comunidades, entre otros.

Por cierto que en nuestras casas, las que aseguramos con bases sólidas en esta Tierra cambiante, tenemos la principal herramienta para ajustarnos al cambio en pos del mejoramiento: la educación de nuestros hijos en respeto y armonía con la Tierra, enseñarles a no botar basura en los suelos, no hacer quemas de materiales innecesarios, preservar pastos, arbustos y árboles ya que ellos son indicadores de la calidad de los suelos, ahorrar agua, reducir el consumo de energía o bien usar aquella que provenga de fuentes renovables, y ante todo, enseñémosles a ver y a sentir la belleza de una Tierra limpia y de vivos colores, con aguas claras y útiles para nuestra salud y bienestar, y un aire lleno de oxígeno y libre de contaminantes. Eso sí, no en una foto o dibujo alguno, sino en la realidad total que sus sentidos le ofrezcan, en los alrededores de la casa, la plaza de mi barrio, un parque de mi ciudad, porque si esto no podemos hacerlo ahora, es porque ya es muy tarde para adecuarnos a los cambios. Feliz Día de la Tierra.

Wilson Cardona Villada.

Publicado: 22/04/2010

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